La organización internacional reclama un cambio hacia una atención más cercana, centrada en los derechos, la autonomía y la vida comunitaria. El reto no consiste únicamente en tratar la enfermedad, sino en ayudar a las personas a recuperar sus vínculos y su dignidad.
Redacción Barcelona El Periódico de la Psicología
Hay sufrimientos que no terminan cuando desaparecen los síntomas. A veces, después de atravesar una crisis de salud mental, una persona necesita algo más que un tratamiento: necesita recuperar la confianza, volver a sentirse escuchada y encontrar un lugar en el que pueda vivir sin que su historia quede reducida a un diagnóstico.
Esta realidad se encuentra en el centro de una nueva llamada de atención de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que el pasado 9 de octubre publicó una guía práctica para impulsar la transformación de los modelos tradicionales de atención psiquiátrica hacia servicios comunitarios, personalizados y respetuosos con los derechos humanos.
La propuesta plantea una cuestión que merece ser escuchada mucho más allá de los hospitales y las consultas: ¿cómo podemos cuidar a alguien sin apartarlo innecesariamente de su entorno, de sus relaciones y de las decisiones sobre su propia vida?
La salud mental necesita algo más que instituciones. Durante décadas, la atención a determinados trastornos mentales ha dependido en gran medida de instituciones en las que algunas personas permanecen ingresadas durante largos periodos. En determinadas circunstancias, la hospitalización es imprescindible y puede salvar vidas. Sin embargo, cuando se prolonga durante meses o años sin alternativas adecuadas, existe el riesgo de que la atención termine alejando a la persona de la vida que desea recuperar.
La OMS recuerda que muchas personas continúan viviendo en grandes hospitales psiquiátricos y centros de atención social, en ocasiones durante años o incluso décadas. Su informe también advierte de que una parte importante de estos ingresos se produce sin el consentimiento de las personas afectadas.
La respuesta, según la organización, no consiste simplemente en cerrar centros o reducir camas hospitalarias. El verdadero cambio exige construir alternativas reales: equipos de salud mental cercanos, viviendas con apoyo cuando sean necesarias, atención sanitaria continuada, acompañamiento social y oportunidades para participar en la comunidad.
Porque salir de un hospital no significa, por sí solo, haber recuperado una vida.
Una persona puede recibir el alta y encontrarse después con la soledad, la falta de recursos económicos, las dificultades para encontrar vivienda o la ausencia de una red familiar que pueda acompañarla. Sin apoyos suficientes, la transición puede convertirse en una nueva fuente de sufrimiento.
Por eso, la transformación que propone la OMS requiere planificación, recursos y coordinación entre los servicios sanitarios y sociales.
Escuchar a quienes han sufrido también es una forma de conocimiento. Uno de los aspectos más importantes de esta iniciativa es el reconocimiento de la experiencia de las personas que han vivido problemas de salud mental y han pasado por instituciones psiquiátricas.
Con frecuencia, los profesionales hablan sobre ellas, las administraciones toman decisiones en su nombre y las familias intentan encontrar respuestas. Sin embargo, no siempre se les concede una participación real en las decisiones que afectan a su vida.
Escuchar no debería consistir únicamente en permitir que alguien cuente su historia. Significa tomar en consideración lo que esa persona ha aprendido de su experiencia y permitir que su conocimiento contribuya a diseñar los servicios que recibirá.
Quien ha atravesado una crisis sabe, desde un lugar que ningún manual puede reproducir por completo, qué situaciones le ayudaron, cuáles le hicieron sentirse indefenso y qué clase de acompañamiento necesitó para recuperar la confianza.
Esta experiencia no sustituye al conocimiento científico ni a la formación profesional. Los complementa.
La propia campaña de la OMS por el Día Mundial de la Salud Mental de 2026 defiende precisamente esta idea: las voces de quienes han vivido estas situaciones deben influir en las políticas, los servicios y las decisiones, y no limitarse a ocupar un espacio testimonial.
Es un cambio de perspectiva que merece atención. La persona deja de ser únicamente receptora de cuidados para convertirse también en participante activa de su recuperación.
Recuperar la autonomía sin dejar a nadie desprotegido. Hablar de autonomía no significa ignorar la gravedad de determinadas enfermedades ni negar la necesidad de ingresos hospitalarios cuando las circunstancias clínicas lo requieren.
Hay momentos en los que una persona necesita un entorno protegido, atención especializada y una intervención inmediata. La responsabilidad de los profesionales consiste en valorar cada situación con rigor, proteger la seguridad y respetar los derechos de la persona.
La cuestión es qué sucede después y qué alternativas existen cuando el ingreso deja de ser necesario.
Una atención verdaderamente centrada en la persona debe preguntarse qué apoyos necesita para vivir, qué decisiones puede tomar por sí misma, qué relaciones desea conservar y cómo puede participar en su comunidad.
También debe reconocer que la recuperación no sigue un calendario idéntico para todo el mundo. Algunas personas necesitarán apoyo durante mucho tiempo; otras podrán recuperar progresivamente su independencia. No hay una única forma de vivir con un problema de salud mental ni una sola definición de bienestar.
El objetivo no puede ser imponer un modelo de vida, sino crear las condiciones para que cada persona pueda construir el suyo con el apoyo adecuado.
La familia y la comunidad también necesitan apoyo
La transformación de la atención en salud mental no puede descansar exclusivamente sobre los hombros de las familias.
Padres, madres, parejas e hijos acompañan con frecuencia situaciones difíciles sin disponer de información suficiente, recursos económicos o espacios donde expresar su propio agotamiento. El afecto es fundamental, pero no sustituye a los servicios profesionales ni a una red pública de atención accesible.
Por eso, los modelos comunitarios deben incluir orientación a las familias, apoyo a las personas cuidadoras, seguimiento clínico y coordinación entre los diferentes profesionales.
También necesitan una comunidad capaz de recibir sin juzgar.
Encontrar trabajo, mantener amistades, estudiar, disponer de una vivienda y participar en actividades cotidianas pueden ser elementos importantes de una recuperación. No son detalles secundarios frente al tratamiento: forman parte de las condiciones que permiten sostener una vida digna.
La inclusión no se consigue únicamente mediante declaraciones. Se construye con servicios accesibles, recursos suficientes y oportunidades reales de participación.
Un cambio que exige recursos y compromiso político. La OMS señala que la transición hacia una atención comunitaria sigue avanzando lentamente. Según los datos de su Atlas de Salud Mental, solo el 9 % de los países que respondieron a la encuesta había completado plenamente el cambio desde los modelos institucionales hacia la atención comunitaria, mientras que el 53 % se encontraba todavía en una fase inicial de reforma.
Estas cifras muestran la distancia que aún existe entre los principios defendidos internacionalmente y la realidad de muchos sistemas de atención.
Transformar el modelo requiere financiación estable, profesionales suficientes, formación, viviendas con apoyo, servicios de proximidad y mecanismos para garantizar la continuidad asistencial. También exige evaluar los resultados y comprobar que las personas reciben una atención segura y de calidad.
Cerrar instituciones sin desarrollar alternativas adecuadas sería trasladar el problema a las familias, a los servicios de urgencias o a las propias personas afectadas.
El desafío consiste en cambiar la forma de cuidar, no en abandonar a quienes necesitan cuidados.
Una mirada humanista para la psicología del futuro
Esta propuesta de la OMS abre una reflexión que va más allá de la organización sanitaria. Nos invita a reconsiderar la manera en que una sociedad mira a quienes atraviesan una enfermedad mental.
Una persona no es únicamente su diagnóstico. Tampoco queda definida por una crisis, por una hospitalización o por las dificultades que haya experimentado a lo largo de su vida.
Sigue teniendo deseos, capacidades, vínculos, recuerdos y proyectos. Puede necesitar ayuda sin perder por ello su derecho a decidir. Puede atravesar una etapa de dependencia y conservar intacta su dignidad.
La psicología humanista lleva mucho tiempo defendiendo la importancia de comprender a la persona en su totalidad, atender a su experiencia y reconocer su capacidad de participar en su propio proceso de cambio. La nueva orientación de la OMS ofrece una oportunidad para traducir estos principios en decisiones concretas sobre la atención.
Pero las buenas intenciones no bastan. El cambio será real cuando una persona pueda pedir ayuda sin sentirse humillada, cuando una familia encuentre apoyo antes de llegar al agotamiento y cuando alguien que ha pasado años en una institución tenga oportunidades efectivas de reconstruir su vida.
Quizá la pregunta más importante no sea únicamente cuánto sabemos sobre los trastornos mentales, sino qué hacemos con ese conocimiento y cómo tratamos a quienes los padecen.
Una sociedad demuestra su madurez no solo por la calidad de sus hospitales, sino también por su capacidad para acompañar a las personas cuando más vulnerables se sienten.
La salud mental necesita ciencia, profesionales preparados y recursos públicos. Pero necesita, además, respeto, escucha y humanidad.
Porque cuidar no consiste solamente en aliviar el sufrimiento. Consiste también en ayudar a que quien sufre pueda volver a sentirse parte del mundo.
La OMS reclama transformar la atención en salud mental con servicios comunitarios, respeto a los derechos humanos, autonomía y participación de las personas afectadas.
OMS salud mental, atención comunitaria en salud mental, derechos humanos y psiquiatría, atención centrada en la persona, salud mental humanista.
Fuentes:
- Organización Mundial de la Salud (9 de octubre de 2026). WHO urges shift from institutional to community-based mental health care. https://www.who.int/news/item/09-10-2026-who-urges-shift-from-institutional-to-community-based-mental-health-care
- Organización Mundial de la Salud (2026). Supporting the transition to community-based mental health and social care: Practical guide to the deinstitutionalization of psychiatric hospitals. https://www.who.int/publications/i/item/9789240124134
- Organización Mundial de la Salud. World Mental Health Day 2026: Lived experiences heard, real voices, real change. https://www.who.int/en/campaigns/world-mental-health-day/2026
Nota editorial: La transformación hacia la atención comunitaria debe realizarse de forma planificada, garantizando la continuidad asistencial, los recursos necesarios y la protección de los derechos de las personas afectadas. La hospitalización puede seguir siendo necesaria en determinadas situaciones clínicas.
+
El Periódico de la Psicología www.elperiodicodelapsicologia.info medio de comunicación especializado ISSN 2696-0850 Teléfono +34 625958660 info@elperiodicodelapsicologia.info