El Periódico de la Psicología. 22.09.2025. Ginebra Región Europa. www.elperiodicodelapsicologia.info
Un nuevo informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revela que más de 1.000 millones de personas en todo el mundo padecen trastornos de salud mental, como ansiedad y depresión, lo que representa una creciente urgencia para transformar los sistemas de bienestar psicológico.
Diagnóstico de la situación: retos persistentes
Las enfermedades mentales son la segunda causa principal de discapacidad a largo plazo en todo el mundo.
El gasto gubernamental dedicado a salud mental sigue siendo bajo: en promedio, los países destinan solo un 2 % del presupuesto sanitario a estos servicios, una cifra que se ha mantenido prácticamente sin cambio desde 2017.
En los países de bajos ingresos, menos del 10 % de las personas con condiciones mentales reciben atención adecuada, frente a más del 50 % en los países con mayores recursos.
A pesar de estos desafíos, emergen iniciativas, estudios y políticas que apuntan a una transformación basada no solo en tratar trastornos, sino en promover recuperación, resiliencia y bienestar.
La OMS Región Europa ha lanzado una hoja de ruta para que los sistemas de salud mental integren de forma significativa a personas que han vivido trastornos mentales, no solo como objetos de estudio o receptores de servicio, sino como co-diseñadores, participantes activos y profesionales remunerados.
Este enfoque reconoce que la experiencia personal aporta esperanza, sentido y comprensión empática, elementos clave en la recuperación.
En marzo de 2025, la OMS publicó nuevas orientaciones para que todos los países reformen sus políticas de salud mental hacia modelos centrados en la persona, respetuosos de los derechos humanos, y que aborden determinantes sociales como la vivienda, el empleo y la educación.
Estas guías enfatizan la necesidad de servicios comunitarios, de prevención, de integrar la salud mental en atención primaria, y de reconocer la interacción entre lo psicológico, lo social y lo biológico.
Tecnologías digitales, neuroplasticidad y terapias emergentes.
Una nueva terapia digital llamada Rejoyn, aprobada por la FDA, emplea tareas de memoria emocional para modificar circuitos neuronales alterados en personas con depresión. La base es la neuroplasticidad: cambiar estructuras funcionales del cerebro a través de la repetición y la estimulación emocional.
Estudios recientes han puesto de relieve modelos basados en inteligencia artificial que combinan datos objetivos del comportamiento (como actividad física, patrones de sueño, uso de dispositivos) con autoinformes psicológicos, lo que mejora la predicción del riesgo mental y permite intervenciones más tempranas y personalizadas.
Hay movimientos institucionales que apoyan que sustancias como la ketamina, y en algunos países, MDMA y psilocibina, sean evaluadas y reguladas como tratamientos acompañados de psicoterapia para casos resistentes de depresión, estrés postraumático y otros trastornos.
El futuro en salud mental no solo pasa por curar los trastornos, sino por fomentar fortalezas, resiliencia, sentido de propósito y bienestar subjetivo. Aquí algunas líneas que podrían marcar la diferencia:
Prevención temprana: inversión en infancia, educación emocional, entornos seguros, protección ante experiencias adversas infantiles.
Diseño de entornos sanos: promoción de conexiones sociales, espacios verdes, inclusión, menor estigmatización.
Terapias integradas: combinación de intervenciones farmacológicas o biológicas con psicoterapia basada en evidencia, técnicas de mindfulness, contacto con la naturaleza, arte y creatividad.
Neuroética y participación: asegurar que los avances no solo sean efectivos, sino justos, accesibles, culturalmente sensibles, y que incluyan las voces de quienes viven con diagnóstico.
La ciencia, las políticas y la compasión están convergiendo para redefinir lo que significa “salud mental”. Aunque los números asustan —más de mil millones con trastornos mentales—, también surgen: terapias nuevas, enfoques más humanos, tecnologías que equilibran lo objetivo con lo subjetivo.
Si logramos coordinar inversión, voluntad política y solidaridad social, podemos construir un mundo no solo menos enfermo, sino emocionalmente más fuerte. OMS
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