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La psicomagia es, en esencia, una técnica terapéutica inventada por el artista chileno Alejandro Jodorowsky. Su premisa fundamental es que el inconsciente no distingue entre la realidad y la metáfora, y que, por lo tanto, una acción simbólica puede tener un impacto real y curativo en la psique. Esta disciplina se concibe como una «armoniosa unión entre el lado racional y el lado mágico del ser humano», y su objetivo es provocar una catarsis que permita desbloquear traumas, miedos y bloqueos emocionales que la terapia verbal convencional no logra alcanzar.
Lejos de ser una creación surgida de la nada, la psicomagia se nutre de múltiples fuentes.
Jodorowsky ha sintetizado en ella los ritos de los chamanes, las técnicas del teatro y el performance de vanguardia (como los happenings), y ciertos conceptos del psicoanálisis, creando una amalgama única que él mismo define como una «terapia pánica».
El Creador: Alejandro Jodorowsky, un artista total.
Para comprender la psicomagia, es indispensable conocer a su creador. Nacido en Tocopilla, Chile, en 1929, Alejandro Jodorowsky es una figura inclasificable: es cineasta, dramaturgo, escritor, poeta, dibujante de cómics y, como él mismo se autodenomina, «psicomago». Su obra fílmica de culto, con títulos emblemáticos como El Topo (1970) y La montaña sagrada (1973), ya anticipaba su obsesión por integrar el arte, la espiritualidad y la búsqueda de la transformación personal.
El desarrollo de la psicomagia como tal fue un proceso evolutivo. Jodorowsky ha explicado que su camino comenzó con los «actos poéticos» y «actos teatrales» en sus primeras obras, pasando luego por el estudio del mundo onírico y, finalmente, integrando estas experiencias en una técnica con fines terapéuticos. El propio artista reconoce que su método es «hija directa del teatro», en contraposición al psicoanálisis, que «parte de la ciencia».
Metodología: Del diagnóstico por el Tarot al acto psicomágico.
La metodología de la psicomagia es un proceso profundamente personalizado que se aleja de los protocolos estandarizados de la psicología clínica. A grandes rasgos, se estructura en las siguientes fases:
Diagnóstico Inicial
El proceso suele comenzar con una serie de entrevistas donde se explora en profundidad la historia de vida del consultante. Es en esta fase donde cobra especial relevancia la psicogenealogía, la creencia de que los traumas y patrones de conducta inconscientes se transmiten de generación en generación a través del árbol genealógico. Para «leer» estos conflictos, Jodorowsky y los practicantes de la psicomagia utilizan con frecuencia el Tarot evolutivo.
A diferencia de una lectura adivinatoria del futuro, esta variante busca utilizar las cartas como un espejo para reflejar los conflictos, bloqueos y potencialidades del consultante en el momento presente.
Prescripción del Acto Psicomágico.
Una vez identificado el nudo del problema, el psicomago no recurre a la palabra, sino a la acción. El corazón de la terapia es el «acto psicomágico»: una acción simbólica, a menudo poética, surrealista o incluso extrema, que el paciente debe realizar en su vida real. Este acto está diseñado para «hablarle» directamente al inconsciente en su propio idioma, el de los símbolos, y para generar un «shock» que interrumpa los patrones mentales negativos.
La máxima de Jodorowsky es clara: «una toma de conciencia que no es seguida de un acto resulta completamente estéril».
Ejemplos de Actos
Los actos psicomágicos pueden ser de una naturaleza tan variada como los problemas que pretenden solucionar.
Algunos ejemplos documentados incluyen:
Para un conflicto madre-hijo: Jodorowsky le prescribió a una madre que no aceptaba la homosexualidad de su hijo que fabricara una figura a su semejanza, le colocara monedas de oro en los pies y rezara diariamente por su éxito. Según el relato, el siguiente concierto del hijo fue un éxito y la relación mejoró.
Para resolver un complejo de Edipo: Propuso a una mujer enamorada de su padre que robara algo de su ropa, se la pusiera a su amante y mantuviera relaciones sexuales con él, como un «incesto metafórico».
Otros ejemplos: La prescripción puede ir desde prácticas como la danza del vientre hasta la pintura de retratos con sangre menstrual.
Ejecución y Transformación
La efectividad del acto no reside en una creencia supersticiosa, sino en la comprensión que el consultante tiene del porqué de la acción. Jodorowsky enfatiza que el paciente debe entender el significado simbólico de cada paso. Al realizar el acto, el inconsciente «acepta» la solución escenificada, produciéndose así la curación.
Debate y Controversia en el Campo Psicológico
Es en este punto donde la psicomagia choca frontalmente con los principios de la psicología basada en la evidencia. La comunidad científica y los psicólogos clínicos han sido, en su gran mayoría, muy críticos con esta práctica, a la que califican como una «pseudopsicología» o una «pseudopsicoterapia altamente peligrosa» .
Las críticas se centran en varios puntos fundamentales:
– Falta de evidencia empírica: No existen estudios controlados, ensayos clínicos o datos replicables que demuestren la eficacia de la psicomagia. Sus «éxitos» se basan exclusivamente en testimonios y casos anecdóticos, un estándar de validez insuficiente para la ciencia.
– Posible iatrogenia (daño): Los críticos advierten que el uso de actos simbólicos tan potentes y sin supervisión profesional podría exacerbar los síntomas o incluso generar nuevos traumas. Se alerta sobre la vulnerabilidad de los pacientes que buscan soluciones rápidas y la falta de un marco ético y deontológico claro.
– Falta de rigor conceptual: La psicomagia toma prestados conceptos del psicoanálisis, el chamanismo y otras tradiciones, pero los descontextualiza y los mezcla sin un aparato teórico sólido que justifique su funcionamiento.
Esto la convierte en un «cajón de sastre» sin sustento científico.
Responsabilidad del «psicomago»: La formación de un psicomago no está regulada ni requiere titulación académica alguna, lo que deja al paciente desprotegido ante un posible ejercicio negligente o abusivo de la práctica.
Conclusión: Un fenómeno artístico y cultural, no una terapia.
La psicomagia de Alejandro Jodorowsky es, sin duda, un fenómeno artístico y cultural fascinante. Su capacidad para generar debate, su estética surrealista y su promesa de una sanación profunda a través de la creatividad la convierten en una propuesta atractiva para muchos.
Sin embargo, desde una perspectiva psicológica rigurosa, es crucial mantener una postura escéptica y basada en la ciencia. Si bien el poder de los símbolos y los rituales es innegable y ha sido estudiado por la antropología y la psicología, la psicomagia, en su estado actual, carece del respaldo empírico y metodológico necesario para ser considerada una terapia legítima. Invitamos a nuestros lectores a informarse críticamente y, ante cualquier problema de salud mental, a buscar siempre la ayuda de profesionales de la psicología y la psiquiatría debidamente acreditados.
Redacción El Periódico de la Psicología
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