Aprender a decir NO sin sentir culpa: poner límites también es cuidarte

¿Te cuesta decir que no aunque estés cansado, no te apetezca o simplemente no quieras hacerlo? Aprender a poner límites no significa ser egoísta. Significa reconocer tus propias necesidades y darles también un lugar.

Por Maria Miret Donato Co-editora www.elperiodicodelapsicologia.info

Hay personas que dicen «sí» prácticamente por inercia. Sí a ese favor que no pueden hacer, sí a un plan al que no quieren ir, sí a una petición que llega en el peor momento. Después, cuando están solas, aparece el cansancio, el enfado o incluso una pregunta incómoda: «¿Por qué he vuelto a hacer algo que realmente no quería hacer?»

Muchas veces, detrás de esa dificultad para decir «no» no hay falta de carácter. Puede haber miedo a decepcionar, necesidad de agradar, temor al rechazo o la creencia de que poner límites puede hacer que los demás se alejen.

¿Por qué nos cuesta tanto decir que no? Desde pequeños aprendemos, de una manera u otra, que determinadas conductas reciben aprobación. Ser amable, ayudar, estar disponible o intentar que los demás estén bien son cualidades positivas. El problema aparece cuando confundimos ser una persona buena con estar siempre disponible para todo el mundo.

A esto se suma el miedo a las consecuencias. Podemos pensar:

«Se enfadará conmigo.»
«Pensará que soy egoísta.»
«Ya no contará conmigo.»
«Le voy a hacer sentir mal.»

Así, acabamos aceptando cosas que no queremos para evitar una emoción incómoda en el presente. Paradójicamente, esa decisión puede generar otra emoción después: frustración, resentimiento, agotamiento o sensación de estar viviendo más para los demás que para uno mismo.

La culpa no significa que hayas hecho algo malo. Una de las mayores dificultades al empezar a poner límites es aceptar que puedes sentir culpa y, aun así, estar haciendo lo correcto para ti.

La culpa es una emoción y no siempre funciona como una prueba de que hemos actuado mal.

Cuando una persona acostumbrada a decir siempre «sí» empieza a decir «no», es normal que al principio experimente incomodidad. Está haciendo algo diferente a lo habitual y su mente puede interpretarlo como una amenaza a la relación.

Pero sentirse culpable no significa necesariamente que estés siendo egoísta.

A veces significa simplemente que estás aprendiendo a priorizarte después de mucho tiempo priorizando a los demás.

Poner límites no es rechazar a los demás

Un límite no significa: «No me importas.»

Puede significar: «Me importas, pero esto es algo que ahora mismo no puedo o no quiero hacer.»

Existe una diferencia importante entre rechazar a una persona y rechazar una petición.

Puedes querer a alguien y no estar disponible para él en todo momento. Puedes ayudar a un amigo y también necesitar que respete tu tiempo. Puedes querer a tu pareja y, al mismo tiempo, necesitar momentos para ti.

Una relación sana no debería depender de que una persona diga que sí a todo.

¿Cómo empezar a decir «no»? No necesitas convertirte de repente en una persona completamente diferente. Puedes empezar con pequeños cambios.

1. No respondas inmediatamente. Si alguien te pide algo y no sabes si quieres aceptarlo, no tienes por qué contestar en ese mismo momento.

Puedes decir: «Déjame pensarlo y te digo algo.»

Ese pequeño espacio te permite preguntarte qué quieres realmente, en lugar de responder automáticamente para evitar incomodidad.

2. Aprende a distinguir entre querer y sentirte obligado

Antes de aceptar algo, pregúntate:

«¿Quiero hacerlo o siento que tengo que hacerlo?»

Si la respuesta es la segunda, quizá sea el momento de revisar ese límite.

3. No necesitas una explicación interminable

Decir «no» no requiere escribir una defensa de varias páginas.

Un: «Esta vez no puedo.»

puede ser suficiente.

Cuanto más justificamos nuestra decisión, más podemos sentir que necesitamos que la otra persona la apruebe.

4. Acepta que algunas personas pueden molestarse. Esta es probablemente una de las partes más difíciles.

Poner límites no garantiza que todo el mundo los vaya a recibir bien. Algunas personas estaban acostumbradas a que siempre estuvieras disponible y pueden reaccionar negativamente cuando eso cambia.

Su reacción no significa automáticamente que tu límite sea injusto.

No puedes controlar cómo se sienten los demás ante tus límites, pero sí puedes decidir cuáles son los tuyos.

5. Empieza por pequeños «no». No es necesario comenzar por la situación más complicada de tu vida.

Puedes practicar con pequeñas decisiones cotidianas:

«No me apetece.»

«Hoy necesito descansar.»

«Esta vez prefiero no ir.»

«Ahora mismo no puedo ayudarte.»

Cada pequeño límite puede ayudarte a ganar confianza para situaciones más difíciles.

Y recuerda algo importante: también tienes derecho a decirte «sí» a ti

A veces pensamos tanto en no decepcionar a los demás que olvidamos una pregunta fundamental:

¿Y yo qué necesito?

Necesitar descansar no te hace irresponsable.

Querer estar solo no te convierte en una mala persona.

No poder ayudar a alguien no significa que no te importe.

Cambiar de opinión no significa que seas incoherente.

Y decir «no» no elimina todo lo bueno que haces por los demás.

Cuidar de los demás es valioso, pero cuidar de ti también lo es.

Los límites no están diseñados para alejarnos de las personas. Bien planteados, ayudan a construir relaciones en las que podemos estar presentes porque queremos, y no porque tenemos miedo de decir que no.

Una última reflexión

Quizá durante mucho tiempo hayas pensado que ser una buena persona significa estar siempre disponible, ayudar siempre y evitar que los demás se enfaden contigo.

Pero una relación sana no debería necesitar que te abandones a ti mismo para mantenerla.

Puedes querer a los demás sin olvidarte de ti.

Y, a veces, aprender a decir «no» a los demás es precisamente empezar a decirte «sí» a ti mismo.

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