Por su redacción
Si preguntas en la calle, la mayoría diría «la esquizofrenia» o «los psicópatas». Y lo entiendo. Los medios nos han vendido durante décadas la imagen del enfermo mental descontrolado que ataca sin motivo. Pero paso doce horas al día en una consulta y, créeme, la realidad es mucho más incómoda y menos cinematográfica.
Aquí va mi respuesta: depende de qué entendamos por «peligro».
El peligro hacia uno mismo: el gran olvidado
Estadísticamente hablando, la enfermedad mental más letal para quien la padece es la anorexia nerviosa. Sí, esa que a veces disfrazamos de «estilo de vida» o «fuerza de voluntad». Tiene la tasa de mortalidad más alta de todos los trastornos psiquiátricos. Y no solo por el peso extremo: el suicidio es devastadoramente común en estos pacientes. El peligro aquí está en el silencio, en la normalización social del control extremo.
Pero si hablamos de autolesión y muerte prematura, el trastorno límite de la personalidad (TLP) tampoco se queda atrás. El 70% de los pacientes con TLP intenta suicidarse al menos una vez. La impulsividad, el vacío emocional y esa capacidad de sentir un infierno en cinco minutos lo convierten en un diagnóstico de alto riesgo.
¿Y si el peligro es para los demás?
Ahí la conversación se vuelve incómoda. La mayoría de las personas con trastornos mentales graves no son violentas. Lo repito siempre: el enfermo mental tiene muchas más probabilidades de ser víctima que verdugo.
Pero existe una excepción parcial: el trastorno antisocial de la personalidad (lo que popularmente llamamos psicopatía). La frialdad emocional, la ausencia total de remordimiento y la capacidad de manipulación pueden generar un daño enorme a su alrededor. ¿Asesinatos en serie? Son rarísimos. ¿Ruina económica, violencia doméstica instrumental, abuso psicológico sistemático? Eso es el pan de cada día en muchas familias que atiendo.
Aquí el peligro no es que «pierdan el control». Nunca lo pierden. El peligro es que no les importa nada ni nadie.
El caso trampa: esquizofrenia y delirio de peligro
Con la esquizofrenia, cuidado. No es peligrosa por sí misma. Lo es cuando se combina con el consumo de sustancias y la falta de tratamiento. Un paciente con delirios persecutorios que cree de verdad que le están envenenando y que además bebe alcohol o toma cocaína puede reaccionar con violencia defensiva. Pero insisto: la inmensa mayoría no lo hace. El estigma aquí mata más que los síntomas.
Entonces, ¿cuál es la más peligrosa? Si me aprietas, yo diría que el trastorno mental grave sin tratamiento, sin red de apoyo y con mala conciencia de enfermedad. Da igual la etiqueta: un trastorno bipolar en fase maníaca con ideas delirantes, una depresión psicótica o una esquizofrenia desorganizada pueden volverse muy peligrosas… para el paciente y, en contadas ocasiones, para otros.
Pero si tuviera que elegir una sola, me quedo con el trastorno antisocial de la personalidad comórbido con abuso de sustancias. Ahí tienes frialdad, impulsividad y desinhibición. Esa mezcla puede hacer mucho daño. Y lo peor: el sistema suele detectarlos cuando ya es tarde.
Conclusión incómoda
El peligro real de la salud mental no suele estar en los diagnósticos que salen en las series. Está en el abandono, en la falta de recursos, en el paciente que se queda sin medicación porque no llega a fin de mes. La enfermedad mental más peligrosa no es la que tiene peores síntomas; es la que no se trata a tiempo.
Y esa, amigos, es una responsabilidad colectiva, no solo clínica.
Artículo revisado por el Consejo Asesor de www.elperiodicodelapsicologia.info
Si tienes pensamientos suicidas o crees que puedes suponer un peligro para otros, acude a urgencias de tu hospital más cercano. No estás solo, pero necesitas ayuda profesional ahora.
El Periódico de la Psicología www.elperiodicodelapsicologia.info medio de comunicación especializado y Humanista +34 675763503 Tel info@elperiodicodelapsicologia.info