El TOC deja de ser un misterio

El TOC deja de ser un misterio: la genética descubre nuevas piezas del rompecabezas

Un estudio identifica 36 genes relacionados con el trastorno obsesivo-compulsivo y los trastornos crónicos de tics.

Redacción Barcelona www.elperiodicodelapsicologia.info

Hay personas que viven atrapadas en pensamientos que no desean tener.

Pensamientos que regresan.

Una y otra vez.

Hay quienes necesitan comprobar una puerta varias veces antes de poder salir de casa. Quienes sienten una angustia intensa si no realizan determinados rituales. Quienes saben racionalmente que una conducta no tiene sentido, pero aun así sienten que deben hacerla.

Durante mucho tiempo, el trastorno obsesivo-compulsivo se ha entendido mal.

Demasiadas veces se ha reducido a una persona «maniática», «perfeccionista» o «demasiado preocupada por la limpieza».

La ciencia cuenta otra historia.

Un nuevo estudio publicado en Nature Neuroscience ha identificado 36 genes de gran efecto relacionados con el trastorno obsesivo-compulsivo y los trastornos crónicos de tics, incluido el síndrome de Tourette. La investigación analizó el ADN de cerca de 4.000 personas y encontró además coincidencias genéticas entre ambos tipos de trastornos.

No hay un único «gen del TOC».Este punto es fundamental. Encontrar genes relacionados con un trastorno no significa que exista un único gen que determine que una persona tendrá TOC. La realidad es mucho más compleja.

Los investigadores encontraron diferentes genes implicados en redes biológicas y vías cerebrales relacionadas con la comunicación neuronal.

Esto ayuda a comprender que los trastornos psiquiátricos no pueden explicarse simplemente diciendo que «todo está en la mente».

Pero tampoco significa que «todo esté en los genes».

Entre la biología y la experiencia existe una interacción permanente.

Una persona no es su diagnóstico. Este descubrimiento científico debería ayudarnos también a cambiar nuestro lenguaje.Una persona no «es» un TOC. Tiene un trastorno obsesivo-compulsivo. La diferencia parece pequeña. No lo es.

Porque detrás de un diagnóstico existe alguien que ama, sufre, trabaja, tiene miedo, construye relaciones y sueña.

El diagnóstico describe una parte de la experiencia de una persona.

No define a la persona completa.

La genética puede abrir nuevas puertas terapéuticas. La identificación de estos genes podría ayudar a comprender mejor los mecanismos biológicos implicados y, a largo plazo, favorecer el desarrollo de tratamientos más específicos. Los investigadores también encontraron conexiones con vías relacionadas con otros trastornos psiquiátricos, lo que apunta hacia posibles mecanismos compartidos entre diferentes condiciones.

Pero la genética no sustituirá a la psicología.

Ni a la psicoterapia.

Ni a la relación terapéutica.

Un cerebro tiene biología.

Pero una persona tiene también historia.

Y la historia importa.

El sufrimiento invisible. Quizá una de las características más dolorosas del TOC sea precisamente que muchas veces nadie ve lo que sucede por dentro.

Una persona puede mantener una vida aparentemente normal mientras dedica horas a luchar contra pensamientos que no consigue detener.

Puede sentir vergüenza.

Puede ocultar sus rituales.

Puede temer que los demás piensen que está perdiendo el control.

Por eso comprender la dimensión biológica del TOC también puede tener una consecuencia profundamente humana:

reducir la culpa.

No porque la genética explique toda la enfermedad.

Sino porque nos recuerda que el sufrimiento psicológico no es una cuestión de falta de voluntad.

La psiquiatría del futuro será más biológica, pero también más humana

La genética permitirá comprender mejor el cerebro.

La neuroimagen nos mostrará nuevas conexiones.

La farmacología encontrará nuevas moléculas.

La inteligencia artificial ayudará probablemente a identificar patrones que hoy se nos escapan.

Pero ninguna tecnología puede sustituir completamente algo esencial: que alguien escuche a la persona que sufre.

La psiquiatría del futuro necesitará ciencia.

Mucha ciencia.

Pero también necesitará humanidad.

Porque descubrir los genes que participan en un trastorno puede ayudarnos a comprender el cerebro.

Escuchar a quien lo padece nos ayuda a comprender al ser humano.

EL PERIÓDICO DE LA PSICOLOGÍA www.elperiodicodelapsicologia.info medio de comunicación ISSN 2696-0850

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