El descenso del coeficiente intelectual desde 2006: una oportunidad para repensar la inteligencia
La ciencia documenta una leve pero sostenida caída del CI en países nórdicos, Europa y Estados Unidos. Lejos de alarmarnos, este hallazgo nos invita a comprender cómo el entorno, la educación y la salud emocional moldean nuestra mente.
Por Redacción del Periódico de la Psicología
En 2006, algo inesperado comenzó a aparecer en las bases de datos de los estudios cognitivos. Durante décadas, el llamado efecto Flynn había mostrado un aumento constante del coeficiente intelectual en la población general, aproximadamente tres puntos por década. Pero la tendencia se invirtió. Investigadores en Noruega, Finlandia, Dinamarca, Reino Unido y Estados Unidos confirmaron lo que parecía una ironía histórica: la inteligencia medida por tests psicométricos ha empezado a disminuir.
¿Significa esto que la humanidad se está volviendo “más tonta”? La ciencia responde con matices: no, no es una catástrofe neurológica. Es, sobre todo, un cambio en el estilo de procesamiento cognitivo que la sociedad valora y ejercita.
¿Qué dicen los datos exactamente?
Un estudio emblemático publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (2018), liderado por Bernt Bratsberg y Ole Rogeberg, analizó los tests de reclutamiento militar de 730.000 varones noruegos nacidos entre 1962 y 1991. Observaron que el CI aumentó hasta mediados de los 70, se estabilizó y luego cayó unos siete puntos por generación. Estudios posteriores en Francia, Holanda y Australia han replicado el hallazgo.
La caída es pequeña pero estadísticamente robusta: entre 0,2 y 0,4 puntos por década. No es un colapso, sino una tendencia suave que contrasta con el entusiasmo tecnológico de nuestro tiempo.
Las razones científicas (y humanas) del descenso
La investigación psicológica ha propuesto varias hipótesis. Ninguna apunta a una “degeneración” biológica de la especie; todas señalan al entorno y los hábitos.
1. Cambios en el sistema educativo
Desde los años 90, muchos países adoptaron pedagogías centradas en la autoestima, el trabajo grupal y la reducción de la memorización. Si bien estas metodologías fomentan habilidades sociales valiosas, los tests de CI miden razonamiento abstracto, vocabulario y series numéricas –habilidades que se entrenan menos hoy. No es que los jóvenes sean menos capaces; es que sus mentes se entrenan en otras destrezas, como la multitarea digital.
2. El tsunami de las pantallas
Pasamos de leer libros y revistas a consumir videos cortos, redes sociales y respuestas inmediatas. La lectura profunda ejercita la comprensión de textos complejos, el manejo de la sintaxis y la memoria de trabajo. El desplazamiento de la lectura por el entretenimiento visual fragmentado se correlaciona con descensos en subpruebas verbales y de razonamiento fluido. Pero atención: no es que las pantallas “dañen” el cerebro, sino que cambian el tipo de atención que practicamos.
3. Menos desafío cognitivo en trabajos físicos y rutinarios
La automatización ha reducido la necesidad de cálculo mental, orientación espacial o planificación en muchos empleos. El cerebro, como el músculo, se mantiene en forma cuando se ejercita deliberadamente. Una sociedad que terceriza la memoria en Google y la aritmética en calculadoras puede mostrar menor rendimiento en tests que evalúan esas funciones en bruto.
4. Factores nutricionales y de salud
Por cada ventaja de la mejora en la primera infancia, aparecen nuevos desafíos: el aumento de la obesidad infantil se asocia con inflamación sistémica y peor rendimiento cognitivo. La disminución del consumo de pescado (ácidos grasos omega-3) en algunas regiones también se ha vinculado a un desarrollo neurocognitivo subóptimo.
5. El efecto Flynn inverso por inmigración
En países donde los tests se aplican en el idioma oficial, los hijos de inmigrantes que todavía están aprendiendo esa lengua pueden puntuar más bajo por razones lingüísticas, no intelectuales. Este factor explica parte de la caída en sociedades diversas, pero no la tendencia completa.
Lo que el CI no mide (y tal vez deberíamos empezar a valorar)
Quien escribe esto no es una inteligencia artificial ni un frío análisis estadístico. Es la voz de una psicología que entiende el miedo que produce oír que “nos volvemos menos inteligentes”. Pero permítanme humanizar el mensaje:
El coeficiente intelectual es una herramienta útil para predecir el rendimiento académico y cierto tipo de resolución de problemas lógicos. No mide la creatividad, la sabiduría práctica, la empatía, la resiliencia emocional ni la capacidad de amar o colaborar. Una sociedad que desciende una décima de punto en CI puede estar, paradójicamente, desarrollando una inteligencia más distribuida, colaborativa y emocionalmente consciente.
De hecho, algunos psicólogos sociales sugieren que el descenso del CI refleja el fin de la obsesión fabril por el razonamiento abstracto y el inicio de una era que valora la adaptabilidad, la inteligencia social y la regulación emocional. ¿No es acaso la capacidad de escuchar, regular el estrés y resolver conflictos interpersonales una forma de inteligencia que ningún test de matrices de Raven captura?
Conclusión: no es una alarma, es una invitación
La ciencia que informa este descenso no nos pide pánico. Nos recuerda algo que la psicología lleva un siglo demostrando: el cerebro es plástico, y sus habilidades dependen de lo que la cultura realiza. Si desde 2006 hemos entrenado menos el razonamiento puramente abstracto y más la navegación en entornos digitales, no estamos “perdiendo inteligencia” – estamos transformándola.
El llamado aquí es doble: por un lado, recuperar el placer de la lectura profunda, el pensamiento crítico sin distracciones y el desafío intelectual deliberado. Por otro, ampliar la definición de inteligencia para incluir esas capacidades que nos hacen humanos: la ternura para cuidar, la audacia para crear y la sabiduría para no reducir nuestra valoración a un número.
Como concluye el investigador Thomas Hills (Universidad de Warwick): “Si seguimos externalizando nuestras capacidades cognitivas en las máquinas, nuestras puntuaciones de CI seguirán cayendo. Pero quizá eso no sea un problema, si aprendemos a usar esas máquinas para ampliar nuestra mente en lugar de reemplazarla”.
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