Desde el psicoanálisis clásico el amor está conceptualizado como un modelo derivado de la libido. En cambio, desde la perspectiva relacional e intersubjetiva lo entendemos como un afecto emergente en una matriz relacional y en un contexto intersubjetivo. Mitchell (2001) puso el acento en la comprensión dialéctica del amor, en la tensión dinámica de dimensiones opuestas a la experiencia.
El amor es una emoción particular con su origen durante la infancia, que abarca principalmente el apego y los sistemas de apoyo y sobre los que se fundan la seguridad y el afecto.
El afecto, la atracción y el deseo pueden activar la posesividad y la envidia. La contaminación del amor por el odio es inevitable. La clave reside en contener la agresión e integrar junto al amor, en lugar de evitarla. Aceptar la dependencia y la agresión nos ayuda a tolerar y a reparar el odio.
El amor es una base de estabilidad, pero también puede desestabilizar. En las relaciones tóxicas o de dependencia podemos vislumbrar las diversas caras de la maldad, tal y como señala Guerra (2018) “El mal se constituye en diversos grados que van desde destruir una persona o su vida pasando por la seducción y acabando en difamar-desprestigiar e inducir estados depresivos a otrxs sin motivo para ello”.
Cuando padecemos a los manipuladores, acosadores, a los narcisistas patológicos que utilizan su enfermedad como un cetro de poder para manejar a los demás y que producen situaciones perjudiciales con sus consecuentes traumas, que acaban siendo palos que nos meten en nuestras ruedas (Guerra, 2018) y estas ruedas son aspectos básicos y esenciales como nuestra autoestima, motivación o nuestra vitalidad para vivir el día a día y planificar. Las consecuencias de las personas tóxicas son devastadoras para la pareja, y la única forma de sobrevivir es realizando una terapia que permita
evolucionar de lo binario a la terceridad, transitando hacia una nueva posición más sana-adulta de diferenciación y reconocimiento.
Según Benjamin(2018) la Terceridad alude a la posición de reconocimiento mutuo propio de una relación intersubjetiva; se trata de un espacio cocreado de separación y de diálogo que difiere de la relación dual complementaria, que es la que mayoritariamente asiste a nuestras consultas. El reconocimiento es un aspecto clave de la diferenciación.
“Con el amor no basta, pero sin el amor nada será suficiente” (Coderch,2017)
Laura Molet Estaper
Psicóloga especialista Ps Clínica
www.elperiodicodelapsicologia.info – Teléfono: +34 675763503 – info@elperiodicodelapsicologia.info