Menos titulares y más cuidado: un municipio decide construir una red para no dejar caer a nadie

El anuncio llegó un jueves cualquiera de finales de mayo, pero lo que traía consigo era cualquier cosa menos rutinario. La Diputació de Barcelona había elegido Mollet del Vallès, un municipio de algo más de cincuenta mil habitantes enclavado en el Vallès Oriental, como uno de sus municipios piloto para implementar un proyecto innovador en materia de benestar emocional i salut mental. No era un premio a la improvisación. Era un reconocimiento a una ciudad que ya llevaba tiempo trabajando en la sombra, tejiendo sin prisa las alianzas y los proyectos que ahora la convertían en un laboratorio de futuro.

Por la Redacción de El Periódico de la Psicología

La nueva Xarxa Local de Benestar Emocional i Salut Mental que se constituyó aquel día no nació para hacerse una foto. Nació para ordenar, potenciar y dar coherencia a todo lo que ya se estaba haciendo, para después ir más allá. En una época donde el malestar psicológico se ha enquistado en todas las capas de la sociedad, Mollet decidió que la mejor estrategia no era esperar a que la gente llegara rota a la consulta, sino salir a su encuentro antes de que fuera demasiado tarde.


Los mapas del malestar y la oportunidad de actuar a tiempo

Detrás de la decisión de la Diputació de Barcelona hay un mapa dibujado con números que no admiten indiferencia. Se estima que una de cada cuatro personas padecerá un trastorno mental a lo largo de su vida, una cifra que tras la pandemia de la COVID-19 no ha hecho más que escalar, arrastrando consigo secuelas de aislamiento social e incertidumbre que aún hoy no terminamos de comprender del todo. Pero el problema, como bien saben quienes trabajan sobre el terreno, no es solo la magnitud. Es que el 59,44% de los pacientes con trastornos mentales en el mundo no recibe ningún tipo de tratamiento, una brecha que en España se traduce en una espera media de entre seis y ocho meses para acceder a una primera consulta de salud mental en el sistema público.

Esa es la realidad que el proyecto de Mollet pretende atajar desde la raíz. No con ocurrencias, sino con una hoja de ruta clara que nace del Pla Estratègic de Salut Mental de la Diputació de Barcelona 2024-2027, un documento que articula cuatro grandes objetivos: promover el bienestar, prevenir el deterioro y los trastornos, facilitar la detección precoz, y garantizar el acompañamiento comunitario de las personas afectadas. Mollet, al ser escogida como municipio piloto, se ha comprometido a traducir esas líneas maestras en acciones concretas, adaptadas a las necesidades reales de su población. No es poca cosa.

Un espacio de encuentro, no de papeleo

La nueva Xarxa Local que se ha puesto en marcha en Mollet podría definirse como un espacio de coordinación entre servicios municipales, entidades sociales y profesionales del territorio, pero esa definición técnica se queda corta. Como explicó el técnico de la Diputació Eduard Guasch durante la presentación, se trata ante todo de «un espai de trobada i treball compartit». Detrás de esa expresión se esconde una idea fundamental: la salud mental no puede delegarse exclusivamente en los profesionales de la psicología y la psiquiatría, sino que debe ser responsabilidad de toda la comunidad.

El dispositivo funcionará a través de comisiones específicas que se encargarán del desarrollo, la implementación, el seguimiento y la evaluación de las políticas locales. Y aunque la burocracia asusta, aquí no es un fin en sí misma. Entre las funciones de la red destacan la detección de necesidades emergentes, el impulso de respuestas coordinadas y la planificación de políticas alineadas con el plan estratégico. En esencia, la Xarxa se convierte en un cerebro colectivo que evita que los recursos se dupliquen inútilmente o que, lo que es peor, existan agujeros negros por los que los ciudadanos caigan sin que nadie los vea.

Políticas con nombre y apellidos

Lo que ocurre en Mollet no es una quimera de laboratorio. La ciudad ya acumulaba experiencia en la materia con proyectos como el «Sentim-nos Bé» o el servicio «Escolta Jove», una iniciativa que se puso en marcha en marzo de 2023 con un objetivo claro: detectar en fases incipientes casos de vulnerabilidad o dificultad emocional entre los jóvenes. Lo que la nueva Xarxa Local hace es articular todo ese trabajo disperso y darle la coherencia y la potencia que antes le faltaba.

Las declaraciones de las regidoras implicadas reflejan ese salto cualitativo. Marina Escribano, responsable de Juventud, lo expresó con claridad: la Xarxa permitirá «millorar la coordinació i crear un marc on treballar conjuntament», al tiempo que reforzará el compromiso de la ciudad con la salud mental, especialmente en un momento donde los adolescentes, golpeados por las secuelas de la pandemia, necesitan con urgencia espacios seguros donde ser escuchados. Pepi Muñoz, regidora de Salut Pública, fue incluso más allá al afirmar que «invertir en salut mental no és una despesa, sinó una inversió en qualitat de vida, cohesió social i futur». Una frase que en boca de una representante pública suena como una declaración de principios y también como un aldabonazo.

El verdadero reto: pasar del papel a la vida real

Constituir una red, celebrar una presentación institucional y hacer declaraciones loables es el paso más sencillo. Lo difícil viene después, cuando hay que demostrar que todo aquello no se queda en una entelequia. En ese sentido, los planes para Mollet son ambiciosos. La Xarxa actuará como un órgano de gobierno responsable del seguimiento y la evaluación de los nuevos retos en salud mental, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de toda la población. Además, integrará tanto el Pla Local de Salut 2022-2026 de la ciudad como el propio plan estratégico de la Diputació.

Pero el verdadero termómetro de su éxito estará en la calle. Se pondrá a prueba, por ejemplo, en la capacidad para reducir las listas de espera en los servicios públicos de atención psicológica, un problema crónico que desespera a miles de familias. También se verá en la efectividad de los programas de prevención del suicidio y de los trastornos alimentarios, dos problemáticas que la Diputació ha señalado como prioritarias, y que requieren una respuesta comunitaria ágil y coordinada. Y, sobre todo, se medirá en el grado en que la ciudadanía percibe que existe una red dispuesta a atraparla antes de que caiga.

El momento de las políticas valientes

La elección de Mollet como municipio piloto no debería interpretarse como una excepción, sino como un avance de lo que tendría que ser la norma en cualquier localidad que se tome en serio el bienestar de sus ciudadanos. La salud mental no puede seguir siendo un concepto abstracto que se invoca en los discursos institucionales y se olvida a la hora de asignar los presupuestos. Construir una red local de bienestar emocional es una tarea política, sí, pero no en el sentido partidista del término, sino en el más elevado de sus acepciones: la capacidad de una comunidad para organizarse y proteger lo que todos consideran valioso.

La pandemia nos dejó muchas lecciones, y una de ellas es que el aislamiento no solo duele, sino que enferma. Después de haber pasado por eso, construir vínculos comunitarios que funcionen como amortiguadores del malestar es, probablemente, la tarea más urgente de nuestro tiempo.


Las referencias a los programas de salud mental del Ayuntamiento de Mollet del Vallès y a las declaraciones de sus representantes han sido extraídas de la información publicada por «Som Mollet» y «Mollet al Dia» tras la constitución de la Xarxa Local de Benestar Emocional el pasado 29 de mayo de 2026.

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