El jardín que receta calma: así es la «prescripción verde»

El jardín que receta calma: así es la ‘prescripción verde’ que está cambiando vidas
Un centro de salud ha puesto en marcha el primer proyecto que convierte la naturaleza en medicina para el alma

Equipo de Redacción www.elperiodicodelapsicologia.info

Hay recetas que no se toman en forma de pastilla. Hay tratamientos que no requieren de un diagnóstico grave para ser efectivos. Y hay médicos que, en lugar de un blíster de ansiolíticos, entregan a sus pacientes una dirección: la de un jardín.

Eso es exactamente lo que está ocurriendo en Las Rozas (Madrid), donde la sanidad pública ha dado un paso que parece sencillo pero resulta revolucionario: recetar naturaleza.

Un respiro entre encinas y tomateras. La finca de La Talaverona, situada junto a la Dehesa de Navalcarbón, es el escenario de este experimento vital. Allí, un grupo de personas de entre 35 y 65 años acude una vez por semana durante ocho semanas. No van a una consulta ni a una sesión de terapia convencional. Van a plantar, a compartir una merienda bajo las encinas, a hacer collages o simplemente a estar.

«Esto es un regalo para nosotros», confiesa Marian, una de las diez primeras pacientes y médica de familia de 58 años. «Es como si te abrieran una puerta o una ventana y cambiaras de vida. Sales del caos, de las prisas, del asfalto, y entras en la calma».

La ciencia que avala el instinto. No se trata de una ocurrencia. Detrás de este proyecto, impulsado por la Fundación Cultura Las Rozas y la Fundación Punset Terraviva, hay una sólida base de evidencia científica internacional que respalda los beneficios del contacto con la naturaleza en el bienestar psicológico.

Instituciones como ISGlobal (Instituto de Salud Global de Barcelona) llevan años investigando el binomio entre salud y naturaleza. Y los hallazgos son contundentes: las intervenciones basadas en la naturaleza aumentan la conexión con el entorno y con los demás, dos factores clave para la salud mental.

Un antídoto contra el ruido mental. El programa está destinado a personas con síntomas leves o moderados de estrés o sobrecarga emocional. Es decir, a esa mayoría silenciosa que no llega a un trastorno psiquiátrico grave pero que vive agotada, atrapada en la rueda del rendimiento, la presión y la inmediatez.

«Bajamos revoluciones», explica Bartolomé Colón, el encargado de las actividades de horticultura. «Nos adaptamos al ritmo de la naturaleza, que es lento y tranquilo, justo lo contrario de nuestro día a día».

Y en esa lentitud, en ese contacto con la tierra, ocurre algo que los psicólogos llaman «efecto restaurador». La mente se despeja, el cuerpo se relaja y la persona recupera una sensación de control y bienestar que el asfalto y las pantallas le habían robado.

Más allá de los psicofármacos. La «prescripción verde» no pretende sustituir a los tratamientos farmacológicos ni a la psicoterapia, sino complementarlos. Es una herramienta preventiva que aborda el malestar desde una perspectiva más amplia, más humana, que reconoce que nuestra salud depende también del entorno en el que vivimos.

En un contexto donde los trastornos mentales se han convertido en la segunda causa de incapacidad laboral en España, y donde la ansiedad y el estrés crecen sin freno entre los jóvenes, iniciativas como esta ofrecen una vía de esperanza. No son la panacea, pero son un recordatorio de que, a veces, la mejor medicina está al aire libre, esperando a que la descubramos.

Una ventana abierta a la calma. El Jardín Terapéutico de Las Rozas es un proyecto piloto. Pero ya ha demostrado algo fundamental: que el contacto con la naturaleza no es un lujo ni una actividad de ocio menor. Es una necesidad básica, una fuente de salud que hemos descuidado en nuestro afán por domesticar el mundo.

Para Marian y para el resto de participantes, esas ocho semanas son un antes y un después. «Te abren una puerta o una ventana y cambias de vida», dice. Quizá por eso, cuando los médicos recetan naturaleza, no están haciendo otra cosa que recordarnos lo que siempre supimos: que el ser humano no está hecho para vivir desconectado de la tierra que lo vio nacer.

Y que, a veces, para sanar el alma, solo hace falta un poco de verde.

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