Basta de estigma: la salud mental no es un lujo ni una locura

Hace unas semanas, una amiga me confesó entre tímida y rota que iba al psicólogo. No me lo dijo con orgullo, sino con un susurro, como si estuviera confesando un delito. Y entonces caí: todavía en el 2026, pedir ayuda sigue siendo para muchos un acto de valentía silenciado por el miedo al qué dirán.

Llevamos años repitiendo lo de «hablemos de salud mental», pero la realidad es que cuando alguien dice «tomo antidepresivos», a su alrededor se hace un silencio incómodo. Y si alguien falta al trabajo por ansiedad, muchos piensan: «será que no quiere currar». Eso es estigma. Ese veneno callado que hace que la gente se avergüence de su propio malestar.

En El Periódico de la Psicología llevamos tiempo queriendo decir basta. Y no basta con un titular bonito. Basta de verdad significa dejar de etiquetar. Porque nadie dice «soy un riñón enfermo» cuando tiene una infección, pero en cambio sí escuchamos «soy bipolar» como si esa palabra lo definiera todo. Las personas tenemos un problema de salud, no somos el problema.

Recuerdo a Javier, un lector que nos escribió contando que perdió a su mejor amigo después de contarle que había entrado en depresión. «Me dijo que me espabilara, que eso era de débiles. Nunca volvimos a hablar igual». Historias así sobran. Y también sobran los titulares sensacionalistas de la prensa generalista: «Hospital psiquiátrico desbordado», «Brotes psicóticos en la calle». Ese lenguaje criminaliza lo que solo es sufrimiento.

¿Qué podemos hacer? Pues pequeñas grandes cosas. No soltar frases como «no estés triste» o «ánimo, que no es para tanto». Escuchar sin juzgar. Y si alguien nos cuenta que va a terapia, no poner cara de sorpresa. Mejor decir: «me alegro de que te cuides». Porque cuidar la cabeza es tan necesario como ir al cardiólogo.

Y a los medios de comunicación, incluido este periódico, nos toca revisar nuestro lenguaje. No más tratar los trastornos como titulares de sucesos. Las personas con esquizofrenia no son asesinos en serie. Las personas con TOC no son «los de las manías ridículas». La realidad es más aburrida y más humana: son vecinos, compañeros de trabajo, amigos, familiares.

El estigma mata. No es una frase hecha. Mata porque la gente deja de pedir ayuda. Mata porque algunos prefieren el suicidio antes que la humillación de decir «estoy mal». Por eso, basta.

Si tú que lees esto has sentido vergüenza alguna vez por tu malestar, quiero que sepas algo: no eres un bicho raro. Solo eres una persona que, como casi todo el mundo, tiene días rotos. Y está bien pedir un remiendo.

Hablemos claro, sin filtros, sin etiquetas. Porque la salud mental no es una moda de Instagram ni una asignatura pendiente de los débiles. Es simplemente salud. Y punto.


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