Se dispara un 400% en 10 años la prescripción de antidepresivos en Catalunya

El aumento de problemas de salud mental y la falta de psicólogos clínicos en el sistema sanitario multiplican el consumo de fármacos
Seis psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes
«Cada vez estamos más estresados y somos más autoexigentes»

La prescripción de antidepresivos se ha disparado un 400% en 10 años en Catalunya. Es uno de los datos extraídos de un estudio publicado recientemente en la Revista de Psiquiatría y Salud Mental, y realizado por varios investigadores expertos en la materia. Uno de los autores, Eduard Vieta, profundiza, en una conversación telefónica con este periódico, en el aumento de casos diagnosticados de depresión y ansiedad, las causas, y los agujeros del sistema de salud público, donde el número de psicólogos clínicos es «insuficiente» para atender la creciente demanda de atención terapéutica.

Los variables asociadas con un «mayor riesgo» de prescripción fueron el sexo femenino, la edad avanzada y un nivel socioeconómico bajo, según concluye el estudio, que se basa en una muestra de un millón de personas.

El pasado 14 de febrero, se hizo viral una carta a la directora de El País, en la que una mujer narraba que había ido a la farmacia a comprar el antidepresivo que le había recetado el médico y que, al salir, le invadió «una sensación de vergüenza y debilidad». «La rapidez para acceder a un blíster de pastillas y la dificultad económica de pagar un psicoterapeuta me aterran. No quiero estar a 3,41 euros de sentirme mejor. Quiero que me escuchen», concluía.

El coste medio de una sesión en España se sitúa en 51 euros la hora, según una investigación del sitio web MundoPsicólogos, aunque la tarifa varía en función de la comunidad autónoma. En Barcelona puede alcanzar los 61 euros y en Madrid los 66. Una cantidad que no todo el mundo puede permitirse. Por otro lado, la falta de psicólogos clínicos en el sistema sanitario –que ofrece citas cada mes y medio de media– provoca que, en muchas ocasiones, se recurra a la prescripción de fármacos para tratar los problemas de salud mental.

«Sobre todo en [atención] primaria, que hay poco tiempo para atender al paciente, es relativamente más sencillo hacer una receta que pedir hora para un psicólogo, que a lo mejor te la dan para dentro de un año. No se puede esperar un año cuando uno está mal», reflexiona Vieta, director científico del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (Cibersam).

Seis psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes
En el XXII Congreso de la Confederación de Salud Mental celebrado en mayo, la reina Letizia alertó sobre la falta de psicólogos y psiquiatras: «España tiene solo seis psicólogos clínicos y once psiquiatras por cada 100.000 habitantes, porcentajes muy por debajo de las medias europeas». Cada año salen algo más de 200 plazas de psicólogos internos residentes (PIR), y para llegar a los estándares europeos harían falta más del doble.

El sistema sanitario, valora Vieta, es «generoso» a la hora de asumir el coste de los antidepresivos, pero es «muy rácano» con la psicoterapia. De los 46.000 millones de euros anuales que invierte España en salud mental, el 47% se destina a pagar los medicamentos prescritos por la Seguridad Social y las bajas laborales por estrés y ansiedad.

El consumo de antidepresivos ha aumentado un 249% desde el año 2000 en todo el país, según indican los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Durante el 2022, el consumo de dosis diarias por cada 1.000 habitantes llegó a las 98,4, lo que supuso un aumento del 6% respecto a 2021.

«¿Es excesiva la prescripción de antidepresivos?», se pregunta Vieta. «Asumimos que es una barbaridad, pero no lo sabemos con exactitud, ya que existe una prevalencia de trastornos depresivos y ansiosos», reflexiona. Aunque matiza que resulta imposible asegurar si todos los que se están tratando con fármacos deberían recibir realmente la medicación, o sería más conveniente que acudieran a terapia.

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«Cada vez estamos más estresados y somos más autoexigentes»
En el informe Uso excesivo de antidepresivos en atención primaria: Tendencias de prescripción entre 2010 y 2019 en Cataluña, los investigadores cifran en un 45% el incremento de patologías, como depresión o ansiedad, durante la última década. Vieta relaciona este aumento con cambios en el estilo de vida, especialmente en nuestra cultura y en países como España, donde «la gente va estresada y es menos resistente que antes, porque el nivel de exigencia ha aumentado y las expectativas también. Hay una mayor frustración».

El último estudio de la Confederación de Salud Mental España recoge que el 40% de la población cree que su salud mental no es buena. De los problemas que padecen estas personas, entre el 11% y el 27% se pueden relacionar con estrés e inestabilidad laboral en un contexto de crisis económica y época post pandemia. La adicción a las pantallas también genera ansiedad, depresión y problemas de autoestima, especialmente en los jóvenes y adolescentes.

Las cifras son desalentadoras. Según un informe de Fundamed de 2021, casi tres millones de personas han sido diagnosticadas con depresión en España, y, en 2022, se registró un nuevo récord de suicidios, con un total de 4.097, de los que 345 eran menores de 30 años y 12 eran niños.

En diciembre, el Congreso de los Diputados aprobó el Pacto de Estado por la salud mental sin votos en contra. El acuerdo pretende reforzar la salud mental de la infancia, adolescencia y juventud aumentando el número de especialistas en esta materia para reducir los tiempos de espera, así como desarrollar un plan con medidas orientadas a prevenir el suicidio juvenil.

Estigmatización del fármaco
El hecho de que se haya disparado la prescripción de antidepresivos no quiere decir que, en ciertos casos, como las depresiones más graves, no sean necesarios para el tratamiento del paciente. «Hay mucha estigmatización», señala Vieta. «Muchas personas no quieren fármacos porque piensan que lo van a resolver ellos mismos, que crean dependencia… y muchas leyendas urbanas». Para el científico, lo importante es que el sistema sanitario realmente pueda distinguir cuál es el tratamiento menos invasivo y el más adecuado para cada caso.

Las terapias, explica Vieta, funcionan bien para los casos leves. «La mayoría de pacientes sí que busca hablar y que le orienten». Incluso, muchas veces, el tratamiento farmacológico y la psicoterapia son complementarios. «De alguna manera, el antidepresivo aumenta y mejora el tono vital y las fuerzas para encarar los problemas, y la psicoterapia es como la hoja de ruta para salir de la depresión».

Los antidepresivos, como la sertralina, fluoxetina, citalopram, paroxetina, que son los más consumidos, los que se recetan en la primaria y los más baratos, lo que hacen es aumentar los niveles de serotonina –neurotransmisor muy relacionado con el control de las emociones y el estado de ánimo– del cerebro. No generan adicción. En algunos casos pueden provocar efectos adversos, como estreñimiento, aumento de peso o disfunción sexual, entre otros, pero depende de cada paciente.

Mayor preocupación por el consumo de benzodiazepinas
Vieta asegura que el consumo de benzodiazepinas –como el diazepam y el lorazepam– supone un problema mayor que los antidepresivos, ya que sí pueden generar adicción. «Son ansiolíticos, están regulados y en teoría no se venden sin receta, pero, por algún motivo, la gente los consigue», apunta. España se ha convertido en la nación que más benzodiacepinas toma a nivel mundial, según datos de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes.

Fuente: Revista Psiquiatría y Salud Mental

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