La sequia también marchita nuestra salud

En los últimos 50 años, la sequia se ha cobrado la vida de 650.000 personas.
La dificultad de acceso al agua, su peor calidad, la proliferación de incendios que para nada son inocuos para la salud o al aumento de enfermedades transmitidas, son algunas de las terribles consecuencias de que el planeta se está secando.
Se habla mucho de la sequía meteorológica, de como afecta a la agricultura, pero no del impacto que tiene en la salud.
Cada vez llueve menos, las temperaturas son mas altas, los campos se secan y nuestro cuerpo lo nota, se resiente.
El cambio climático es global y por mucho que en Europa se toman medidas, si países como «India, Rusia, China o Brasil no acompañan, la solución va a ser muy difícil»
Nuestras limitaciones indican que nuestras aguas hay cianobacterias, un tipo de bacterias que tienen la capacidad de hacer fotosíntesis que afloran en el agua y pueden producir toxinas que envenenan la fauna terrestre y marina, incluidos los trastornos en la salud del ser humano.
Menos agua, peor calidad de nuestras aguas.
El impacto en la salud es evidente: desde todas las enfermedades relacionadas con la contaminación atmosférica, de desarrollo cognitivo y cáncer entre otras patologías, hasta la muerte. Aumenta la mortalidad por causas cardiovasculares, respiratorias e incluso el índice en los partos prematuros y puede provocar el bajo peso al nacer.
En los periodos de sequia, la población más vulnerable, es «la de siempre», niños, mujeres, los mayores, las personas que trabajan al aire libre y los enfermos crónicos.

Afortunadamente comienzan a producirse propuestas científicas para mejorar la situación.

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