Las neuronas no se regeneran

Es un mito. Durante mucho tiempo se extendió la idea de que nacíamos con un número determinado de neuronas y que, a partir de entonces, solo podíamos perderlas.

Por María Miret Donato. Co-editora El Periódico de la Psicología

Esta creencia se relacionaba con una visión del cerebro adulto como una estructura prácticamente fija, incapaz de cambiar de manera significativa.

Pero la investigación ha transformado nuestra comprensión de su capacidad de adaptación.

Aquí es importante distinguir dos conceptos: la neuroplasticidad y la neurogénesis.

Neuroplasticidad: el cerebro puede cambiar con la experiencia. La neuroplasticidad es la capacidad del sistema nervioso para modificar sus conexiones y su funcionamiento en respuesta a la experiencia, el aprendizaje y determinadas condiciones.

Cuando aprendemos una nueva habilidad, practicamos un instrumento o adquirimos conocimientos, se producen cambios en las redes neuronales que participan en esos procesos.

La plasticidad también interviene en la adaptación a determinadas lesiones y en la reorganización de algunas funciones, aunque sus posibilidades dependen de muchos factores y no son ilimitadas.

Esto no significa que cada experiencia cree automáticamente nuevas neuronas ni que cualquier daño cerebral pueda repararse por completo.

Significa que el cerebro no es una estructura completamente inmóvil: puede modificarse a lo largo de la vida.

Neurogénesis: ¿podemos generar nuevas neuronas siendo adultos? La neurogénesis es el proceso mediante el cual se forman nuevas neuronas.

En determinados animales, la neurogénesis adulta está ampliamente documentada. En seres humanos adultos, sin embargo, su alcance y su importancia funcional siguen siendo objeto de investigación, especialmente en regiones como el hipocampo, relacionado con la memoria y el aprendizaje.

Por eso, no sería correcto afirmar que las neuronas nunca se regeneran, pero tampoco asegurar que el cerebro adulto produce grandes cantidades de neuronas nuevas de forma generalizada.

La neuroplasticidad y la neurogénesis no son sinónimos. Podemos experimentar cambios en las conexiones neuronales sin que eso implique necesariamente la formación de neuronas nuevas.

La parte más humana de la neuroplasticidad. Pensemos en alguien que comienza a aprender algo que nunca había hecho. Al principio puede sentirse torpe, inseguro o incluso pensar que no tiene capacidad.

Sin embargo, con la práctica, la experiencia y el tiempo, puede adquirir habilidades que antes parecían imposibles.

También podemos aprender a reconocer nuestras emociones, desarrollar estrategias para afrontar situaciones difíciles o modificar ciertos hábitos. Estos cambios psicológicos no dependen únicamente del cerebro: también influyen el entorno, las relaciones, las oportunidades y las condiciones de vida.

Pero la capacidad de adaptación del sistema nervioso nos recuerda algo importante:

Lo que hoy te resulta difícil no tiene por qué definir para siempre lo que serás capaz de aprender mañana.

Eso no significa que podamos cambiarlo todo a voluntad, ni que el sufrimiento desaparezca simplemente pensando de otra manera. Significa que las personas podemos aprender, adaptarnos y encontrar nuevas formas de afrontar la vida, aunque cada proceso tenga sus propios tiempos y límites.

Más allá de los mitos: ¿qué nos enseña realmente la neurociencia?

El cerebro no es una máquina con un porcentaje escondido que debamos activar. Tampoco es una estructura dividida en dos personalidades enfrentadas ni un órgano completamente condenado a permanecer igual después de la infancia.

Es un sistema dinámico, organizado en redes, con funciones parcialmente especializadas y una capacidad de adaptación que depende de múltiples factores.

Y, aun así, la ciencia no tiene todas las respuestas.

Todavía quedan preguntas abiertas sobre cómo se relacionan las redes cerebrales con la conciencia, cómo se forman determinados recuerdos, qué condiciones favorecen el aprendizaje o hasta qué punto podemos comprender las diferencias individuales.

Reconocer lo que todavía no sabemos no debilita el conocimiento científico. Al contrario: nos permite distinguir entre aquello que cuenta con evidencia y aquello que sigue siendo una hipótesis.

En psicología, esta distinción es especialmente importante. Las explicaciones sobre el cerebro pueden ayudarnos a comprender determinados procesos, pero no deben utilizarse para reducir a una persona a una etiqueta, justificar promesas milagrosas o hacerle creer que todo depende de su voluntad.

Porque detrás de cada cerebro hay una historia, unas circunstancias, unas relaciones y una manera particular de experimentar el mundo.

Conclusión: comprender el cerebro también es aprender a mirarnos de otra manera

Quizá lo más interesante de desmontar estos mitos no sea descubrir que algunas cosas que creíamos eran incorrectas.

Quizá lo más interesante sea lo que podemos aprender de ello.

Durante mucho tiempo hemos buscado respuestas rápidas sobre nuestra mente: por qué somos como somos, por qué nos cuesta aprender determinadas cosas o por qué, a pesar de nuestros esfuerzos, hay momentos en los que sentimos que no avanzamos.

La neurociencia nos invita a mirar más allá de las explicaciones fáciles.

Nos recuerda que nuestras capacidades no se resumen en una cifra, que la creatividad no pertenece a una sola parte de nuestro cerebro y que la posibilidad de aprender no desaparece simplemente porque nos hagamos mayores.

Pero también nos enseña a respetar la complejidad humana: no todo depende de nuestro cerebro, no todos partimos de las mismas condiciones y no todos los cambios suceden al mismo ritmo.

Comprender cómo funciona nuestra mente no significa tener el control absoluto sobre ella. Significa disponer de más herramientas para conocernos, cuidarnos y comprender también a los demás.

Y, a veces, ese es el primer paso para dejar de juzgarnos por lo que todavía no sabemos hacer y empezar a reconocer todo lo que aún podemos aprender.

Para seguir aprendiendo

Referencias científicas para profundizar en los mitos del cerebro y la creatividad.

  1. Nature Neuroscience (2003). Brain myths.

Editorial que analiza mitos populares sobre el cerebro, entre ellos la creencia del 10 %.

Leer el artículo científico

  1. Corballis, M. C. (2014). Left Brain, Right Brain: Facts and Fantasies.

Análisis de las diferencias entre hemisferios y de las interpretaciones populares sobre la creatividad.

Leer el artículo en PLOS Biology

  1. Gonen-Yaacovi y colaboradores (2015). Where do bright ideas occur in our brain?

Metaanálisis de estudios de neuroimagen sobre las redes cerebrales implicadas en la creatividad.

Consultar el estudio

  1. Pidgeon y colaboradores (2016). Functional neuroimaging of visual creativity: a systematic review and meta-analysis.

Revisión sistemática y metaanálisis sobre los procesos cerebrales implicados en la creatividad visual.

Consultar la publicación

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