¿Qué es el trastorno bipolar?

El trastorno bipolar (TB) es uno de los trastornos de salud mental más comunes, llegando a afectar alrededor del 1 y el 2% de la población. Es considerado como una enfermedad crónica y con síntomas muy debilitantes que pueden tener efectos profundos tanto en los pacientes como en sus cuidadores.

Normalmente comienza en la adolescencia o en la adultez temprana y puede tener efectos adversos de por vida sobre la salud física y mental, el funcionamiento educativo y ocupacional y las relaciones interpersonales del paciente(McCormick, 2015). La mayoría de los pacientes con trastorno bipolar pueden tener una vida normal con medicamentos recetados, sin embargo, casi un tercio de los pacientes se resisten al tratamiento.

Comorbilidades o enfermedades asociadas
Los pacientes con TB también tienen probabilidades de tener otras comorbilidades psiquiátricas como, por ejemplo: abuso de sustancias, trastorno de la personalidad y trastorno de ansiedad, incluido el trastorno por estrés postraumático.

Al igual que otras comorbilidades medicas como: obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y hepatitis. Una comorbilidad que se ha venido reconociendo ampliamente, es la apnea obstructiva del sueño; la cual provoca alteraciones del sueño que pueden desencadenar episodios del estado de ánimo.

Características
Los pacientes con TB presentan inestabilidad emocional y pueden experimentar cambios de humor extremos que incluyen altibajos recurrentes en el estado de ánimo caracterizados por síntomas maníacos y depresivos, que se intercalan con períodos de estado de ánimo relativamente normales (eutimia).

Cuando el paciente se deprime, puede sentirse triste o desesperanzado y perder interés o placer en la mayoría de las actividades. Cuando su estado de ánimo cambia a manía o hipomanía (menos extrema que la manía), puede sentirse eufórico, lleno de energía o inusualmente irritable.

Los cambios de humor pueden afectar el sueño, la energía, la actividad, el juicio, el comportamiento y la capacidad de pensar con claridad.
La duración de los episodios del estado de ánimo es muy variable, tanto entre pacientes como en un paciente individual a lo largo del tiempo, pero, en general, un episodio hipomaníaco puede durar de días a semanas; un episodio maníaco dura de semanas a meses y un episodio depresivo puede durar meses, semanas o años.

También te puede interesar Adolescentes y adultos jóvenes: Afrontando el duelo por la muerte de los padres
Los estudios a largo plazo muestran que los pacientes con TB, independientemente del subtipo, experimentan episodios sintomáticos de depresión con mayor frecuencia y durante más tiempo que los episodios maníacos o hipomaníacos (Valente y Kennedy, 2010).

¿Cómo se clasifica el trastorno bipolar?
La clasificación de los diferentes subtipos de trastornos bipolares se realiza en función de la gravedad y frecuencia de los episodios. Otros subtipos además del trastorno bipolar I y bipolar II son el ciclo rápido: más de 4 episodios de manía, depresión, hipomanía o estado mixto en un año; y ciclotimia: síntomas hipomaníacos y depresivos durante un período de dos años.

El trastorno bipolar Tipo I: afecta a ambos sexos por igual. Se caracteriza por la presencia de al menos un episodio de manía.El trastorno bipolar Tipo II: afecta más a las mujeres y se caracteriza por al menos un episodio de hipomanía y depresión.

La principal distinción entre manía e hipomanía es la gravedad de los síntomas maníacos. La manía produce un deterioro funcional grave y puede manifestarse como síntomas psicóticos y, a menudo, requiere hospitalización.

Áreas más afectadas
Las anomalías cognitivas están presentes en todas las fases de la enfermedad, y suelen notarse más durante los episodios agudos (Kurtz y Gerraty, 2009). El nivel de afectación de las áreas puede ir de moderado a alto, e incluye un deterioro en:

La atención.
El aprendizaje verbal.
La memoria.
Las funciones ejecutivas.
La inteligencia premórbida, aunque, parece conservarse.
Algunos dominios de la cognición social incluso durante los períodos de remisión.
El área neurocognitiva, en el 40% y el 60% de los pacientes.
Tratamiento y prevención del trastorno bipolar
El diagnóstico temprano del trastorno puede conducir a un inicio más temprano de una terapia eficaz y puede ayudar a cambiar el resultado de la enfermedad evitando daños potencialmente irreversibles en los pacientes; ya que las fases tempranas pueden responder mejor al tratamiento y pueden necesitar terapias menos agresivas.

La aceptación de un diagnóstico de trastorno bipolar puede ser muy difícil y a menudo la aceptación de la enfermedad ocurre con el tiempo. Esto puede deberse al estigma social que genera el tener una enfermedad mental; por esto es fundamental hablar del diagnóstico con el paciente de una manera clara y abierta y diseñar las bases de un tratamiento que sea eficaz.

1. Tratamiento farmacológico
El tratamiento farmacológico es fundamental para el manejo exitoso de los síntomas. El tratamiento de mantenimiento, se enfoca en prevenir las recurrencias de los episodios del estado de ánimo. En los episodios agudos, el objetivo es la reducción de los síntomas, con el objetivo final de la remisión completa

Dentro de los medicamentos estabilizadores del estado de ánimo, se encuentra que el Litio, el valproato de sodio, el cual es el estabilizador del estado de ánimo más utilizado, también la lamotrigina y carbamazepina; y los antipsicóticos atípicos y antidepresivos convencionales.

Desafortunadamente, no existe un tratamiento farmacológico bien establecido para el deterioro cognitivo. Sin embargo, existen diferentes fármacos con efectos beneficiosos como por ejemplo algunos inhibidores de colinesterasa, antagonistas del receptor de glutamato, antagonistas del receptor de glucocorticoide, agonistas dopaminérgicos, insulina intranasal, algunos antioxidantes etcétera (Sole, B., et. al., 2017).

2. Terapia Electroconvulsiva (TEC)
Uno de los estudios más grandes realizado entre el año 2006 y el 2019 con 670 pacientes con trastorno bipolar intratable, demostró que la terapia electroconvulsiva puede reducir el riesgo de suicidio y permitir que la mayoría de los pacientes afectados y resistentes al tratamiento regresen a una vida más normal (Giulio E. B., et al., 2020).

La TEC se utiliza para la depresión mayor, pero mucho menos para las otras fases del trastorno bipolar, especialmente para los denominados estados mixtos. Se administra bajo anestesia general y el principal efecto secundario es una posible pérdida transitoria de la memoria reciente. Normalmente se administra de 2 a 3 veces por semana, y son necesarios de 6 a 16 tratamientos para mostrar un efecto positivo (Giulio E. B., et al., 2020).

3. Tratamientos psicosociales
Los tratamientos psicosociales, incluidas las psicoterapias individuales, así como las terapias grupales educativas y de apoyo, forman parte integral del tratamiento, y tienen como objetivos educar al paciente sobre la enfermedad y promover el autocuidado.

Entre los tratamientos psicosociales, la evidencia más sólida de efectividad es la psicoeducación grupal de los pacientes y sus cuidadores (Colom et al.,2009). Los beneficios a largo plazo de este enfoque, incluyen una reducción de los días con síntomas y los días de hospitalización (Colom et al., 2009).

4. Terapia cognitivo-conductual
Su objetivo es reducir los síntomas depresivos y aumentar o restaurar el funcionamiento psicosocial a través de varias estrategias y técnicas neurocognitivas. Las técnicas están diseñadas específicamente para afrontar la vida diaria y abordar los principales déficits neurocognitivos asociados al trastorno bipolar como, por ejemplo: la atención, la memoria y las funciones ejecutivas.

La intervención incluye psicoeducación y tareas de formato tanto individual como grupal en un entorno ecológico adecuado, de tal manera que se pueda establecer una conexión entre las habilidades y las estrategias aprendidas en situaciones de la vida cotidiana de los pacientes como, por ejemplo, e l trabajo.

5. Terapia de ritmo social e interpersonal.
La terapia de ritmo social e interpersonal es una intervención diseñada para aumentar la regularidad de las rutinas diarias de los pacientes y se basa en el concepto de que la interrupción de los ritmos circadianos es una característica subyacente de los trastornos del estado de ánimo (Frank, Swartz y Boland, 2007). Estas terapias pueden ayudar a los pacientes a mejorar la adherencia a su medicación, mejorar su capacidad para reconocer los desencadenantes de los episodios del estado de ánimo y desarrollar estrategias para una intervención temprana.

6. Grupos de apoyo
El trastorno bipolar afecta todos los aspectos de la vida del paciente, provocando graves trastornos en las relaciones, el empleo y la educación. Por esto, es muy útil e importante que el paciente participe en grupos, ya que el intercambio de experiencias le permitirá descubrir que no son los únicos, que hay otras personas con experiencias similares, que hay esperanzas de recuperación, estabilidad y la posibilidad de tener una vida satisfactoria.

Se ha demostrado que la combinación de algún tipo de psicoterapia individual o grupal junto con la terapia farmacológica, reducen significativamente las tasas de recaída (Scott, Colom y Vieta, 2007) y son más eficaces para abordar este tipo de trastorno.

Dra. María Nancy Castrillón
www.nancycastrillon.com

EL PERIÓDICO DE LA PSICOLOGÍA – www.elperiodicodelapsicologia.info – info@elperiodicodelapsicologia.info
Teléfono: +34 675763503

Fotografía del libro: Entre dos mundos. Mas allá de los trastornos mentales. May Gonzales Marques. Editorial Miret – www.mireteditorial.info

Deja un comentario