El perdón: ¿una medicina para el alma o una trampa emocional?

El Periódico de la Psicología. 19.09.2023. Barcelona. info@elperiodicodelapsicologia.info. Teléfono: +34 675763503

Perdonar. Pedir perdón. Ser perdonado. Palabras que llevan consigo siglos de peso espiritual, moral y emocional.

En el lenguaje cotidiano, el perdón suele presentarse como una virtud: algo noble, loable, liberador.
Pero, ¿es siempre así? ¿Realmente perdonar es sanar? ¿O a veces puede ser una forma de negar el dolor o someterse al abuso?
La psicología contemporánea, así como las tradiciones espirituales y los enfoques terapéuticos más humanos, nos invitan a mirar el perdón no como un mandato, sino como una posibilidad consciente, profunda y liberadora, cuando surge desde el alma y no desde la obligación.

¿Qué dice la psicología sobre el perdón?
Numerosos estudios han mostrado que el acto de perdonar puede tener efectos positivos reales sobre la salud mental y física. Por ejemplo:
Disminuye los niveles de estrés, ansiedad y depresión.
Reduce la presión arterial y mejora la salud cardiovascular.
Fortalece el sistema inmunológico.
Aumenta la sensación de paz interior, autoestima y bienestar.

El perdón, en este sentido, no es tanto un acto hacia el otro, sino una liberación para uno mismo.
Como dijo el psiquiatra Gerald Jampolsky: “El perdón es dejar de esperar un pasado mejor”.

Pero… ¿perdonar siempre es sano?
Aquí viene la parte que muchas veces se omite: el perdón forzado, prematuro o exigido puede ser dañino. En contextos de violencia, abuso o relaciones tóxicas, perdonar sin haber procesado el daño puede convertirse en una forma de perpetuar el sufrimiento.
La psicología del trauma lo deja claro: no se puede perdonar lo que no se ha reconocido emocionalmente.
No se puede soltar lo que aún está atrapado en el cuerpo, la memoria o el corazón.
Por eso, no hay que tener prisa en perdonar. A veces, la primera forma de amor propio es no perdonar todavía, sino sentir, elaborar, sanar y, si llega, permitir que el perdón brote con autenticidad.

Pedir perdón: ¿cómo hacerlo sin caer en el ego o la culpa?
Pedir perdón es también un acto profundamente humano. Pero no basta con decir “perdón” para reparar una herida.
Un verdadero acto de perdón requiere:
Reconocer el daño causado, sin minimizarlo ni justificarlo.
Asumir la responsabilidad emocional, no solo los hechos.
Escuchar al otro, si está dispuesto, sin defenderse.
Estar dispuesto a cambiar o reparar, si es posible.
Aceptar que el otro puede no perdonar todavía, y respetarlo.
Pedir perdón no siempre sana inmediatamente la relación, pero puede abrir un espacio de verdad, humildad y transformación.

¿Y si no puedo perdonar?
Entonces no lo hagas… todavía.
La autenticidad es más sanadora que el autoengaño. Puedes comenzar por escribir lo que sientes. Por reconocer tu rabia, tu tristeza, tu herida. Y quizás, con el tiempo, cuando hayas llorado lo que necesitabas, entendido lo que dolía y honrado tu dignidad, el perdón no sea una meta, sino un camino que ocurre casi sin buscarlo.

Ejercicio terapéutico: Carta de perdón no enviada
Escribe una carta a la persona que te hirió. No la enviaras. Solo necesitas expresar:
Qué te dolió.
Qué necesitabas en aquel momento.
Qué te hubiera gustado decir y no pudiste.
Qué sientes hoy.
Si estás o no en disposición de perdonar, y por qué.
Este ejercicio, basado en enfoques de escritura terapéutica y psicoterapia emocional, ayuda a liberar lo no dicho sin violentar el proceso interior.

En resumen: el perdón puede sanar, pero no es una obligación
El perdón verdadero no nace del deber, sino de la comprensión profunda. A veces perdonar es un acto de liberación. Otras veces, el verdadero acto de sanación es poner límites, dar espacio o simplemente decir: “aún no estoy listo”.
En un mundo que nos presiona a “cerrar capítulos” rápido, démonos el derecho de sanar a nuestro ritmo, con honestidad y compasión.

El Periódico de la Psicologia. www.elperiodicodelapsicologia.info ISSN 2696-0850 medio de comunicación especializado

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