La autonomía también es sentirse acompañado: el valor humano de la terapia ocupacionalDía Mundial de la Terapia Ocupacional | 27 de octubre
Hay pequeños gestos cotidianos que parecen insignificantes, pero que pueden representar una enorme conquista para quien ha tenido que aprender a vivir de otra manera.
Por Maria Miret Donato editora El Periódico de ,la Psicología
Levantarse de la cama, prepararse el desayuno, vestirse sin ayuda, volver a escribir después de una lesión o salir de casa para encontrarse con otras personas. Son acciones que forman parte de nuestra rutina y que, precisamente por su sencillez, a menudo pasan desapercibidas. Sin embargo, cuando una enfermedad, una discapacidad, un problema de salud mental o el envejecimiento dificultan estas actividades, lo cotidiano puede convertirse en un desafío.
El 27 de octubre se celebra el Día Mundial de la Terapia Ocupacional, una fecha que invita a mirar más allá de los diagnósticos y a recordar que la salud también se construye en aquello que hacemos, en los vínculos que mantenemos y en la posibilidad de participar activamente en nuestra propia vida. La campaña internacional de 2026 tiene como lema Participation Matters, que pone el acento en la importancia de la participación en las actividades significativas para cada persona.
Cuando lo cotidiano deja de ser sencillo. A veces pensamos en la recuperación como la desaparición de los síntomas o la vuelta a un estado anterior. Pero la experiencia humana es más compleja. Una persona puede convivir con una enfermedad crónica, una limitación física o dificultades emocionales y, aun así, recuperar espacios de autonomía, construir nuevas rutinas y encontrar formas de disfrutar de su vida.
La terapia ocupacional trabaja precisamente en ese encuentro entre las capacidades de la persona, sus necesidades, su entorno y las actividades que dan sentido a su día a día.
No se trata únicamente de aprender a realizar una tarea. Se trata de comprender qué representa esa tarea para quien la realiza. Prepararse el café puede ser una forma de conservar independencia; volver a cocinar, recuperar una afición; regresar al trabajo, reconstruir una parte de la identidad; o retomar una actividad compartida, volver a sentirse parte de una comunidad.
Detrás de cada objetivo existe una historia personal que merece ser escuchada.
La dignidad no depende de lo que podemos hacer solos. Vivimos en una sociedad que suele asociar la autonomía con la autosuficiencia. Se valora a quien resuelve, produce, avanza y necesita poca ayuda. Sin embargo, esta idea deja fuera una realidad fundamental: todas las personas necesitamos de otras en algún momento de nuestra vida.
La infancia comienza en la dependencia. La enfermedad puede alterar temporalmente nuestra independencia. El envejecimiento puede exigir nuevas formas de apoyo. Y las dificultades emocionales también pueden hacer que actividades antes sencillas se conviertan en tareas difíciles de afrontar.
Necesitar ayuda no reduce el valor de una persona. Tampoco debería convertirse en motivo de vergüenza.
Desde una mirada humanista, acompañar no significa sustituir automáticamente al otro, decidir por él o imponerle un ritmo que no puede seguir. Significa reconocer sus capacidades, respetar sus decisiones y ofrecer los apoyos necesarios para que pueda participar en su vida de la manera más plena posible.
La verdadera autonomía no consiste en hacerlo todo sin ayuda, sino en conservar la posibilidad de decidir, expresarse y formar parte de aquello que importa.
La salud mental también habita en nuestras rutinas. Las actividades cotidianas no solo cumplen una función práctica. También pueden aportar estructura, identidad, satisfacción y conexión social.
Cuando una persona atraviesa una etapa de ansiedad, depresión o sufrimiento emocional, mantener determinadas rutinas puede resultar especialmente difícil. Levantarse, asearse, organizar el día o retomar una actividad agradable puede requerir un esfuerzo considerable.
En estos casos, recuperar la participación en actividades significativas puede formar parte del proceso de recuperación, siempre adaptándose a las necesidades individuales y sin convertir las rutinas en nuevas exigencias.
No se trata de llenar cada hora de tareas ni de presentar la productividad como una solución al sufrimiento psicológico. Se trata de recuperar espacios posibles: caminar unos minutos, cuidar una planta, cocinar algo sencillo, escuchar música o compartir tiempo con alguien de confianza.
A veces, avanzar no significa hacer más. Significa volver a encontrar un lugar en la propia vida.
Escuchar antes de intervenir. Una intervención centrada en la persona comienza con una pregunta que parece sencilla, pero que puede cambiar por completo la manera de acompañar: ¿qué es importante para ti?
Quizá el objetivo de una persona sea volver a vestirse sin ayuda. Otra puede querer recuperar la confianza para salir sola a la calle. Alguien puede desear regresar a su empleo, cuidar de sus hijos o volver a participar en una actividad comunitaria.
Desde fuera, estos objetivos pueden parecer pequeños. Para quien los persigue, pueden representar una parte esencial de su identidad y su bienestar.
Por eso, el trabajo de los terapeutas ocupacionales requiere conocimientos técnicos, capacidad de adaptación y una comprensión profunda de la experiencia individual. No existen dos vidas iguales, ni todas las personas necesitan el mismo camino para alcanzar un objetivo.
También es necesario mirar el entorno. En ocasiones, la dificultad no reside exclusivamente en las capacidades individuales, sino en unas barreras físicas, sociales o actitudinales que impiden la participación. Adaptar un espacio, facilitar un apoyo o modificar una actividad puede ser tan importante como trabajar una habilidad.
La inclusión no consiste únicamente en preparar a las personas para que se adapten al mundo. También exige construir entornos que permitan que todas las personas puedan formar parte de él.
Una sociedad más humana empieza por lo cotidiano. El Día Mundial de la Terapia Ocupacional nos recuerda que el bienestar no se mide únicamente mediante indicadores clínicos. También importa poder desarrollar actividades significativas, mantener relaciones, tomar decisiones y participar en la comunidad.
Esta mirada interpela a los profesionales sanitarios, a las familias, a las instituciones y a la sociedad en su conjunto. Nos invita a dejar de valorar a las personas exclusivamente por lo que pueden hacer y a prestar atención a lo que necesitan, desean y todavía pueden construir.
Quizá deberíamos aprender a reconocer mejor esas pequeñas conquistas que no siempre aparecen en los informes: el primer día que alguien vuelve a salir de casa, la satisfacción de realizar una tarea por sí mismo o la tranquilidad de sentirse acompañado sin sentirse incapaz.
Porque una vida digna no exige perfección, independencia absoluta ni ausencia de dificultades. Exige oportunidades, respeto, apoyos adecuados y la posibilidad de vivir de acuerdo con los propios valores.
La terapia ocupacional nos recuerda que recuperar una actividad puede significar recuperar mucho más que una habilidad: puede significar recuperar confianza, identidad y participación.
Y tal vez ahí resida una de las ideas más importantes para comprender el cuidado humano: no basta con ayudar a una persona a hacer cosas; también debemos ayudarla a conservar la posibilidad de elegir qué cosas merecen formar parte de su vida.
Con motivo del Día Mundial de la Terapia Ocupacional, recordemos que participar importa, que cada historia es diferente y que ninguna persona debería quedar al margen de su propia vida.
Referencias
World Federation of Occupational Therapists (WFOT). (2026). World Occupational Therapy Day. https://wfot.org/our-work/advocacy/world-occupational-therapy-day
World Federation of Occupational Therapists (WFOT). (2026). Launch of the World Occupational Therapy Day 2026 Theme. https://wfot.org/news/2026/launch-of-the-world-occupational-therapy-day-2026-theme/
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