La psiquiatría y la psicología están viviendo una transformación silenciosa pero profunda. Después de décadas de dominio del modelo biomédico, con su énfasis en el diagnóstico y la medicación, un creciente movimiento internacional reclama volver la mirada hacia lo que realmente importa: la persona, sus relaciones y el significado de su vida. No se trata de rechazar los avances científicos, sino de integrarlos en una visión más amplia y humana del sufrimiento mental.
Por Joan R. Miret editor www.elperiodicodelapsicologia.info
Lo que está ocurriendo no es una moda pasajera. Es un cambio de paradigma que se manifiesta en informes parlamentarios, en nuevas corrientes de investigación y en la práctica clínica de miles de profesionales. Es el regreso de una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué clase de atención queremos para quienes sufren?
El informe que sacude el Reino Unido. Un grupo de parlamentarios británicos ha elaborado un informe que está dando la vuelta al mundo. Su diagnóstico es contundente: a pesar de las inversiones en salud mental de las últimas cuatro décadas, los resultados no han mejorado. La brecha de mortalidad entre personas con problemas mentales severos y la población general se ha ampliado. Y el modelo biomédico, con su excesiva dependencia de los fármacos, ha relegado a un segundo plano los factores sociales y relacionales que influyen en el sufrimiento mental .
El informe, titulado Modificar el equilibrio hacia las intervenciones sociales, propone seis principios para reorientar la atención:
Reconocer la naturaleza social y relacional de los problemas de salud mental.
Atender los determinantes sociales del sufrimiento humano: pobreza, desigualdad, aislamiento, violencia.
Cuestionar las narrativas sociales que contribuyen al malestar.
Promover narrativas y lenguaje que favorezcan la recuperación.
Usar los fármacos psiquiátricos de forma prudente, reduciendo la sobreprescripción.
Priorizar la investigación y financiación de intervenciones psicosociales y comunitarias .
No es una declaración de principios abstracta. El informe apuesta por medidas concretas: fortalecer la prescripción social, crear centros comunitarios de salud mental y formar a los profesionales en enfoques psicosociales. Es, en esencia, una llamada a devolver la salud mental a la comunidad y a la persona .
Recuperar el yo en psiquiatría. En la misma línea, la filósofa Şerife Tekin ha publicado un trabajo que está generando un intenso debate académico. Su libro, Reclaiming the Self in Psychiatry (Recuperar el yo en psiquiatría), sostiene que la psiquiatría científica contemporánea ha marginado su objeto de estudio más esencial: el yo .
Tekin argumenta que las alteraciones en la agencia personal, la coherencia narrativa, la corporalidad y la relacionalidad no son rasgos secundarios de los trastornos mentales, sino manifestaciones centrales de los mismos. Sin embargo, el compromiso metodológico de la psiquiatría con la fiabilidad y la objetividad ha producido un marco «evidencialmente pobre y éticamente problemático» que oscurece estos fenómenos .
Para abordar esta brecha, propone el Multitudinous Self Model (MuSe), un marco que organiza el yo en dimensiones físicas, experienciales, sociales, conceptuales y narrativas. La novedad es que redefine la objetividad como una práctica participativa e integradora que pone en diálogo el conocimiento científico, clínico y la experiencia en primera persona .
El estigma como «actante» que da forma al DSM. Otra mirada renovadora llega de la mano de la filósofa Miriam Solomon, en un trabajo presentado en el taller de Filosofía de la Psiquiatría de la Universidad de Lancaster. Solomon propone entender el estigma no como un fenómeno externo a la psiquiatría, sino como un «actante» que moldea activamente el espacio conceptual de los diagnósticos .
Su argumento es provocador: si el estigma desapareciera mañana, el DSM no tendría las mismas categorías. Esto significa que la gestión del estigma —el intento de evitar etiquetas estigmatizantes, de proteger a los pacientes— está influyendo en cómo se definen y clasifican los trastornos mentales, con consecuencias tanto científicas como morales .
La reflexión de Solomon nos recuerda que los manuales de diagnóstico no son espejos neutros de la realidad, sino construcciones sociales que responden a múltiples presiones. Y que, a veces, las mejores intenciones pueden tener efectos no deseados.
Alternativas al modelo farmacocéntrico: reducción de daños. La Journal of Humanistic Psychology dedica un número reciente a explorar la conexión entre la reducción de daños, la psicología humanista y la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CRPD). El enfoque de reducción de daños, desarrollado inicialmente para el consumo de drogas ilícitas, se aplica aquí al uso de psicofármacos .
La idea es sencilla pero poderosa: centrarse en la agencia de la persona que toma la medicación facilita un compromiso más auténtico con el tratamiento. Además, aplicar un modelo de reducción de daños al uso de psicofármacos conciencia sobre los riesgos de estos medicamentos, riesgos que a menudo se minimizan por el énfasis en la adherencia y el cumplimiento .
El artículo presenta ejemplos de organizaciones que adoptan un enfoque centrado en la persona (frente al centrado en la medicación) para abordar crisis de salud mental. Estas organizaciones encarnan los principios de la reducción de daños y el impulso humanista que informa la CRPD . Modelos como el Diálogo Abierto, que prioriza la escucha y la red social antes que el fármaco, son un ejemplo de esta filosofía en acción.
El despertar de la ecopsicoterapia humanista. La naturaleza está entrando en la consulta. Un artículo de la British Journal of Guidance & Counselling define los contornos de la ecopsicoterapia humanista, un enfoque que integra la relación con el entorno natural en el trabajo psicoterapéutico .
Basado en el enfoque centrado en la persona y la terapia Gestalt, este modelo parte de una premisa fundamental: los seres humanos somos organismos que interactúan con su entorno. La ecopsicoterapia humanista propone siete principios fundamentales, ilustrados con un caso clínico, y ofrece un marco teórico para su aplicación y desarrollo futuro . No se trata de «terapia de paseo» ocasional, sino de una integración metodológica de la naturaleza como agente terapéutico.
Conclusiones: un año de cambio
Los informes, los artículos, los congresos y las nuevas líneas de investigación apuntan en una misma dirección: 2026 está siendo un año crucial para reivindicar la dimensión humana de la psicología y la psiquiatría.
La persona está volviendo al centro. No como un conjunto de síntomas que gestionar, sino como un ser en busca de significado, de conexión y de un lugar en el mundo. Como escribió Viktor Frankl, el sufrimiento humano no puede reducirse a un desequilibrio bioquímico; es también una pregunta sobre el sentido. Y esa pregunta, en el fondo, solo puede responderse desde el diálogo, el encuentro y la comunidad.
El movimiento no es homogéneo, pero su impulso es claro: la salud mental no es solo una cuestión de neurotransmisores. Es también una cuestión de justicia social, de narrativas compartidas, de naturaleza y de reconocimiento del otro. Quizás, después de todo, la mejor medicina sea recordar nuestra humanidad común.
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