Cada vez escuchamos hablar más del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), tanto en las escuelas como en las consultas de psicología y en las conversaciones familiares. También hay más adultos que se preguntan si las dificultades de atención, la impulsividad o la inquietud que les han acompañado durante años podrían tener una explicación. Pero ¿está aumentando realmente el número de personas con TDAH en Europa o estamos aprendiendo a reconocer una realidad que antes pasaba inadvertida?
Redacción Barcelona El Periódico de la Psicología
La investigación ofrece una respuesta que invita a la prudencia: los diagnósticos y el uso de tratamientos han aumentado, pero no existen pruebas concluyentes de que la proporción de la población que presenta TDAH haya crecido de manera significativa en los últimos años.
Una pregunta que merece una respuesta rigurosa. El TDAH es una condición del neurodesarrollo que puede afectar a la atención, la regulación de los impulsos y la actividad. En algunas personas sus manifestaciones son evidentes desde la infancia; en otras, especialmente cuando los síntomas se han interpretado durante años como despistes, desorganización o falta de esfuerzo, el reconocimiento llega mucho más tarde.
El debate sobre su aumento ha vuelto a cobrar actualidad en Europa. El 12 de octubre de 2026, una información difundida por el Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología abordó precisamente esta cuestión: el incremento de las derivaciones, los diagnósticos y los tratamientos no demuestra, por sí solo, que haya aumentado la frecuencia real del trastorno en la población. La profesora Anita Thapar destacó el papel de una mayor conciencia social y de los cambios en el reconocimiento clínico, sin descartar que todavía existan personas sin diagnosticar. Fuente: European College of Neuropsychopharmacology.
La diferencia es importante. Una sociedad puede registrar más diagnósticos porque ha mejorado su capacidad para detectar una condición que antes no identificaba. También puede ocurrir que determinados cambios sociales, educativos o sanitarios incrementen las consultas. Para saber si realmente hay más casos, necesitamos estudios que midan la prevalencia mediante criterios comparables a lo largo del tiempo.
¿Qué dice la investigación científica? Una revisión sistemática publicada en noviembre de 2025 en el Journal of Affective Disorders analizó estudios sobre la prevalencia e incidencia del TDAH posteriores a 2020. Los investigadores revisaron 40 estudios realizados en 17 países, además de un estudio que abarcaba 42 países.
Su conclusión fue prudente: no encontraron pruebas concluyentes de un aumento significativo de la prevalencia del TDAH después de la pandemia. Sin embargo, señalaron importantes limitaciones en la calidad de los datos disponibles y reclamaron más investigación. Solo cuatro de los estudios revisados presentaban un riesgo de sesgo bajo.
Esto no significa que podamos afirmar que la situación permanece invariable en todos los lugares. Significa que, con los datos disponibles, no es posible demostrar que exista un aumento generalizado de la frecuencia real del trastorno.
La investigación también obliga a distinguir entre prevalencia —la proporción de personas que presentan TDAH— e incidencia, que se refiere a los nuevos casos registrados durante un periodo determinado. Ninguna de estas medidas debe confundirse automáticamente con el número de diagnósticos emitidos.
Referencia científica: The changing prevalence of ADHD? A systematic review, Journal of Affective Disorders, 2025.
Los tratamientos aumentan, especialmente entre los adultos. Aunque no se haya demostrado un incremento significativo de la prevalencia, sí existen datos que muestran un aumento claro del uso de medicamentos para el TDAH.
Un estudio publicado en The Lancet Regional Health – Europe en febrero de 2026 analizó los registros sanitarios de cinco países: España, Alemania, Bélgica, Países Bajos y Reino Unido. La investigación examinó la evolución del uso de medicamentos entre 2010 y 2023.
Los resultados mostraron un aumento del uso de estos tratamientos en los cinco países, aunque con diferencias importantes entre ellos. El crecimiento fue especialmente destacado entre la población adulta y, dentro de este grupo, entre las mujeres.
En el Reino Unido, por ejemplo, la proporción de personas mayores de 25 años que utilizaban medicación para el TDAH pasó de aproximadamente el 0,01 % en 2010 al 0,20 % en 2023. En España, el uso de estos medicamentos aumentó entre 2010 y 2015 y posteriormente se estabilizó, según los datos analizados.
Estos resultados muestran que más personas están llegando al tratamiento, pero no permiten concluir que haya aumentado en la misma proporción el número de personas con TDAH. El acceso a la atención, el reconocimiento de los síntomas, las prácticas clínicas y las decisiones terapéuticas también influyen en estas cifras.
Referencia científica: Trends in use of ADHD medications among children and adults in five European countries, 2010 to 2023, The Lancet Regional Health – Europe, 2026.
Las mujeres adultas: una realidad que comienza a hacerse visible. Uno de los cambios más relevantes es el mayor reconocimiento del TDAH en mujeres adultas.
Durante años, parte de las investigaciones y de la práctica clínica prestaron especial atención a los niños que mostraban hiperactividad evidente o dificultades de comportamiento. Sin embargo, el trastorno no siempre se manifiesta de esa manera.
En algunas niñas y mujeres predominan las dificultades de atención, la desorganización, el esfuerzo constante para cumplir con las obligaciones o la sensación de no poder mantener el ritmo que se espera de ellas. Estos problemas pueden pasar inadvertidos, especialmente cuando la persona consigue compensarlos a costa de un enorme desgaste.
En consecuencia, algunas mujeres llegan a la edad adulta sin una explicación clara de sus dificultades. Un diagnóstico adecuado puede ayudarles a comprender su trayectoria, revisar la culpa que han acumulado y encontrar apoyos ajustados a sus necesidades.
No obstante, conviene recordar que los problemas de atención y la fatiga mental también pueden tener otras causas. La ansiedad, la depresión, la falta de sueño y determinadas circunstancias vitales pueden producir síntomas parecidos. Por eso, una evaluación clínica completa resulta fundamental.
¿Estamos diagnosticando demasiado o demasiado poco? Esta es una de las preguntas más delicadas del debate.
Por una parte, existen personas que han pasado años sin recibir ayuda porque sus dificultades se interpretaron como pereza, desinterés, mala conducta o falta de voluntad. Para ellas, un diagnóstico bien realizado puede representar una oportunidad para comprenderse y acceder a los apoyos necesarios.
Por otra parte, el aumento de las derivaciones y de las solicitudes de evaluación obliga a cuidar especialmente la calidad de los diagnósticos. No toda distracción es TDAH, del mismo modo que no toda inquietud infantil indica un trastorno.
El diagnóstico requiere valorar la historia de la persona, la persistencia de los síntomas, su presencia en diferentes contextos y el impacto que tienen en la vida cotidiana. También es necesario descartar explicaciones alternativas y considerar las posibles dificultades que pueden coexistir.
La prudencia no debe convertirse en una barrera para quienes necesitan ayuda. Pero tampoco debemos banalizar una condición que puede afectar de forma importante a los estudios, el trabajo, las relaciones personales y la autoestima.
La respuesta no consiste en diagnosticar menos por sistema ni en diagnosticar más por precaución. Consiste en evaluar mejor.
La escuela y la familia necesitan comprensión, no etiquetas precipitadas. La infancia es uno de los ámbitos donde esta cuestión adquiere mayor importancia. Cuando un niño se distrae, interrumpe continuamente o tiene dificultades para organizar sus tareas, es fácil que los adultos se centren exclusivamente en su comportamiento.
Sin embargo, antes de juzgarlo, conviene preguntarse qué está ocurriendo y qué necesita.
Un niño con TDAH no es menos inteligente ni carece necesariamente de interés por aprender. Puede necesitar más estructura, instrucciones claras, pausas adecuadas, ayuda para organizarse y un entorno que comprenda sus dificultades. También puede experimentar frustración cuando sus esfuerzos no se traducen en los resultados que esperan sus padres o profesores.
La familia y la escuela pueden contribuir de manera decisiva a su bienestar. Esto exige colaboración, información fiable y estrategias adaptadas a cada caso, sin convertir el diagnóstico en una explicación automática de todos los problemas.
Y hay algo que no deberíamos olvidar: un niño no puede reducirse a una etiqueta clínica. Antes que un diagnóstico, hay una persona en desarrollo, con capacidades, dificultades, emociones y posibilidades de crecimiento.
Comprender el TDAH sin caer en los extremos. La discusión pública suele oscilar entre dos posiciones: quienes interpretan cualquier aumento de diagnósticos como prueba de que el trastorno se está extendiendo y quienes atribuyen el fenómeno a una moda o a una medicalización excesiva.
La evidencia disponible exige una mirada más equilibrada.
El TDAH es una condición reconocida por la investigación clínica y puede producir dificultades reales que merecen atención. Al mismo tiempo, la expansión de la información disponible, los cambios en la detección y las diferencias en el acceso a los servicios influyen en el número de personas diagnosticadas.
Los estudios actuales no permiten atribuir todo el aumento de los diagnósticos a una única causa. Tampoco justifican afirmar que se esté produciendo una epidemia de TDAH en Europa.
Para avanzar necesitamos mejores estudios de prevalencia, criterios diagnósticos consistentes, profesionales con formación adecuada y servicios capaces de atender a las personas sin demoras innecesarias. También necesitamos escuchar a quienes viven con esta condición y conocer cómo afecta a sus vidas, más allá de las estadísticas.
Una sociedad más comprensiva empieza por escuchar. Quizá la pregunta más importante no sea solamente cuántas personas tienen TDAH, sino cuántas están sufriendo sin comprender por qué y cuántas reciben una atención adecuada.
Hay niños que terminan creyendo que son incapaces porque les cuesta concentrarse. Hay adolescentes que se sienten diferentes sin saber cómo explicar lo que les sucede. Y hay adultos que han pasado media vida reprochándose una falta de organización o una dificultad para mantener la atención que nunca supieron interpretar.
Escuchar esas experiencias no significa renunciar al rigor científico. Significa utilizar la ciencia para comprender mejor a las personas, no para juzgarlas.
Un diagnóstico puede ser una herramienta valiosa cuando ayuda a entender, orientar y acompañar. Pero nunca debería convertirse en una definición completa de quien lo recibe.
La investigación seguirá aclarando qué está cambiando en Europa. Mientras tanto, tenemos una responsabilidad inmediata: no confundir las dificultades con defectos personales, no trivializar el sufrimiento y no convertir las etiquetas en sustitutos de la comprensión.
Porque una sociedad verdaderamente saludable no es aquella que pone nombre a todos los problemas, sino aquella que, además de reconocerlos, sabe ofrecer ayuda, respeto y oportunidades.
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Fuentes científicas y de actualidad
- European College of Neuropsychopharmacology (ECNP), información difundida el 12 de octubre de 2026 sobre el aumento de diagnósticos y tratamientos de TDAH: Medical Xpress.
- Revisión sistemática sobre la evolución de la prevalencia del TDAH, Journal of Affective Disorders (2025): DOI: 10.1016/j.jad.2025.119427.
- Li y colaboradores. Estudio del uso de medicamentos para el TDAH en cinco países europeos entre 2010 y 2023, The Lancet Regional Health – Europe (2026): DOI: 10.1016/j.lanepe.2025.101556.
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