Brian Weiss el psiquiatra que desafió a la ciencia para explorar las vidas pasadas

El Periódico de la Psicología Barcelona Pacs 23.02.2026 www.elperiodicodelapsicologia.info +34 675763503 Teléfono

Hay momentos en la vida de una persona que lo cambian todo. Para Brian Weiss, ese momento llegó en 1980, cuando una paciente llamada Catherine —una técnica de laboratorio sin ningún talento psíquico especial— comenzó a recordar, bajo hipnosis, cosas que no debería saber. Y, sobre todo, cosas que transformaron para siempre la trayectoria de un prestigioso psiquiatra formado en las universidades más exigentes de Estados Unidos.

El alumno brillante que jugaba sobre seguro.

Antes de que la reencarnación irrumpiera en su vida, Brian Weiss era el hijo perfecto que cualquier facultad de medicina habría querido tener.
Nacido en Nueva York el 6 de noviembre de 1944, se graduó con honores en la Universidad de Columbia y completó su formación en la Escuela de Medicina de Yale, dos de las instituciones más prestigiosas del mundo.

Luce en el anular de su mano derecha un anillo de Columbia que, curiosamente, mira hacia él en lugar de hacia quien lo observa. Quizás necesite ese recordatorio constante de sus credenciales académicas, de aquel tiempo en que fue jefe de psiquiatría más joven del hospital Mount Sinai de Miami Beach, profesor en la Universidad de Miami y un respetado investigador en psicofarmacología con más de cuarenta trabajos científicos publicados.

Era, como él mismo reconoce, un escéptico empedernido. «He recorrido un largo camino desde el día en que, profesor de psiquiatría y escéptico empedernido, me di cuenta de que la vida humana es algo más maravilloso y profundo de lo que me había hecho creer incluso mi rigurosa formación médica», confesaría años después.

Catherine: la paciente que lo cambió todo.
La historia es bien conocida por quienes han leído su primer libro, «Muchas vidas, muchos maestros» (1988), pero merece contarse una vez más porque en ella reside la esencia de su transformación.
Catherine llegó a su consultorio con ataques de pánico, ansiedad y fobias que no respondía a los tratamientos convencionales .
Tras más de un año de terapia sin resultados significativos, Weiss decidió probar con hipnosis —una herramienta freudiana perfectamente aceptable— para ayudar a su paciente a recordar traumas infantiles. Pero Catherine, en lugar de retroceder a su niñez, fue mucho más lejos: se vio a sí misma en otro cuerpo, 4.000 años atrás .
«Al principio no consideré la vivencia de Catherine como una regresión», explica Weiss. Pero continuaron con la hipnosis porque los síntomas de ella mejoraban notablemente .
Lo que terminó de derribar su escepticismo ocurrió cuando Catherine, en trance, comenzó a darle información sobre su hijo Adam, que había fallecido a las tres semanas de vida por una malformación cardíaca, y sobre su padre, muerto dos años atrás. Datos médicos y personales que solo su esposa y él conocían .
«Catherine estaba en estado hipnótico profundo y así se había convertido en médium. Ella respondió: ‘De los espíritus maestros que están a mi alrededor y me lo dicen’.

Quince años de silencio
A pesar de la conmoción, Weiss no publicó su descubrimiento de inmediato. Pasó quince años investigando en silencio, acumulando casos, sometiendo a prueba sus hallazgos.
«Sabía que con tan sólo inferir algo, mis colegas me tomarían por demente», confiesa con una sonrisa cargada de picardía .

Cuando finalmente se armó de valor para publicar «Muchas vidas, muchos maestros», su vida profesional dio un vuelco.
El libro se convirtió en un bestseller inmediato, y su consultorio de Miami acumuló listas de espera de hasta cinco años. Llegó un momento en que dejar de recibir nuevos pacientes fue la única decisión sensata .
Desde entonces, ha publicado numerosas obras —»A través del tiempo» (1993), «Lazos de amor» (1997), «Los mensajes de los Sabios» (2001), «Muchos cuerpos, una misma alma» (2006), «Los milagros existen» (2012), entre otras— traducidas a decenas de idiomas.

La filosofía de un psiquiatra espiritual.
La propuesta de Weiss no es, como a veces se malinterpreta, un abandono de la psicología, sino una ampliación de su mirada. Él mismo se reconoce más cercano a Carl Jung que a Sigmund Freud: «Jung era un inconformista que se anticipó a su tiempo; comprendía lo misterioso, lo espiritual, lo intuitivo» .
Para Weiss, las psicoterapias convencionales, al carecer de raíces espirituales, no alcanzan a liberar la verdadera naturaleza de los seres humanos. «Lo que cura es la relación, no la técnica», insiste .
Su concepción de la reencarnación es sencilla y profunda a la vez: poseemos un alma inmortal que abandona el cuerpo en la muerte física y renace una y otra vez para aprender, para evolucionar, para acercarse a la realización espiritual . «Nuestras almas son eternas. El cuerpo no. Es como comprar un auto. Cuando el auto se gasta, bajamos y subimos a otro», explica con una metáfora deliberadamente simple .
En este viaje, las almas se agrupan, se reencuentran. «Todo está conectado. Las almas no tienen raza, religión, sexo o nacionalidad; son almas, una forma pura de energía amorosa», proclama . De ahí el éxito de libros como «Lazos de amor», donde narra la historia de dos desconocidos que, a través de regresiones independientes, descubren haber compartido múltiples existencias.

El método: la terapia de regresión
La hipnosis que utiliza Weiss no tiene nada que ver con el espectáculo o la pérdida de conciencia. «Es solamente una forma de fijar la concentración en un punto. No es nada misterioso. Sucede a menudo: por ejemplo, hay personas hipnotizadas cuando están leyendo un libro muy bueno y no escuchan el ruido del tránsito».
La regresión, por su parte, consiste en retroceder en el tiempo a través de los recuerdos. La hipnosis es la puerta; la regresión, el viaje. Y ese viaje permite acceder no solo a la infancia de esta vida, sino a existencias enteras vividas siglos atrás.

Weiss ha trabajado con más de cuatro mil pacientes en su consultorio de Miami y asegura que entre el 70% y el 80% de las personas pueden recordar alguna vida pasada. Las personas con fobias son las que más rápidamente logran resultados, probablemente porque esas fobias —al agua, al fuego, a las alturas— arrastran memorias de muertes traumáticas .
Pero el proceso no es doloroso. Existe una técnica llamada atenuación: «Quizás en la primera experiencia haga que llegues a un estado tal como si estuvieras flotando por encima de lo que pasó, separada de la situación, como si estuvieras observando o mirando una película» . El paciente mantiene siempre el control y puede interrumpir el trance cuando lo desee.

La experiencia personal: el terapeuta que también se somete.
Weiss no pide a sus pacientes nada que él no haya experimentado antes. En sus propias regresiones, se ha visto a sí mismo como un sacerdote en una cultura muy antigua —quizás Babilonia o Asiria, hacia el 800 o 900 antes de Cristo—, una persona poderosa que abusaba de su autoridad por ambición. En otra vida, fue un sacerdote católico en la Escocia medieval, enseñando sobre reencarnación y espiritualidad, por lo que fue torturado y asesinado .
«Me fui de un extremo al otro. En esta vida estoy buscando el equilibrio», reflexiona . Judío en esta existencia, ha sido católico, budista, hindú y poeta musulmán en otras. «Todos cambiamos de raza, de religión, de nacionalidad, de género. De todo, debemos aprender».

Como era de esperar, las tesis de Weiss han generado un intenso debate en la comunidad científica. Sus detractores —como los doctores Steven Novella y David Gorski, o el célebre escéptico James Randi— consideran que sus creencias carecen de base física y médica.

La explicación alternativa que ofrecen es la criptomnesia: la capacidad de la mente para hilvanar historias usando la imaginación, información olvidada y la sugestión del terapeuta. En el mundo escéptico, incluso se habla de la «enfermedad del Nobel», esa aflicción que lleva a algunos científicos eminentes a abrazar ideas sin respaldo científico en etapas avanzadas de su vida.

Weiss, sin embargo, no rehúye el debate. Su respuesta es simple y directa: «No es cuestión de creer, sino de vivenciar una experiencia para comenzar a creer. Mi abordaje sobre este tema es muy clínico. No tiene tanto que ver con creer o no, sino con pruebas. Para los que son escépticos o muy críticos de mi método, les recomiendo que se animen a experimentar para ver de qué se trata y que luego saquen sus propias conclusiones».

El presente: un hombre en busca del equilibrio
Hoy, con 81 años, Weiss sigue residiendo en Miami —desde 1974, simplemente porque el clima es más benévolo que el de Nueva York— y continúa viajando por el mundo dando conferencias y seminarios. Es invitado habitual en programas como los de Oprah Winfrey, Larry King o Coast to Coast AM .
Reconoce con humildad que aún le queda mucho por trabajar en su propio crecimiento. «La vida de alguna manera nos atrae a la rutina y nos olvidamos de lo esencial.
«Ahora sigue trabajando en confiar en la sabiduría del proceso. Para poder confiar en el proceso hay que estar lleno de compasión y paciencia porque se mueve a su propia velocidad y no a la que yo le quiero imponer. A veces me gustaría poder cambiar el mundo y tengo que dejar las cosas sigan su ritmo».

Una invitación a mirar más allá.
Quizás lo más valioso de la obra de Brian Weiss no sea la discusión sobre si la reencarnación existe o no —discusión que, por su propia naturaleza, escapa a la verificación científica convencional—, sino su invitación a adoptar una mirada más amplia sobre la existencia.

«Nos preocupamos demasiado por la impresión que les causamos a los demás o sobre cuánto dinero tenemos. Y todo eso es un tremendo error. Porque la felicidad viene desde dentro de uno; de saber disfrutar el momento presente. Sabemos que el amor puede curar, y que el estrés puede matar. Pero poco hacemos para aliviar nuestra mente».

En un mundo acelerado, atrapado entre el remordimiento por el pasado y la ansiedad por el futuro, la propuesta de este psiquiatra neoyorquino suena a antigua sabiduría: aprender del ayer, soltarlo y vivir plenamente el ahora. Para Weiss, esa es la única dirección que importa. «No es la velocidad, sino la dirección del camino que se elige».

Y en ese camino, el amor —esa energía que aún no hemos aprendido a aprovechar— es el mapa y el destino final.
«Más fuerte que cualquier bomba y más sutil que cualquier hierba», concluye. Solo falta atrevernos a usarlo.

Muy interesante y natural metodología de trabajo que utilizo y he vivido personalmente.
Un concepto muy Humanista de realizarse. Joan Ramón Miret editor. +34 675763503 T. joan@elperiodicodelapsicologia.info

EPP medio de comunicación especializado y Humanista ISSN 2696-0850 info@elperiodicodelapsicologia.info Humanistas

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