¿Por qué parece triunfar la maldad y la injusticia? Una mirada desde la psicología y el Humanismo

El Periódico de la Psicología www.elperiodicodelapsicologia.info medio de comunicación especializado y Humanista

¿Por qué parece triunfar la maldad y la injusticia?
Una mirada desde la psicología y el humanismo

A lo largo de la historia, y también en la vida cotidiana, surge una pregunta incómoda y persistente: ¿por qué con tanta frecuencia parece que la maldad, la injusticia o el abuso de poder obtienen recompensa, mientras que la honestidad y la bondad quedan relegadas o incluso castigadas?

Desde la psicología, esta percepción no es ingenua ni exagerada. Tiene raíces profundas en cómo funciona la mente humana, las estructuras sociales y los sistemas de poder.

La maldad no siempre “triunfa”, pero sí se nota más
Nuestro cerebro está especialmente diseñado para detectar amenazas. Evolutivamente, prestar más atención al daño que al bien aumentaba las probabilidades de supervivencia. Esto provoca un sesgo de negatividad: los actos injustos impactan más, permanecen más tiempo en la memoria y generan mayor carga emocional que los actos justos, que suelen ser silenciosos.

El bien cotidiano —personas que cuidan, cooperan, sostienen— rara vez ocupa titulares, pero constituye la base real de la convivencia humana.

El poder sin ética se mueve más rápido que la conciencia
La psicología social ha mostrado que quienes carecen de empatía, culpa o escrúpulos morales suelen tener ventajas tácticas a corto plazo. Manipulan, mienten o explotan sin el freno interno que limita a la mayoría.

Esto no los hace más inteligentes ni más fuertes, pero sí más rápidos en sistemas que premian el resultado inmediato y no el impacto humano. El problema no es solo individual, sino estructural: cuando las instituciones no protegen la ética, la injusticia se vuelve funcional.

El miedo y la pasividad sostienen la injusticia
Muchas injusticias persisten no porque la mayoría las apruebe, sino porque el miedo paraliza: miedo a perder el trabajo, a ser excluido, a quedar solo. Experimentos clásicos como los de Milgram o Asch muestran hasta qué punto personas comunes pueden obedecer o callar frente al daño si sienten presión social o autoridad.

La maldad raramente actúa sola: necesita silencio, normalización y cansancio moral.

Confundimos éxito con valor
Vivimos en culturas que equiparan éxito con visibilidad, dinero o dominio. Desde esta lógica, quien “gana” parece tener razón. Sin embargo, desde una perspectiva psicológica y humanista, el verdadero éxito está relacionado con la integridad, la coherencia interna y la capacidad de generar bienestar colectivo.

La injusticia puede ganar batallas visibles, pero suele perder algo esencial: la estabilidad psíquica, la confianza social y la sostenibilidad a largo plazo.

El bien es más lento, pero más profundo
La psicología del desarrollo y la neurociencia social muestran que la empatía, la cooperación y el cuidado son capacidades naturales del ser humano. No son ingenuas: requieren aprendizaje, esfuerzo y valentía. Por eso avanzan más despacio, pero también construyen raíces más sólidas.

Las sociedades que sobreviven no son las más crueles, sino las que logran regular la agresión y proteger la dignidad.

Una mirada de futuro
Que la injusticia sea visible no significa que sea invencible. Cada vez comprendemos mejor los mecanismos psicológicos que la sostienen, y esa comprensión es una forma de poder. Educar en pensamiento crítico, empatía y responsabilidad emocional no es un ideal abstracto: es prevención psicológica y social.

El humanismo no niega la existencia del mal; se niega a aceptarlo como destino.

Tal vez la pregunta no sea solo por qué a veces triunfa la injusticia, sino qué tipo de triunfo queremos reconocer como humanidad.

EL PERIÓDICO DE LA PSICOLOGÍA www.elperiodicodelapsicologia.info ISSN 2696-0850 medio de comunicación especializado Teléfono: +34 675763503

Deja un comentario