Más allá de los ochenta: la sabiduría serena de Hideki Wada

Hay libros que llegan en el momento justo. Y hay autores que, sin buscar el estruendo, terminan por convertirse en una voz necesaria. Es lo que ocurre con el psiquiatra japonés Hideki Wada y su obra «Superar la barrera de los ochenta años» (publicada originalmente en Japón como 80歳の壁). Lejos de ser un manual geriátrico al uso, este volumen se ha convertido en un fenómeno editorial en su país, superando el medio millón de ejemplares vendidos en muy poco tiempo . Pero detrás de las cifras hay algo más importante: una mirada humana, compasiva y radicalmente honesta sobre la última etapa de la vida.

Por Redacción Barcelona www.elperiodicodelapsicologia.info

Quién es Hideki Wada. Para entender el tono de este libro, conviene conocer a su autor. Hideki Wada nació en Osaka en 1960. Se graduó en Medicina por la Universidad de Tokio y se especializó en psiquiatría, ejerciendo como asistente en el departamento de Psiquiatría y Neurología del Hospital Universitario de Tokio . Posteriormente amplió su formación en Estados Unidos, en la prestigiosa Escuela de Psiquiatría Karl Menninger .

Actualmente dirige su propia clínica en Japón y es una de las figuras más influyentes en el campo de la salud mental y el bienestar emocional de las personas mayores . No hablamos, por tanto, de un teórico de despacho, sino de un médico que lleva más de tres décadas acompañando a personas en el declive de sus vidas, escuchando sus miedos y observando, con rigor y ternura, qué es lo que realmente les ayuda a vivir mejor .

La barrera invisible. El título del libro hace referencia a un muro que, según Wada, no es solo físico o biológico, sino también psicológico y social. En Japón —y en gran parte del mundo desarrollado—, la esperanza de vida es alta, pero la «esperanza de vida saludable» se queda varios años atrás. Es decir, muchos llegan a los ochenta, pero no todos lo hacen con plenitud . La propuesta de Wada no es alargar la vida a toda costa, sino reconciliarse con el paso del tiempo y despojar a la vejez de ese halo de tragedia que a menudo le imponemos.

Las reglas que no lo parecen. Wada estructura su pensamiento en 44 reglas o consejos que, a primera vista, pueden sonar a sentido común, pero que en conjunto conforman una filosofía de vida profundamente liberadora .

Frente a la obsesión contemporánea por la juventud eterna, el autor propone algo casi subversivo: comer lo que te haga feliz (sin excesos, pero sin culpa), no obsesionarse con bajar la presión arterial o el azúcar si ello resta calidad de vida, y aprender a convivir con las enfermedades en lugar de librar una guerra eterna contra ellas . Hay una frase que resume su postura: «La memoria no se desvanece solo por la edad, sino por la inactividad» . El cerebro, como el cuerpo, necesita movimiento, curiosidad, conversación y proyectos.

Otro de sus planteamientos más humanistas tiene que ver con la soledad. Wada no la demoniza. Señala que, en muchas ocasiones, la soledad elegida no es aislamiento, sino tranquilidad; la posibilidad de estar con uno mismo sin rendir cuentas a nadie . Del mismo modo, invita a dejar de frecuentar a quienes nos amargan la existencia y a no gastar energías en discusiones innecesarias. A los ochenta, el tiempo se convierte en un bien demasiado precioso como para malgastarlo en ruido.

Una mirada humanista sobre el final. Lo que distingue a Wada de otros divulgadores es su rechazo a la medicalización excesiva de la vejez. Plantea que la medicina moderna ha hecho maravillas por prolongar la vida, pero ahora el reto es diferente: aprender a vivirla con dignidad y con deseo . No se trata de negar la enfermedad, sino de no permitir que esta se convierta en el centro absoluto de la existencia.

En sus páginas late una idea poderosa: la vejez no es el epílogo de la vida, sino una etapa distinta, donde muchas urgencias desaparecen y comienzan a valorarse las cosas esenciales. Se aprende a decir «no», a cambiar de opinión sin culpa, a agradecer lo pequeño y a entender que la verdadera juventud no consiste en tener pocas arrugas, sino en conservar intacta la capacidad de asombro .

Para quien esto escribe. No sé si las 44 reglas de Wada funcionan como receta infalible. La vida es demasiado compleja para reducirla a un listado, por sabio que sea. Pero hay algo en su aproximación que resulta reconfortante: la idea de que envejecer no es una derrota, sino una forma diferente de estar en el mundo. Que se puede llegar a los ochenta sin renunciar al placer, a la curiosidad y al derecho a decidir cómo queremos vivir el tiempo que nos queda.

Wada no promete milagros. Ofrece algo más valioso: una invitación a dejar de pelear contra el reloj y empezar, por fin, a habitar el presente. Y eso, al menos para mí, es una forma de esperanza.

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