El miedo que llevamos dentro: cuando la incertidumbre también afecta a nuestra mente
Por Maria Miret Donato. Co-editora www.elperiodicodelapsicologia.info
Hay una pregunta que, aunque parezca sencilla, puede resultar incómoda: ¿Tiene usted miedo? Quizá la respuesta sea sí. Quizá no sepamos exactamente a qué. O quizá llevemos tanto tiempo conviviendo con la incertidumbre que hemos aprendido a llamarla de otra manera: preocupación, cansancio, estrés, inseguridad o simplemente «cosas que pasan».
En una reciente columna publicada en EL PAÍS, Elvira Lindo reflexiona precisamente sobre el miedo que parece instalarse en nuestra sociedad y sobre cómo la incertidumbre puede alimentar una sensación colectiva de desasosiego. La autora relaciona esta emoción con fenómenos como la polarización, las guerras, las redes sociales y la inteligencia artificial.
Pero hay algo que merece una mirada desde la psicología:
¿Qué ocurre dentro de nosotros cuando vivimos demasiado tiempo sintiendo que no tenemos el control?
El miedo no siempre se siente como miedo. Cuando pensamos en miedo, imaginamos una reacción evidente: el corazón acelerado, la tensión muscular, el deseo de escapar.
Sin embargo, el miedo también puede presentarse de formas mucho más silenciosas.
Puede aparecer como dificultad para dormir, irritabilidad, pensamientos constantes, necesidad de controlar lo que ocurre a nuestro alrededor o una sensación permanente de que «algo malo va a pasar».
También puede convertirse en agotamiento.
Porque mantener durante mucho tiempo al organismo en estado de alerta consume recursos psicológicos. Nuestro cerebro está preparado para detectar amenazas, pero no para permanecer indefinidamente pendiente de ellas.
Y aquí aparece una diferencia importante:
Tener miedo ante una amenaza concreta puede ayudarnos a reaccionar; vivir permanentemente preocupados puede terminar desgastándonos.
Vivimos rodeados de información. Nunca hemos tenido tanta información disponible. Podemos conocer en segundos una guerra que ocurre a miles de kilómetros, una catástrofe natural, una crisis económica, una nueva amenaza tecnológica o cientos de opiniones sobre cualquiera de ellas.
El problema no es únicamente la información.
Es que nuestro cerebro puede recibirla como si todo estuviera ocurriendo al mismo tiempo y, en cierta manera, cerca de nosotros.
Las redes sociales amplifican esta sensación. Una noticia lleva a otra, una imagen conduce a un vídeo y un comentario desencadena cientos más.
El resultado puede ser una exposición continua a estímulos emocionalmente intensos.
No siempre estamos viviendo una amenaza. A veces estamos consumiendo constantemente amenazas.
Y psicológicamente no es exactamente lo mismo.
Cuando el miedo deja de protegernos. El miedo tiene una función adaptativa. Nos ayuda a identificar peligros y prepararnos para responder.
Pero cuando la preocupación se vuelve constante y no encontramos espacios para desconectar, puede aparecer un estado de alerta permanente.
Entonces podemos comenzar a preguntarnos:
«¿Y si ocurre algo?»
«¿Y si pierdo lo que tengo?»
«¿Y si el futuro es peor?»
«¿Y si no puedo hacer nada?»
Estas preguntas no siempre buscan una respuesta. A veces alimentan un círculo de preocupación en el que pensar más parece ofrecer control, pero termina generando todavía más ansiedad.
Por eso, una de las preguntas más importantes no es únicamente «¿de qué tengo miedo?», sino:
«¿Qué estoy haciendo con ese miedo?»
No podemos controlarlo todo. Una de las grandes dificultades psicológicas de vivir en un mundo incierto es aceptar que existe una parte de la realidad que no podemos controlar.
No podemos decidir qué ocurrirá mañana.
No podemos controlar las decisiones de los gobiernos, el comportamiento de otras personas, todas las consecuencias de una nueva tecnología ni todos los acontecimientos del mundo.
Pero sí podemos decidir qué información consumimos, cuánto tiempo permanecemos conectados, qué conversaciones mantenemos y qué hacemos con aquello que sí está dentro de nuestro alcance.
Esto no significa ignorar los problemas.
Al contrario.
Significa informarnos sin permitir que la información ocupe todo nuestro espacio mental.
Pensar también es una forma de resistencia. En su artículo, Lindo reivindica la lectura y el pensamiento como herramientas frente a la ignorancia que puede alimentar el miedo.
Desde la psicología podemos añadir algo más: pensar críticamente también implica aprender a distinguir entre peligro, posibilidad y miedo.
No todo lo que puede ocurrir va a ocurrir.
No toda noticia requiere nuestra reacción inmediata.
No todo pensamiento merece convertirse en una preocupación.
Y no todo aquello que nos produce miedo está bajo nuestro control.
Aprender a hacer esta diferenciación puede ayudarnos a recuperar una pequeña parcela de serenidad.
¿Y qué podemos hacer nosotros? Quizá no podamos cambiar el mundo entero. Pero podemos empezar por nuestro propio mundo.
Podemos apagar el móvil durante un rato.
Podemos seleccionar mejor las fuentes que consultamos.
Podemos hablar con otras personas sin convertir cada conversación en una sucesión de malas noticias.
Podemos salir a caminar.
Leer.
Descansar.
Estar con quienes queremos.
Pedir ayuda cuando sentimos que la preocupación nos supera.
Y, sobre todo, podemos recuperar algo que la incertidumbre intenta arrebatarnos: la sensación de que todavía tenemos capacidad para decidir cómo queremos vivir.
Porque quizá no se trata de dejar de sentir miedo.
Se trata de conseguir que el miedo no decida por nosotros.
El miedo también necesita ser escuchado. El miedo no es nuestro enemigo. Es una emoción que intenta protegernos. Pero incluso las emociones que nos protegen pueden desbordarnos cuando permanecen demasiado tiempo activadas.
Por eso, quizá la pregunta no sea solamente:
«¿Tiene usted miedo?»
Quizá deberíamos preguntarnos: «¿Qué necesita usted para sentirse un poco más seguro?»
A veces la respuesta no está en conocer todo lo que puede ocurrir mañana.
A veces está en recordar que, aunque no podamos controlar el mundo, todavía podemos cuidar nuestra mente, nuestros vínculos y nuestras decisiones de hoy. Y eso también es una forma de resistencia.
EL PERIÓDICO DE LA PSICOLOGÍA www.elperiodicodelapsicologia.info medio de comunicación especializado ISSN 2696-0850