Por qué ganar autoestima no es un logro sino un regreso

El arte de habitarse: Por qué ganar autoestima no es un logro, sino un regreso. Vivimos en la era del rendimiento, un espacio donde incluso el bienestar se ha transformado en una tarea pendiente. Nos bombardean con manuales de instrucciones sobre cómo querernos más, afirmaciones frente al espejo que se sienten vacías y mandatos de optimismo que, a menudo, solo consiguen aumentar nuestra sensación de insuficiencia. Nos hemos creído el mito de que la autoestima es una cumbre a la que se llega tras acumular méritos, éxitos o una seguridad imperturbable. Pero, ¿y si estuviéramos buscando en la dirección equivocada?

Redacción Barcelona www.elperiodicodelapsicologia.info

La psicología de corte humanista nos invita a cambiar radicalmente la perspectiva. Ganar autoestima no consiste en construir un personaje fuerte, blindado y exitoso para exhibir ante el mundo. Consiste, en realidad, en un acto mucho más silencioso, íntimo y revolucionario: el proceso de regresar a nosotros mismos y aprender a habitarnos sin condiciones.

La trampa de la valía condicional. Solemos tratar nuestra autoestima como una moneda de cambio. Nos concedemos el derecho a sentirnos valiosos solo si cumplimos ciertas expectativas: si somos productivos, si agradamos a los demás, si no cometemos errores o si mantenemos una imagen impecable. Esta es la valía condicional, un terreno profundamente inestable donde nuestra identidad depende del último aplauso o del último tropiezo.

Cuando ligamos el amor propio a los resultados, nos convertimos en nuestros jueces más severos. El verdadero viraje comienza cuando entendemos que el valor de una persona no es algo que se gane o se pierda según las circunstancias. Es inherente. Una autoestima sana no nace de convencerse de que uno es perfecto, sino de aceptar la propia vulnerabilidad y comprender que nuestra humanidad —con todas sus luces, dudas y costuras abiertas— es digna de respeto y cuidado desde este mismo instante.

De la autocrítica feroz a la mirada compasiva. El diálogo que mantenemos en la intimidad de nuestros pensamientos es el molde que da forma a nuestro autoconcepto. Si prestamos atención, descubriremos que a menudo nos hablamos con una dureza que jamás emplearíamos con un amigo. Nos exigimos certezas donde hay confusión y nos castigamos por sentir miedo o tristeza.

Frente a la tiranía del pensamiento positivo impostado, el camino humanista propone la autocompasión. No se trata de caer en la autocomplacencia o la resignación, sino de desarrollar una presencia interna amable. Implica aprender a mirarnos en los días grises no como un problema que urge solucionar, sino como alguien que sufre y necesita comprensión. Cuando sustituimos el látigo de la crítica por la curiosidad de comprender qué nos pasa, la presión disminuye y la autoestima encuentra espacio para enraizar.

Reclamar la autoría de nuestra historia. Ganar autoestima requiere también un ejercicio de honestidad y desobediencia. Significa dejar de mirar hacia fuera para averiguar quiénes deberíamos ser y empezar a escuchar hacia dentro para descubrir quiénes somos. Esto implica validar nuestras propias necesidades, aprender a poner límites que nos protejan y asumir que decepcionar las expectativas ajenas es, a veces, el precio inevitable para no traicionarnos a nosotros mismos.

Al final, el amor propio no es un estado estático de felicidad idílica, sino una práctica diaria de lealtad hacia uno mismo. No se encuentra en las metas alcanzadas, sino en la forma en que nos acompañamos a lo largo del camino. Ganar autoestima es, simplemente, dejar de exigirnos ser perfectos para empezar a permitirnos ser reales.


EL PERIÓDICO DE LA PSICOLOGÍA www.elperiodicodelapsicologia.info medio de comunicación especializado y Humanista ISSN 2696-0850 Telefono +34 625958660 info@elperiodicodelapsicologia.info

Deja un comentario