Noemi Robles: La IA no puede sustituir nunca el criterio de un profesional

Pol Trilles

Noemí Robles, profesora del máster universitario de Salud Digital

Noemí Robles se ha incorporado como profesora lectora a los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC. Psicóloga, doctora en Neurociencias, experta en ciencia de datos (data science) y miembro del centro colaborador de la OMS en salud digital, su trayectoria combina investigación en salud mental y evaluación de tecnologías sanitarias. Con motivo de esta nueva etapa, le hemos hecho una entrevista para hablar de su investigación en el ámbito de la salud digital y de cómo afronta su tarea docente.

Has estudiado Psicología, Neurociencias, Bioinformática, Comunicación Científica y Ciencia de Datos (Data Science). ¿Qué te llevó a especializarte en la salud digital?

En 2018 entré en el eHealth Centre para ofrecer apoyo al área de diseño y evaluación de intervenciones digitales, y de ahí fui entrando en contacto con las demás áreas (data science, empoderamiento), hasta que acabé siendo la coordinadora del servicio de apoyo y proyectos del eHealth Centre. Tuve mucha suerte porque pude introducirme no en un ámbito concreto, sino en muchos al mismo tiempo, y esto me ha proporcionado una visión muy 360° de todo.

Existen miles de aplicaciones de salud mental disponibles, pero no todas tienen evidencia científica detrás. ¿Qué hace falta para que la gente y los profesionales puedan confiar en estas herramientas? Y, en caso de querer utilizar una, ¿qué recomendarías?

Es fácil crear apps de salud mental con buen diseño, pero es difícil garantizar que sus contenidos tengan evidencia científica. Hay que valorar no solo aspectos técnicos y legales, sino también la fiabilidad del contenido. Los mercados de Apple y Google son cada vez más exigentes, pero es necesario informarse previamente. Para las personas que quieran utilizar una app de salud mental: buscar una con contenidos basados en evidencia, no solo segura y legal, y que esté integrada en un proceso terapéutico (idealmente recomendada por el terapeuta). Las apps ayudan a monitorizar, pero no sustituyen el acompañamiento profesional, especialmente en casos complejos, como una depresión grave.

La irrupción de la inteligencia artificial está transformando muchos ámbitos de la salud. ¿Qué oportunidades y riesgos ves en el campo de la salud mental?

Sí, la IA está transformando muy rápidamente el ecosistema de la salud, y también estamos tratando rápidamente de incorporarla para sacarle el máximo beneficio. Algunos investigadores trabajan en la forma de conseguir que la IA sea una herramienta más de apoyo dentro del proceso terapéutico, pero por ahora no puede suplir a un profesional. Puede ayudar al terapeuta en su día a día y también a los pacientes (por ejemplo, agilizando procesos y proporcionando información). Sin embargo, antes hace falta mucho trabajo en alfabetización: entender qué podemos pedirle a la IA y qué puede ofrecernos, y no creernos todo lo que nos dice porque no es el gran sabio, sino que está nutrida de unos algoritmos que pueden contener sesgos o generar respuestas inexactas.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta es que la IA está diseñada con un lenguaje muy próximo, y esto puede hacer que le atribuyamos cualidades humanas que realmente no tiene. Estos son algunos de los aspectos que más me preocupan en cuanto a la implementación de la IA en el ámbito de la salud mental: cómo utilizar la herramienta y tener claro qué es.

¿Crees que la IA generativa podría llegar a desempeñar una función de terapia?

¡Espero que no! (se ríe) Ahora mismo, utilizar la IA como herramienta terapéutica, no. Pero también debemos diferenciar plataformas generales como ChatGPT de otras herramientas diseñadas específicamente para la orientación psicológica, programadas con unos algoritmos específicos y una evidencia científica y clínica detrás, que estarían más preparadas para proporcionar orientaciones con un criterio más profesional. Sin embargo, todavía es un ámbito que hay que explorar. Sería necesario ver cómo integrarlas en el proceso asistencial, en qué momentos y para qué perfiles. Quizá algunas personas se sienten más cómodas con una herramienta generativa, siempre que aseguremos que los contenidos están basados en la evidencia y que, en caso de detectar conductas de riesgo, la IA pueda derivar el caso a un profesional. No obstante, la IA no puede sustituir nunca el criterio de un profesional con años de experiencia. Tiene que ser una herramienta de apoyo, no un sustituto.

¿La ciudadanía está preparada para gestionar su salud con herramientas digitales?

Creo que todavía queda trabajo por hacer. A los más jóvenes, que ya han nacido con la tecnología, el acceso y manejo de estas herramientas les resulta más natural, pero a medida que aumentamos de edad pueden surgir dificultades en el uso de estas herramientas. En general, la parte tecnológica es a menudo fácil de utilizar, pero hay otros aspectos que pasan desapercibidos o de los que no somos conscientes. Por ejemplo, herramientas como La Meva Salut, para pedir una cita o consultar nuestro historial médico, nos ofrecen plenas garantías. Pero en el caso de las apps de los mercados, que son gratuitas, estamos cediendo datos sin ser conscientes de ello, o nos cuesta identificar si los contenidos son fiables. Nos falta alfabetización y conocimiento de lo que implica el uso de estas herramientas y de lo que estamos ofreciendo nosotros a cambio.

¿Cómo vives el paso de la investigación a la docencia? ¿Qué asignaturas impartes y qué es lo que más te ilusiona de esta nueva etapa?

Lo vivo con mucha ilusión. La docencia requiere mucha dedicación, pero estoy encantada. Soy profesora responsable en el máster universitario de Salud Digital (E-health), en el que llevo asignaturas de evaluación del impacto de las intervenciones digitales y de metodología de la investigación aplicada a la salud digital. También formo parte del máster universitario de Neuropsicología, con una asignatura de metodología de la investigación, y de un curso de especialización en redacción médica. Además, llevo la asignatura de empoderamiento en salud. Todos son ámbitos en los que llevo tiempo trabajando, por lo que creo que puedo trasladar mi experiencia a los estudiantes.

Eres miembro del centro colaborador de la OMS en salud digital de la UOC. ¿Cuáles son los debates más candentes que estáis abordando actualmente?

Últimamente, nos están pidiendo mucho asesoramiento desde países de Europa del Este, como Georgia o Bosnia y Herzegovina. Tienen mucho interés en impulsar los servicios de telemedicina y quieren medir su nivel de madurez en relación con el proceso de digitalización sanitaria. Nosotros, como centro colaborador de la OMS, los acompañamos en el proceso de evaluación para identificar áreas de mejora y orientarlos hacia una implementación exitosa teniendo en cuenta distintos factores, tanto regulatorios y tecnológicos como de preparación de los profesionales y la ciudadanía, o de gobernanza.

¿Cómo crees que tendría que cambiar la formación de los futuros profesionales de la salud en este contexto cada vez más digital?

La digitalización ya llegó para quedarse, y con la IA todavía más. Para mí, lo importante es fomentar el espíritu crítico al utilizar estas herramientas. No se trata tanto de enseñar a usar ChatGPT o Gemini, porque evolucionan muy rápidamente, como de saber cuándo utilizarlas, cómo interpretar sus resultados y cómo sacarles el máximo provecho. Que los profesionales tengan suficientes conocimientos de base para identificar cuándo una respuesta es una alucinación y cuándo es válida: esto es lo que realmente tenemos que aprender y transmitir.

EL PERIÓDICO DE LA PSICOLOGIA www.elperiodicodelapsicologia.info medio de comunicación especializado ISSN 2696-0850 Barcelona

Deja un comentario