Una nueva red internacional de expertos trabajará para evaluar las oportunidades y los riesgos de la inteligencia artificial aplicada a la psiquiatría y la neurociencia. El desafío no es solo tecnológico: también consiste en proteger la intimidad, la seguridad y la dignidad de quienes sufren.
Redacción Barcelona El Periódico de la Psicología | 15 de octubre de 2026
Hay momentos en los que una persona necesita hablar, pero no sabe a quién acudir. Puede ser de madrugada, después de una discusión, durante una crisis de ansiedad o en esos días en los que la tristeza parece ocuparlo todo. En ocasiones, lo único que busca es poner palabras a lo que le sucede y encontrar un poco de claridad.
Cada vez más personas recurren a herramientas digitales para intentar comprender sus emociones. La inteligencia artificial ha entrado también en ese espacio íntimo, y su presencia plantea una pregunta que merece atención: ¿cómo podemos aprovechar sus posibilidades sin olvidar que detrás de cada consulta hay una persona, una historia y, a veces, un sufrimiento que no se ve?
Europa ha comenzado a organizar una respuesta científica a este desafío.
Una red europea para comprender los riesgos y las posibilidades. El Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología (ECNP) presentó el 13 de octubre, durante su congreso celebrado en Múnich, una red internacional de expertos dedicada a estudiar la inteligencia artificial aplicada a la salud mental.
El grupo cuenta inicialmente con 19 especialistas de Europa y Estados Unidos y dispone de un plan de trabajo para los próximos tres años. Su propósito es reunir conocimientos, identificar los riesgos y beneficios de estas tecnologías y elaborar recomendaciones que ayuden a orientar su desarrollo y evaluación.
La iniciativa está presidida por el doctor Paris Alexandros Lalousis, del King’s College de Londres, y cuenta con Tim Hahn, de la Universidad de Münster, como copresidente.
Lalousis ha señalado la necesidad de que el rápido desarrollo de la inteligencia artificial esté acompañado de orientación, comunicación y regulación. La red pretende contribuir a construir un marco de referencia que permita valorar sus aplicaciones con criterios científicos.
El anuncio no significa que todos los problemas estén resueltos ni que exista ya una normativa europea específica creada por este grupo. Es, más bien, el comienzo de un trabajo que deberá demostrar su utilidad con resultados concretos.
Una herramienta puede ayudar, pero no debe confundirse con un terapeuta. La inteligencia artificial ofrece posibilidades interesantes para la investigación psicológica y psiquiátrica. Puede ayudar a analizar grandes cantidades de datos, explorar patrones, apoyar determinadas tareas profesionales y facilitar el desarrollo de herramientas digitales.
También puede servir a algunas personas para organizar sus pensamientos, encontrar información inicial o preparar preguntas que después quieran compartir con un profesional.
Sin embargo, conviene mantener una distinción esencial: que una máquina sea capaz de mantener una conversación convincente no demuestra que comprenda el sufrimiento humano como lo hace una persona.
La salud mental no consiste únicamente en reconocer síntomas y proponer soluciones. También intervienen la biografía, los vínculos afectivos, las condiciones económicas, las experiencias dolorosas y el significado que cada individuo atribuye a lo que está viviendo.
Dos personas pueden describir una misma situación y necesitar ayudas muy diferentes. Comprender esa diferencia exige prudencia, conocimiento clínico y atención al contexto.
Por eso, las aplicaciones digitales deben evaluarse por su seguridad y utilidad real, no solamente por su capacidad para responder con rapidez o expresarse de manera convincente.
La intimidad psicológica necesita protección. Cuando alguien comparte con una herramienta digital sus temores, sus conflictos familiares o sus pensamientos más personales, está confiando información especialmente delicada.
¿Qué uso se hace de esos datos? ¿Quién puede acceder a ellos? ¿Durante cuánto tiempo se conservan? ¿Qué garantías tiene el usuario de que su información no se utilizará de una manera que desconoce?
Estas preguntas no son detalles técnicos. Forman parte de la protección de la persona.
A ello se añade el riesgo de recibir información incorrecta. Los sistemas de inteligencia artificial pueden equivocarse, interpretar mal una situación o proporcionar respuestas que no sean adecuadas para alguien que atraviesa un momento de especial vulnerabilidad.
Una respuesta aparentemente segura no siempre es una respuesta correcta. Y cuando hablamos de salud mental, esa diferencia puede tener consecuencias importantes.
Las herramientas digitales deben informar claramente sobre sus limitaciones, proteger los datos personales y disponer de procedimientos adecuados para situaciones de riesgo. Tampoco deben convertirse en un obstáculo para acceder a una atención profesional cuando esta resulta necesaria.
El peligro de confundir accesibilidad con atención suficiente. Uno de los argumentos a favor de la inteligencia artificial es su capacidad para ofrecer información y asistencia inicial de forma rápida. Esta posibilidad puede resultar valiosa, especialmente para quienes encuentran dificultades para acceder a determinados recursos.
Pero sería un error pensar que la tecnología puede resolver por sí sola los problemas de acceso a la atención psicológica.
Una aplicación no sustituye la necesidad de contar con psicólogos, psiquiatras y otros profesionales cualificados, ni elimina las dificultades económicas, las listas de espera o la falta de servicios en determinadas zonas.
La respuesta tampoco puede consistir en ofrecer herramientas automatizadas a quienes necesitan una atención humana que no está disponible.
La innovación será verdaderamente útil si contribuye a reducir desigualdades, facilita el trabajo de los profesionales y mejora la atención sin crear nuevas formas de exclusión.
Una oportunidad para construir una tecnología más humana. La iniciativa europea abre una oportunidad para establecer criterios compartidos sobre la investigación, la evaluación y el uso responsable de la inteligencia artificial en salud mental.
El trabajo deberá abordar cuestiones como la validez de los sistemas, la protección de datos, la transparencia, la supervisión de sus resultados y las diferencias que pueden aparecer cuando una herramienta se utiliza con personas de edades, culturas o circunstancias distintas.
También será importante escuchar a quienes utilizan estos servicios y a quienes han vivido experiencias de sufrimiento psicológico. La perspectiva de los pacientes y sus familias puede ayudar a identificar problemas que no siempre resultan evidentes desde un laboratorio.
La tecnología no debería desarrollarse únicamente preguntando qué es posible hacer, sino también qué conviene hacer, en qué condiciones y con qué garantías.
El futuro de la psicología no puede olvidar a la persona. La inteligencia artificial seguirá evolucionando y probablemente ocupará un lugar cada vez más importante en la investigación y en determinados ámbitos de la atención sanitaria. Negar sus posibilidades sería tan poco razonable como aceptar todas sus aplicaciones sin una evaluación rigurosa.
El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre innovación y responsabilidad.
Desde una perspectiva humanista, la cuestión fundamental no es si las máquinas llegarán a responder mejor o más deprisa. Es si su utilización contribuirá a que las personas reciban una ayuda más segura, accesible y respetuosa.
Quien atraviesa una depresión, una pérdida o una crisis personal no necesita únicamente información. También necesita que su sufrimiento sea tomado en serio, que se respeten sus decisiones y que pueda encontrar ayuda adecuada cuando la necesite.
La inteligencia artificial puede llegar a ser una herramienta valiosa dentro de ese camino. Pero su valor deberá medirse por lo que aporte al bienestar humano, no por el lugar que consiga ocupar.
El progreso tecnológico merece la pena cuando está al servicio de las personas. En salud mental, avanzar significa investigar con rigor, proteger la intimidad y no olvidar nunca que detrás de cada dato hay una vida que merece ser escuchada.
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Fuentes
- King’s College London, 13 de octubre de 2026. Launch of first Europe-wide expert group on AI in mental health.
https://www.kcl.ac.uk/news/launch-of-first-europe-wide-expert-group-on-ai-in-mental-health - European College of Neuropsychopharmacology (ECNP). Información institucional sobre su red de inteligencia artificial y salud mental.
https://www.ecnp.eu/research/ecnp-networks/list-of-ecnp-networks/ai-in-mental-health/ - EurekAlert!, comunicado del ECNP, 12 de octubre de 2026. Launch of first Europe-wide expert group on AI in mental health.
https://www.eurekalert.org/news-releases/1147143
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