El ensayo clínico MISST, impulsado por el NHS británico, prueba una terapia breve que enseña a los estudiantes a rescatar recuerdos positivos para frenar la espiral de pensamientos suicidas.
Por Redacción de www.elperiodicodelapsicologia.info
La vida universitaria, ese periodo que tantos idealizan como la mejor etapa de la existencia, se ha convertido para una generación entera en un campo de batalla silencioso. Lejos de casa, sometidos a una presión académica implacable y ahogados por preocupaciones económicas, miles de jóvenes se enfrentan cada día a una sombra que no ven, pero que pesa como una losa. Los datos son estremecedores: un estudio previo constató que hasta el 42% de los estudiantes habían tenido pensamientos suicidas en el último año. Y la angustia no entiende de estadísticas; duele en silencio, en las noches sin dormir, en la sensación de no ser suficiente.
Frente a esta realidad, el sistema sanitario británico ha dado un paso adelante con una iniciativa que merece nuestra atención no solo por su rigor científico, sino por su profunda mirada humanista. Se trata del ensayo clínico MISST (Mental Imagery for Suicidality in Students Trial), una colaboración entre el Greater Manchester Mental Health NHS Foundation Trust, la Universidad de Lancaster y la Universidad de Manchester, con financiación del National Institute of Health Research (NIHR).
Cuando la mente se queda sin luz. Para entender la propuesta de MISST, tenemos que comprender qué ocurre en la mente de una persona que contempla el suicidio. Como explica el Dr. Jasper Palmier-Claus, investigador principal de la Universidad de Lancaster: «Cuando las personas tienen pensamientos suicidas, sabemos que les resulta difícil centrarse en experiencias positivas del pasado o imaginar un futuro esperanzador. Es como si tuvieran una visión de túnel» .
Esa visión de túnel es el caldo de cultivo de la rumiación negativa, ese bucle mental que repite una y otra vez los fracasos, los miedos y la desesperanza. La terapia que propone MISST, llamada BMAC (Broad-Minded Affective Coping), no busca negar el dolor ni ofrecer soluciones mágicas. Lo que hace es algo más sencillo y, a la vez, revolucionario: entrenar la capacidad de la persona para rescatar y revivir recuerdos positivos.
El co-investigador principal, Dr. Peter Taylor de la Universidad de Manchester, lo describe con claridad: «El objetivo es ayudar a las personas a liberarse de este estado de túnel reconectando con experiencias positivas de su vida» . Porque en medio de la tormenta, a menudo olvidamos que existieron días de sol.
Seis sesiones para re-aprender a recordar. El ensayo, que ya ha superado con éxito su fase de viabilidad, ha reclutado a 66 estudiantes del noroeste de Inglaterra que habían tenido pensamientos o conductas suicidas recientes. La mitad de ellos recibió la evaluación de riesgo habitual y derivación a servicios de apoyo; la otra mitad, además de eso, accedió a seis sesiones de terapia BMAC.
Los primeros resultados son esperanzadores. El 91% de los participantes asignados al grupo de tratamiento completaron al menos dos sesiones, y la retención en el seguimiento fue alta, situándose entre el 89% y el 91% en todos los puntos de evaluación. No se registró ningún evento adverso grave relacionado con el procedimiento.
Pero más allá de los números, lo realmente valioso es lo que los propios estudiantes contaron. Un estudio cualitativo publicado en 2024 en la revista Psychology and Psychotherapy exploró en profundidad las experiencias de los participantes. Los investigadores identificaron cuatro grandes temas. Uno de ellos resume la esencia de esta terapia: trabajar con el terapeuta BMAC aumentó la conciencia de los estudiantes sobre su estado de ánimo, dirigió su atención hacia los momentos positivos de sus vidas y les ayudó a recordarlos activamente para interrumpir los ciclos negativos de rumiación e ideación suicida.
La terapia BMAC no es nueva del todo; había mostrado mejoras a corto plazo en el estado de ánimo de personas con psicosis, TEPT y en otros grupos de estudiantes. Pero su aplicación específica para la prevención del suicidio en el ámbito universitario abre una vía de intervención breve, accesible y con un enfoque profundamente humano.
¿Por qué funciona? Hay algo profundamente humanista en esta aproximación. No trata al estudiante como un caso clínico, como un diagnóstico, como una estadística más en la creciente ola de crisis de salud mental juvenil. Le devuelve la agencia, la capacidad de elegir a qué prestar atención. Le recuerda que su historia no se reduce al capítulo más oscuro.
Como señalaron los investigadores en sus conclusiones, «la BMAC ofrece una intervención positiva, de duración limitada y estructurada que se adapta bien a las necesidades de los estudiantes de educación superior que experimentan ideación suicida» . La palabra clave aquí es positiva. No se trata de un ejercicio de pensamiento mágico, sino de un entrenamiento consciente en la recuperación de la memoria emocional.
El Dr. Taylor insiste en que este es solo el primer paso: «Este ensayo nos dará la información que necesitamos para planificar lo que llamamos un ‘ensayo definitivo’, uno que nos dirá qué tan efectiva es la terapia. El objetivo es trabajar para tener terapias efectivas disponibles en las universidades que ayuden a prevenir el suicidio estudiantil» .
Una luz en el túnel.En un contexto donde la salud mental se ha convertido en la principal preocupación sanitaria a nivel mundial, y donde los servicios universitarios de apoyo, aunque necesarios, a menudo resultan insuficientes, iniciativas como MISST representan un soplo de esperanza. No prometen curar el dolor de la noche a la mañana, pero ofrecen una herramienta: la posibilidad de recordar que, incluso en los días más grises, ha existido la luz.
Y ese recordatorio, en ocasiones, puede salvar una vida.
El ensayo MISST (ISRCTN13621293; NCT05296538) continúa su desarrollo. Puede encontrar más información en el sitio web del NIHR y del Greater Manchester Mental Health NHS Foundation Trust.
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