Metanoia: mindfulness presencia amor y aceptación en el aula

Por Susana Martín de la Sierra Ruiz de la Hermosa

«Los niños no necesitan grandes planes. Necesitan adultos que se detengan. Que miren una hormiga, una hoja, una forma extraña en el suelo, y se permitan asombrarse. (…) El asombro no se enseña. Se habita. Se contagia.»

Hay un instante que cualquier maestra de Infantil reconoce sin necesidad de explicación: un niño de tres años en el suelo, gritando, incapaz de escuchar una sola palabra. Desde la neuropsicología del desarrollo, ese niño no está simplemente «portándose mal»: se encuentra desbordado por una activación emocional que todavía no puede regular de manera autónoma. La corteza prefrontal, implicada en la inhibición, la planificación y la regulación emocional, se encuentra aún en una fase muy temprana de desarrollo y continuará reorganizándose durante la adolescencia y la adultez temprana. Pedirle en ese instante que «se calme» sin ofrecerle acompañamiento es pedirle que movilice por sí solo una capacidad que todavía está construyendo.

Y, sin embargo, seguimos actuando, curso tras curso, como si la calma fuera una decisión de carácter y no una habilidad que se aprende en relación con otros. Enseñamos a sumar con método, progresión y práctica sostenida durante años. Delegamos, en cambio, la educación emocional al azar: al temperamento de cada niño, a lo que se trabaje —o no— en casa o a la intuición del docente en el momento de la crisis. Como maestra, y desde lo que la psicología del desarrollo nos muestra sobre la construcción progresiva de la autorregulación, esa asimetría siempre me ha parecido insostenible. Metanoia nace de una pregunta sencilla: si sabemos que esta capacidad se desarrolla mediante experiencias repetidas de seguridad, vínculo y corregulación, ¿por qué no la acompañamos con la misma intención, presencia y constancia que dedicamos al resto del desarrollo?

Un aula que se transformó en 2020

Metanoia —del griego metanoein, «cambiar de mente»— es un programa educativo de desarrollo emocional que integra el yoga infantil, el mindfulness, la meditación y la narrativa emocional en la rutina diaria del aula. Comenzó en 2020, en el CEIP Rodríguez Marín, como respuesta a una necesidad muy concreta: la pandemia había alterado profundamente la vida cotidiana de la infancia, y el aula necesitaba recuperar y fortalecer su condición de espacio seguro, de encuentro y de aprendizaje.

Lo que empezó como una iniciativa en un aula de niños de tres años se ha ido extendiendo, curso tras curso, hasta integrarse en la cultura del centro: hoy forma parte de su Proyecto de Innovación Educativa, se ha adaptado a Educación Primaria y ha recibido el Premio a la Innovación Educativa Paco Diestro. Pero el reconocimiento externo, aunque importante, no es lo que sostiene el programa. Lo que lo sostiene es algo mucho más sencillo y mucho más difícil de improvisar: la constancia.

Bienestar como rutina, no como intervención puntual

Uno de los principios que defiendo con más firmeza es que el bienestar emocional no se entrena con una charla trimestral ni con una unidad didáctica aislada. Se entrena como se entrena cualquier otra competencia: con la repetición amable de pequeños gestos cotidianos, integrados en el flujo natural del día.

Por eso Metanoia no añade contenidos al currículo; transforma la forma en que ya se vive la jornada escolar. En Infantil, el día empieza con música libre y saludos personalizados, y sigue con rituales como la «caja de las emociones» —cada día alguien elige qué emoción nos visita—, el «rincón de la calma», pausas de mindfulness antes del desayuno y después del recreo, sesiones de yoga y meditación en el horario de psicomotricidad, y cuentos de educación emocional al menos una vez por semana. En Primaria, la misma lógica se adapta al ritmo de las sesiones de clase: pausas de mindfulness cada dos sesiones, un momento de calma tras el recreo y yoga dentro de Educación Física.

Ninguna de estas prácticas ocupa más de unos minutos. Esa es, precisamente, la apuesta: que la regulación emocional deje de reservarse para los momentos de crisis y se convierta en un hábito cotidiano, tan incorporado como lavarse las manos antes de comer. Como escribí en mis cuadernos de estos años: «la infancia no necesita más estímulos, necesita más tiempo». Tiempo para mirar una hormiga, para equivocarse sin que el adulto corra a resolverlo todo, para que aparezca la frustración y el niño decida intentarlo otra vez. En esos instantes aparentemente pequeños se ejercitan la paciencia, la perseverancia y la autorregulación emocional.

Metanoia no pretende fabricar niños permanentemente tranquilos ni convertir la calma en una nueva exigencia. El enfado, la tristeza, el miedo y la frustración también necesitan espacio. El propósito no es silenciar esas emociones, sino ofrecer experiencias de corregulación para que cada niño pueda reconocer lo que siente, expresarlo de una forma progresivamente más segura y recuperar su equilibrio.

Lo que dice la psicología sobre estas prácticas

Cuando empecé a introducir el yoga y el mindfulness en el aula, lo hacía, sobre todo, desde la intuición pedagógica y la observación directa de mi alumnado. Con los años, esa intuición ha encontrado apoyo en un cuerpo creciente de investigación psicológica. Sus conclusiones son prometedoras, aunque deben interpretarse atendiendo a la edad de los participantes, la duración de las intervenciones y la calidad metodológica de cada estudio.

Una revisión sistemática con metaanálisis publicada en 2023 en Mindfulness, centrada en programas de mindfulness y de orientación cognitivo-conductual aplicados en la escuela con niños de 7 a 12 años, encontró mejoras en conciencia emocional y afecto positivo, además de una reducción de síntomas depresivos. Los resultados fueron más favorables en algunas intervenciones breves y universales, dirigidas a todo el grupo. En una línea similar, un metaanálisis de 2021 publicado en el International Journal of Behavioral Development halló efectos favorables sobre las conductas de inatención e hiperactividad-impulsividad, aunque la magnitud de los resultados variaba según el informante y las características de los estudios.

La investigación sobre yoga escolar también ofrece resultados prometedores. Una revisión de alcance publicada en 2022 en Children reunió estudios que describen posibles beneficios en salud mental, bienestar y funcionamiento cognitivo, tanto en alumnado neurotípico como neurodivergente; sin embargo, la heterogeneidad de las intervenciones aconseja evitar conclusiones definitivas. Más cerca de nuestro contexto, un metaanálisis publicado en 2022 en la Revista de Psicodidáctica, que reunió 18 ensayos controlados con más de 1.400 estudiantes en España, encontró efectos favorables de las intervenciones escolares basadas en mindfulness en variables de regulación emocional, desarrollo personal y rendimiento académico.

Ninguno de estos trabajos evalúa Metanoia de forma directa. Tampoco toda la evidencia procede de Educación Infantil: una parte importante se ha obtenido con alumnado de Primaria o con muestras escolares de edades diversas. Por ello, no sería riguroso trasladar automáticamente todos sus resultados a los niños de tres a seis años. Sí permiten, no obstante, situar las herramientas centrales del programa dentro de una línea de investigación relevante, al tiempo que señalan la necesidad de estudiar su aplicación en edades tempranas mediante diseños específicos.

Fundamentos pedagógicos: el coaching educativo y la mirada del maestro-guía

Metanoia no se sostiene en un único modelo teórico, sino en la confluencia de varias corrientes pedagógicas que comparten un mismo horizonte: entender la educación como acompañamiento del desarrollo y no como mera transmisión de contenidos. Una de ellas es el coaching educativo, cuya finalidad no es tanto enseñar en sentido estricto como guiar al alumnado en la construcción de su propio proceso de aprendizaje, entendido como un proceso de crecimiento personal que parte del potencial interno de cada niño o niña. Desde esta perspectiva, atender a la individualidad no es una concesión, sino el punto de partida: cada alumno aprende de una manera distinta, y la inclusión educativa se entiende mejor cuando se construye desde las potencialidades de cada niño que cuando se define solo por la ausencia de barreras de aprendizaje.

El coaching educativo incorpora, a su vez, herramientas procedentes de la Programación Neurolingüística (PNL): la atención al lenguaje y a la comunicación, la diversificación de los estímulos —visuales, auditivos, kinestésicos— y una pedagogía basada en la pregunta y en la escucha activa. Conviene señalar, no obstante, que la PNL es una corriente de uso extendido en el ámbito del coaching y la formación docente, pero cuya base empírica ha sido objeto de fuertes críticas en la literatura psicológica: una revisión de más de tres décadas de investigación concluyó que sus postulados centrales carecen, en conjunto, de un respaldo experimental sólido (Witkowski, 2010). En Metanoia, por tanto, la PNL aporta sobre todo un repertorio de recursos comunicativos y de observación del aula —cómo hablamos a los niños y niñas, qué preguntas les hacemos, cómo diversificamos los estímulos—, sin que ello implique tomarla como un marco psicológico validado empíricamente.

Bajo esta mirada, el papel docente se transforma: el maestro o la maestra deja de ser quien transmite un contenido cerrado para convertirse en guía, alguien que indica dónde mirar pero no qué se tiene que ver, y que acompaña la construcción de caminos de aprendizaje personalizados desde el potencial de cada niño. Es, en cierto modo, la actitud que reclamaba Francesco Tonucci al pedir educadores capaces de mirar «con ojos de niño» (Tonucci, 1996) y que evoca también la «oreja verde» con la que Gianni Rodari (1973) invitaba a escuchar la fantasía infantil sin prisa por corregirla.

Esta concepción del maestro como guía dialoga, además, con dos tradiciones pedagógicas de fuerte arraigo en la etapa de Educación Infantil. La primera es el método Montessori, y en particular su noción de los «períodos sensibles» —ventanas de especial receptividad y atención espontánea que se dan entre los cero y los seis años— y de un ambiente preparado que permite al niño actuar con autonomía; la evidencia disponible sobre programas Montessori bien implementados resulta, en conjunto, favorable, aunque procede todavía de un número limitado de estudios controlados (Lillard y Else-Quest, 2006). La segunda es la pedagogía Waldorf, de la que Metanoia recoge sobre todo la tradición narrativa: el uso de cuentos y personajes como puerta de entrada a contenidos emocionales que, de otro modo, resultarían demasiado abstractos para la infancia —una función que cumplen en el programa los propios cuentos escritos por la autora.

Una mirada holística: Claudio Naranjo y la dimensión espiritual de la infancia

Una segunda influencia central en la construcción de Metanoia es la obra del psiquiatra chileno Claudio Naranjo, y en particular su libro Cambiar la educación para cambiar el mundo (Naranjo, 2004), que reclama una «escuela del ser» frente a una escuela centrada únicamente en el tener, el hacer o el deber. Naranjo defendía una educación holística, capaz de integrar todas las dimensiones de la persona —física, emocional, cognitiva y espiritual—, e incorporaba también una dimensión terapéutica de la educación, entendida como herramienta de cambio y transformación personal. Esa aspiración a una mirada integral, más que ninguna técnica concreta, es lo que Metanoia toma de Naranjo.

De esa misma tradición procede una convicción que sostengo desde que empecé a trabajar de este modo en el aula: que la emoción no es un obstáculo para el aprendizaje, sino una de sus condiciones. En el ámbito de la neuroeducación, autores como Francisco Mora (2013) han defendido que solo se aprende de manera duradera aquello que se vive con una carga emocional significativa, y que la curiosidad y la motivación funcionan como el verdadero «pegamento» del aprendizaje. Cabe matizar, sin embargo, que la neuroeducación es todavía un campo en consolidación, no exento de simplificaciones populares sobre el funcionamiento cerebral, por lo que esta idea debe entenderse como un principio pedagógico orientador y no como una ley neurocientífica cerrada.

Naranjo recurría, como imagen para explicar la necesaria coherencia entre lo que sentimos, pensamos y hacemos, a la idea de que somos «seres con tres cerebros»: uno intelectual, asociado al neocórtex; uno emocional, asociado al sistema límbico; y uno instintivo, asociado a estructuras cerebrales más primitivas. Esta imagen procede del llamado modelo del «cerebro triuno», propuesto a mediados del siglo XX por el neurocientífico Paul MacLean (MacLean, 1990). Es importante situarlo con precisión: la neurociencia actual considera que este modelo simplifica en exceso la organización real del cerebro, que no está dividida en capas evolutivas independientes, sino que funciona de manera mucho más integrada de lo que la imagen sugiere. En Metanoia, por tanto, los «tres cerebros» no se emplean como una descripción anatómica exacta, sino como una metáfora pedagógica para ayudar a los niños y niñas a reconocer la relación entre lo que sienten, lo que piensan y lo que finalmente hacen o dicen.

De esta mirada holística se deriva también lo que en el programa se denomina la dimensión espiritual de la infancia, un término que conviene aclarar explícitamente porque puede prestarse a confusión: en Metanoia no remite a ninguna religión, credo o dogma, sino a un conjunto de valores universales —el amor, el respeto, la aceptación, el perdón y la gratitud— trabajados en el día a día del aula sin ninguna adscripción confesional. Esta dimensión conecta con algo que, en mi experiencia, cualquier maestra de Infantil puede confirmar: los niños y niñas pequeños viven de forma espontánea en el presente, sin proyectarse demasiado en el pasado o el futuro, y conservan una capacidad de asombro ante lo cotidiano que los adultos solemos haber perdido. Trabajar con ellos la respiración, la observación y la gratitud no consiste tanto en enseñarles algo nuevo como en proteger una disposición que ya tienen.

Esa misma protección incluye, de forma quizá contraintuitiva, dejar espacio al «no hacer nada». Meditar es, entre otras cosas, entrenarse en no actuar de manera inmediata, y en Metanoia se defiende que el aburrimiento —tan poco tolerado hoy, tanto por la infancia como por los adultos que la acompañan— no es un problema que resolver, sino una condición fértil para la creatividad y el descubrimiento; una idea que encuentra cierto respaldo en la investigación psicológica sobre el aburrimiento como estado que puede favorecer el pensamiento divergente (Mann y Cadman, 2014).

Esta misma mirada holística explica, por último, por qué Metanoia no se dirige solo al alumnado, sino también a las familias, a través de sesiones formativas paralelas. La psicología del desarrollo lleva décadas subrayando que el niño no crece de forma aislada, sino dentro de sistemas relacionales anidados —familia, escuela, comunidad— que se influyen mutuamente (Bronfenbrenner, 1979); por eso, sin la implicación progresiva de las familias, cualquier programa de educación emocional ve limitado su alcance real fuera del aula.

Lo que no aparece en los metaanálisis: la reciprocidad

Hay, sin embargo, una dimensión de Metanoia que los resultados agregados de una investigación difícilmente pueden describir por completo y que, para mí, resulta especialmente reveladora desde el punto de vista psicológico: el cambio no ocurre solo en el alumnado.

Cuando un adulto acompaña a un niño a respirar antes de reaccionar desde el enfado, ese adulto también está practicando la respiración. Cuando construimos juntos un rincón de la calma, la maestra que lo diseña también aprende a habitarlo. La psicología del desarrollo señala la importancia de la corregulación: antes de poder regularse de forma autónoma, el niño necesita experiencias repetidas de regulación compartida con un adulto disponible, sensible y suficientemente sereno. Lo escribí hace un tiempo casi como un descubrimiento personal: «cuando un adulto invade, manipula o ignora, algo dentro del niño se contrae; cuando un adulto acompaña con presencia, algo dentro del niño florece». Ese vínculo de ida y vuelta —el educador que también se transforma mientras acompaña— es, en mi experiencia, el verdadero motor de Metanoia. No es una técnica aplicada desde fuera, sino una transformación compartida.

Esta dimensión relacional conecta con algo más amplio que las técnicas de respiración o las posturas de yoga: una mirada integral del desarrollo infantil, en la que lo corporal, lo emocional, lo cognitivo y el sentido de conexión, pertenencia y asombro no son compartimentos separados, sino dimensiones entrelazadas de una misma persona en formación. No hace falta compartir un marco espiritual concreto para reconocer que un niño que aprende a detenerse, observar su respiración y nombrar lo que siente está desarrollando algo que trasciende la mera gestión de la conducta: está aprendiendo a habitarse a sí mismo.

Lo que se observa en el día a día

Más allá de la literatura científica, mi convicción se sostiene también en lo que percibimos curso tras curso en las aulas: niños y niñas que comienzan a utilizar la respiración consciente como recurso propio en momentos de tensión; una mayor disposición a la escucha y nuevas formas de afrontar los pequeños conflictos; y una actitud más receptiva hacia el aprendizaje. También observamos cambios en el profesorado, que incorpora prácticas más conscientes y preventivas, y en familias que trasladan algunas estrategias de regulación al hogar. Son observaciones pedagógicas, no resultados experimentales, y precisamente por ello constituyen un punto de partida para una futura evaluación sistemática del programa.

Nada de esto sustituye la necesidad de una investigación rigurosa y específica. Pero sí dialoga con una idea central de la psicología educativa: el bienestar emocional no es un adorno del aprendizaje, sino una de sus condiciones fundamentales. Cuando un niño se siente amenazado, desbordado o desconectado, su disponibilidad para atender y aprender puede verse seriamente comprometida; cuando encuentra seguridad relacional y palabras para expresar lo que le sucede, dispone de mejores condiciones para recuperar el equilibrio.

Una propuesta que no exige grandes recursos

Quiero terminar subrayando algo importante para otros docentes y profesionales: Metanoia no ha requerido grandes inversiones ni cambios estructurales en el centro. Ha requerido, sobre todo, formación progresiva, coordinación y voluntad de sostener la práctica en el tiempo. Los materiales son, en su mayoría, elementos naturales y sencillos: piedras, hojas, telas e instrumentos musicales. Los cuentos que utilizamos, algunos escritos por mí, como La metamorfosis de Fito y Luí, el pequeño colibrí, funcionan como puertas de entrada narrativas a experiencias y conceptos que resultarían demasiado abstractos para la infancia. El origen personal de este recorrido —de dónde nace realmente Metanoia y por qué decidí sostenerla— lo cuento con más detalle en Metamorfosis eterna.

Esa accesibilidad es, creo, una de las razones por las que un programa nacido en una sola aula de Educación Infantil ha podido extenderse al centro y despertar el interés de otros docentes. Educar emocionalmente no exige grandes infraestructuras. Exige la decisión sostenida de tratar el bienestar interior de la infancia —y del profesorado que la acompaña— como lo que realmente es: no un extra, sino parte del fundamento sobre el que se construye el aprendizaje.

Ahí empieza Metanoia. En lo pequeño. En lo sencillo. En la presencia.

Susana Martín de la Sierra Ruiz de la Hermosa es maestra de Educación Infantil y creadora del programa Metanoia, distinguido con el Premio a la Innovación Educativa Paco Diestro.

Referencias bibliográficas

Arain, M., Haque, M., Johal, L., Mathur, P., Nel, W., Rais, A., Sandhu, R., & Sharma, S. (2013). Maturation of the adolescent brain. Neuropsychiatric Disease and Treatment, 9, 449–461. https://doi.org/10.2147/NDT.S39776

Arenilla Villalba, M. J., Alarcón Rubio, D., & Povedano Díaz, M. A. (2022). Multilevel meta-analysis of school mindfulness-based intervention programs in Spain. Revista de Psicodidáctica. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2530380522000089

Bronfenbrenner, U. (1979). The Ecology of Human Development: Experiments by Nature and Design. Harvard University Press.

Hart, N., Fawkner, S., Niven, A., & Booth, J. N. (2022). Scoping review of yoga in schools: Mental health and cognitive outcomes in both neurotypical and neurodiverse youth populations. Children, 9(6), 849. https://www.mdpi.com/2227-9067/9/6/849

Lillard, A., & Else-Quest, N. (2006). Evaluating Montessori education. Science, 313(5795), 1893–1894. https://doi.org/10.1126/science.1132362

MacLean, P. D. (1990). The Triune Brain in Evolution: Role in Paleocerebral Functions. Plenum Press.

Mann, S., & Cadman, R. (2014). Does being bored make us more creative? Creativity Research Journal, 26(2), 165–173. https://doi.org/10.1080/10400419.2014.901073

Martín de la Sierra Ruiz de la Hermosa, S. (2023). La metamorfosis de Fito. Apuleyo Ediciones. https://apuleyoediciones.com/producto/la-metamorfosis-de-fito/

Martín de la Sierra Ruiz de la Hermosa, S. (2026). Luí, el pequeño colibrí. https://amzn.eu/d/0hMgqPtf

Martín de la Sierra Ruiz de la Hermosa, S. (2026). Metamorfosis eterna. https://amzn.eu/d/0iVlXZBn

Mora, F. (2013). Neuroeducación: Solo se puede aprender aquello que se ama. Alianza Editorial.

Naranjo, C. (2004). Cambiar la educación para cambiar el mundo. La Llave.

Pickerell, L. E., Pennington, K., Cartledge, C., Miller, K. A., & Curtis, F. (2023). The effectiveness of school-based mindfulness and cognitive behavioural programmes to improve emotional regulation in 7–12-year-olds: A systematic review and meta-analysis. Mindfulness. https://link.springer.com/article/10.1007/s12671-023-02131-6

Rodari, G. (1973). Gramática de la fantasía.

Tonucci, F. (1996). Frato: 40 años con ojos de niño. Losada.

Vekety, B., Logemann, H. N. A., & Takacs, Z. K. (2021). The effect of mindfulness-based interventions on inattentive and hyperactive–impulsive behavior in childhood: A meta-analysis. International Journal of Behavioral Development. https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/0165025420958192

Witkowski, T. (2010). Thirty-five years of research on Neuro-Linguistic Programming. NLP research data base. State of the art or pseudoscientific decoration? Polish Psychological Bulletin, 41(2), 58–66. https://doi.org/10.2478/v10059-010-0008-0

EL PERIÓDICO DE LA PSICOLOGÍA www.elperiodicodelapsicologia.info medio de comunicación especializado ISSN 2696-0850 Tel. +34 625958660

Deja un comentario