No es la primera vez que el ser humano mira al cáñamo en busca de alivio. Lo novedoso es que, después de décadas de estigma y silencio, la ciencia y la compasión vuelven a darse la mano.
Por Redacción Barcelona www.elperiodicodelapsicologia.info
La historia de la humanidad y el cannabis es tan antigua como la escritura. Los emperadores chinos lo empleaban para calmar la gota; las culturas del Indo lo consideraban una planta sagrada capaz de aliviar la ansiedad y el insomnio; y en la Europa del siglo XIX, los farmacéuticos lo dispensaban en sus boticas como un remedio más para el dolor y los espasmos. Luego llegó la prohibición, el miedo, el prejuicio. Y la planta, que durante milenios fue aliada, pasó a ser enemiga pública.
Pero los tiempos, afortunadamente, están cambiando. Y lo hacen no desde el activismo ni la reivindicación política, sino desde el lugar que siempre debió ocupar: la consulta del médico, la investigación del neurólogo y, cómo no, el diván del psicólogo.
Porque el cannabis medicinal no es una moda. Es una respuesta humana a un sufrimiento que, en muchos casos, no encuentra alivio en los fármacos convencionales.
El dolor que no tiene nombre. Hablamos con María (nombre ficticio, historia real), una mujer de 54 años que lleva dos décadas conviviendo con la fibromialgia. «Llegué a tomar hasta seis pastillas al día. Me sentía como un zombi. El dolor no desaparecía, solo se adormecía, y con él también se adormecía mi vida», nos cuenta mientras remueve el café con la mirada perdida.
María encontró en el cannabis medicinal, específicamente en preparados con CBD y dosis mínimas de THC, una puerta a la vida que creía perdida. «No es mágico, no te cura. Pero el dolor se vuelve soportable. Y lo más importante: volví a dormir. Cuando duermes, tu cabeza se ordena, la ansiedad baja. El mundo deja de ser un enemigo.»
El testimonio de María es uno entre miles. Pacientes con esclerosis múltiple, con epilepsia refractaria, con dolores neuropáticos, con náuseas inducidas por quimioterapia. Y también, cada vez más, personas que sufren trastornos de ansiedad y depresión resistentes a los tratamientos convencionales.
La caricia química que el cerebro necesita. Desde la psiconeurología, el cannabis abre un campo fascinante. Nuestro cerebro posee un sistema endocannabinoide endógeno, una red de receptores que regula el apetito, el sueño, el estado de ánimo y la percepción del dolor. Es como si la naturaleza hubiera previsto esta conexión. Los fitocannabinoides de la planta encajan en esos receptores como una llave en una cerradura antigua.
Los neurólogos están observando que, en dosis controladas y con supervisión médica, el cannabis no solo alivia síntomas, sino que puede modular la neuroinflamación, ese enemigo silencioso que se esconde detrás de tantas patologías neurodegenerativas.
Sin embargo, y esto es crucial, el cannabis medicinal no es el cannabis de la calle. No es fumarlo en un porro, no es buscar el «colocón», no es evadirse de la realidad. Es una herramienta terapéutica que requiere de ciencia, de precisión y, sobre todo, de un acompañamiento humano.
El dilema del psicólogo: ¿aliado o enemigo?. Durante años, la psicología miró con recelo cualquier sustancia psicoactiva. Y con razón: el abuso de cannabis recreativo se ha relacionado con brotes psicóticos en personas vulnerables, con el despertar de trastornos mentales latentes y con la conocida «síndrome amotivacional» que apaga la chispa vital de los más jóvenes.
Pero la medicina basada en la evidencia nos obliga a ser matizados. La psicóloga clínica Elena Vázquez, especializada en dolor crónico, lo explica así: «Cuando un paciente con ansiedad grave no responde a los ISRS, o tiene efectos secundarios intolerables, negarle la posibilidad de explorar el cannabis medicinal es, en mi opinión, una forma de negligencia terapéutica. No se trata de recetar por recetar. Se trata de ofrecer una alternativa digna, regulada y controlada.»
El reto, como siempre, está en la formación. Muchos psicólogos y psiquiatras todavía no conocen los protocolos, las dosis, las interacciones. La sanidad pública se mueve con lentitud mientras la privada empieza a abrirse camino. Y el paciente, mientras tanto, espera.
La mirada humanista: más allá del síntoma. En El Periódico de la Psicología siempre hemos defendido que la salud mental no es solo ausencia de enfermedad, sino presencia de bienestar. Y el bienestar, para muchas de estas personas, pasa por poder levantarse por la mañana sin que el cuerpo les grite, por poder abrazar a sus hijos sin encogerse de dolor, por poder mirar al futuro sin vértigo.
El cannabis medicinal, bien entendido, es una pieza más en ese puzle. No sustituye a la terapia psicológica, no anula la necesidad de acompañamiento emocional, no elimina el trabajo interior que cada persona debe hacer para sanar sus heridas. Pero puede ser ese apoyo que permite que el resto del tratamiento funcione.
Porque hay dolores que la palabra no alcanza a calmar. Y a veces, la naturaleza, en su sabiduría ancestral, nos tiende una mano. Una mano que, después de tanto tiempo, estamos empezando a aceptar.
Mirando hacia adelante. El Ministerio de Sanidad está revisando los usos de los cannabinoides sintéticos para patologías como el dolor neuropático, el insomnio y ciertos tipos de epilepsia. Es un paso modesto, pero esperanzador. La Asociación Española de Neurología, por su parte, lleva años pidiendo más investigación y menos prejuicios.
Pero la verdadera revolución, como siempre, ocurre en la intimidad de las consultas y en la vida de las personas. En ese momento en el que un paciente, con los ojos húmedos, le dice a su médico: «Por fin puedo respirar.»
El cannabis medicinal no es una panacea, ni mucho menos. Pero es una oportunidad. Una oportunidad para recordar que la medicina, cuando se ejerce con humanidad, no descarta ninguna herramienta que pueda aliviar el sufrimiento. Y una oportunidad para que, como sociedad, dejemos atrás los estigmas y abracemos el conocimiento.
Porque la planta sagrada no ha vuelto para quedarse en el underground. Ha vuelto para sentarse con nosotros en la consulta, para ser estudiada, comprendida y, cuando corresponda, utilizada con la dignidad que todo paciente merece.
Artículo escrito en base a los testimonios recogidos en consultas de psicología y neurología, y a las últimas investigaciones publicadas sobre cannabinoides y salud mental. El Periódico de la Psicología apuesta por un enfoque riguroso y, al mismo tiempo, profundamente humano.
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