La oxitocina y su relación con el autismo y la esquizofrenia

Desde hace muchos años, la ciencia ha estudiado el efecto de la oxitocina en el enamoramiento, el vínculo materno-filial y la química de las relaciones sexuales. No obstante, investigaciones posteriores han descubierto que la llamada “hormona del amor” no sólo desempeña un rol fundamental en la construcción y conservación de nexos emocionales a lo interno de una pareja o grupo familiar, también juega un papel importante en nuestra apertura social, un elemento que podría ser la clave para tratar con mayor eficacia condiciones como el autismo y la esquizofrenia.

El autismo es un trastorno neurológico que forma parte de un grupo de patologías conocido como Trastornos del Espectro Autista. Las personas con autismo presentan, en mayor o menor grado, un comportamiento caracterizado por dificultades de comunicación o aislamiento social, patrones de conducta repetitivos, contacto visual limitado e intereses focalizados en temas como los números, las estadísticas y detalles en las formas u objetos.
En un estudio publicado por la revista Nature, un grupo de investigadores encabezado por el doctor Robert Malenka halló que el uso de oxitocina en conjunto con dosis pequeñas de antidepresivos podría ser una fórmula muy eficaz para el tratamiento de patologías como el autismo y la esquizofrenia.

La investigación se llevó a cabo mediante la observación y análisis del funcionamiento cerebral de una muestra de ratones machos (caracterizados por mostrar un comportamiento altamente social). “A los ratones les gusta pasar el rato con los demás, como nosotros”, indica Robert Malenka, quien a su vez explica que esto no ocurre en individuos diagnosticados con autismo.

“Las personas con trastornos del espectro autista no experimentan lo mismo que experimentamos nosotros cuando estamos con amigos. Para ellos, la interacción social puede ser incluso dolorosa, así que nos preguntamos: ¿qué tiene que pasar en el cerebro para que disfrutemos la compañía de los demás?”.
Los resultados del estudio señalan que el cerebro de los ratones, al igual que el nuestro, posee receptores de oxitocina en un sitio clave llamado núcleo accumbens (relacionado con el placer, la risa, los sistemas de recompensa, el miedo y la agresión) y que, al bloquearse estos receptores, disminuye la interacción social. Sin embargo, también se encontró que dicho bloqueo afecta la liberación de serotonina (cuyos bajos niveles se vinculan estrechamente con la depresión), de modo que es la acción combinada de la oxitocina y la serotonina lo que causa una mayor o menor apertura social.

La esquizofrenia es un trastorno mental crónico que afecta el modo en que una persona siente, piensa y se comporta. Quienes presentan esta condición actúan a partir de un estado de desconexión con la realidad, pudiendo llegar a sufrir alucinaciones, delirio, pensamiento disfuncional y problemas de destreza motora.
El papel de la serotonina en la regulación del estado de ánimo era un factor conocido. Antidepresivos de gran consumo como el Prozac son, en realidad, fármacos que funcionan como recaptadores de serotonina para aumentar su disponibilidad en regiones importantes del cerebro. No obstante, los hallazgos sugieren que la inclusión de la oxitocina en el tratamiento del autismo y la esquizofrenia podría agilizar los resultados.

Otras investigaciones han reportado cierta mejora en el comportamiento social y afectivo de niños con autismo tratados a corto plazo con dosis de oxitocina en forma de spray nasal, pero los resultados han sido inconsistentes y algunos expertos advierten del peligro que podría suponer este tratamiento aplicado a largo plazo, ya que, en experimentos de laboratorio, utilizar este método de manera prolongada ha ocasionado una disminución en la producción natural de oxitocina.

Tanto el autismo como la esquizofrenia son trastornos complejos cuya causa aún no se ha definido con claridad. Se estima que, en ambos casos, el riesgo de sufrir alguna de estas patologías aumenta en personas con antecedentes familiares. En el caso de la esquizofrenia, parecen influir especialmente la malnutrición después del nacimiento, problemas de parto, exposición a virus y factores psicosociales como un ambiente dominado por una figura autoritaria y excesivamente crítica en combinación con una predisposición genética.

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