¿Alimentación y cerebro conectados?

Cuántas veces hemos oído decir ” estoy decaído, no tengo hambre. Es como si tuviera un nudo en el estómago” o, ” que nervios, me comería una vaca”, cuantas veces, en momentos de estrés, nos ha apetecido algo dulce.

Hasta hace poco creía que eran simples frases hechas, pero cada vez hay más estudios en los que se confirma que no son tan simples, sino que nuestro cerebro y nuestro estómago están conectados entre ellos.
Antiguamente se creía que el cerebro era el único director de orquesta del resto de órganos del cuerpo humano enviando la información por medio de los nervios.
Actualmente se habla de un “segundo cerebro” igual o más importante (según hables con psiquiatras, psicólogos, dietistas-nutricionistas).

Personalmente, creo que ambos se necesitan y pueden complementarse: un cerebro sano ayudará a tener un cuerpo sano a la vez que, un cuerpo sano ayudará a mantener una mente sana.
Microbiota, emociones, neurotransmisores, estrés…todo está conectado y, por medio de la alimentación, podemos ayudar a que esta conexión sea más eficaz y aprovechada por nuestro organismo.

Existe una relación permanente entre el intestino y el cerebro. El sistema nervioso está en constante comunicación con el tubo digestivo, al igual que el tubo digestivo lo está con el cerebro. Hay una conexión bidireccional.

En nuestro intestino existen millones de neuronas que, de manera autónoma, producen una cantidad de neurotransmisores que regulan algunos procesos fisiológicos. Es lo que se conoce como sistema nervioso enérgico, una parte del sistema nervioso encargado de “controlar” el aparato digestivo.
El sistema nervioso enérgico está comunicado con el sistema nervioso central a través de los sistemas simpático y parasimpático.

El intercambio de comunicación entre intestino y cerebro se realiza a través de tres vías:

Vía neural: las bacterias del intestino se comunican con el cerebro a través de la producción de neurotransmisores.
Vía inmunológico: la microbiana puede tener un efecto directo sobre el sistema inmune
Vía endocrina: el triptófano es un aminoácido esencial precursor de la serotonina.
Se ha podido comprobar que esta comunicación se ve alterada cuando se produce un desequilibrio en la flora intestinal (microbiota) ya que este desequilibrio puede desembocar en una inflamación que interrumpe esta comunicación. Por lo que, mantener un buen ecosistema microbiano puede ayudar que tengamos una mejor adaptación al estrés.

Marina Formatjer
Técnico superior en dietética. Socia Asnadi num. 1332
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