Gaslighting

«Al principio no te das cuenta, pero un día dudas de si lo que ves es verdad»

Entrevista a L. M., psicóloga especializada en violencia psicológica

–Laura, llevas años atendiendo a personas que sufren esto del gaslighting. Pero empecemos por el principio: ¿qué es exactamente? Porque parece que se usa para todo.

–(Ríe, pero sin ganas) Sí, se ha puesto de moda, y eso tiene lo suyo… Pero el gaslighting no es simplemente que tu pareja te lleve la contraria. Es algo más retorcido. Piensa en que alguien, poco a poco, te hace dudar de tu propia memoria, de tu percepción. Es como si te cambiaran el mapa mientras caminas, y luego te dijeran que tú te has perdido.

–Suena muy cinematográfico.

–Lo es. La palabra viene de una película antigua, Gaslight, donde un marido manipula a su mujer para que crea que está loca. Lo escalofriante es que no hace falta esconder objetos o apagar luces. En la vida real es más sutil: «Eso no pasó así», «Exageras», «Tú con tus dramas». Frases pequeñas, repetidas hasta el infinito.

–¿Y cómo sabe alguien que le está pasando? Porque supongo que si te están haciendo dudar, pues… dudas.

–(Asiente con fuerza) Exacto. Ahí está la trampa. El 80% de las personas que vienen a mi consulta no dicen «creo que me están manipulando». Dicen: «No sé si soy yo, igual soy muy sensible, igual lo malinterpreté todo». Y yo les pregunto: «¿Con quién más te pasa esto?» Y se quedan en blanco. Porque solo les pasa con esa persona.

–Pero todos discutimos, todos decimos tonterías en momentos de calentón…

–Claro, claro. La diferencia está en el patrón. En un conflicto normal, dos personas pueden tener versiones distintas, pero al final dices: «Bueno, yo lo vi así, tú de otra, a ver qué pasó». Y lo habláis. En el gaslighting, siempre hay un ganador de la realidad, y ese ganador no es tú. Y además, cuando intentas defenderte, la otra persona se ríe, te llama «loca», o dice «ya estás otra vez con lo mismo». Eso no es un desacuerdo. Es un derribo.

–¿Y se puede salir de ahí sin dejar a la persona?

–Mira, yo siempre digo lo mismo: lo primero es nombrarlo. Cuando una paciente me cuenta algo y yo le digo «esto que describes es gaslighting», casi siempre rompe a llorar. ¿Sabes por qué? Porque al fin siente que alguien la cree. Que no está imaginando cosas. Luego, hay que hacer pequeñas comprobaciones: anotar lo que pasó justo después de la discusión, o contarle a alguien de fuera. No para tener la razón, sino para no perderse a uno mismo.

–Pero mucha gente no se atreve a contarlo por vergüenza.

–Es durísimo. Porque piensan: «¿Cómo he podido llegar a esto?» Pero eso es parte del veneno. El gaslighting te hace sentir que tú eres el problema. Por eso, lo más valiente que puedes hacer no es «enfrentarte» al otro. Es mirarte al espejo y decir: «Voy a confiar en mi propia versión, aunque me tiemblen las piernas».

–Un consejo para alguien que esté leyendo esto ahora mismo y le suene.

–(Piensa unos segundos) Que se fíe de ese malestar. Ese nudo en el estómago cuando la otra persona niega algo que sabes que pasó. Eso no es ansiedad. Es tu realidad intentando decirte: «Oye, que aquí hay un problema». Y si solo te pasa con esa persona, pues… igual el problema no eres tú.

–Laura, gracias.

–Gracias a ti. Y a los lectores: no dejéis que nadie os maneje el recuerdo. Es vuestro.

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