El encuentro, organizado por la Fundación Ibercaja en el congreso “El mundo que viene”, reunió a la psiquiatra y al cirujano en una conversación sin concesiones sobre salud mental, empatía y el vacío de la era digital.
Zaragoza, junio de 2026. Por Maria Miret Donato. Editora. Redactora EL PERIÓDICO DE LA PSICOLOGIA
El Palacio de Congresos de Zaragoza se llenó el pasado viernes con un público que acudió a escuchar algo que, quizá sin saberlo, necesitaba oír: que no estamos diseñados para ser felices. Que la felicidad perpetua es un engaño comercial. Y que, en un mundo que nos empuja a la inmediatez y al like, la verdadera salud mental tal vez tenga más que ver con la bondad que con el bienestar entendido como ausencia de problemas.
Allí estaban, frente a frente, dos de las voces más lúcidas y poco complacientes del panorama sanitario español: la psiquiatra Marian Rojas Estapé y el cirujano reconstructivo Pedro Cavadas, pionero mundial en trasplantes complejos. Dos profesionales que, desde trincheras muy distintas —la mente y el cuerpo—, coincidieron en un diagnóstico desolador: estamos anestesiados, desconectados de nosotros mismos y de los demás, y obsesionados con una felicidad que no existe.
El mito de la felicidad perpetua. La conversación, titulada “Rediseñar lo que significa estar bien”, arrancó con una pregunta incómoda: ¿qué significa realmente estar bien? Para Marian Rojas, no se trata de un estado de euforia constante, sino de algo más humilde y más cierto: “tener la energía física y la estabilidad emocional”, contar con herramientas para adaptarse a las batallas y “capear” los temporales vitales. Frente a la obsesión contemporánea por la felicidad, la psiquiatra fue contundente: “Hay una obsesión por ser felices, como si estuviéramos diseñados para serlo. Pero estamos diseñados para la supervivencia”. Y esa supervivencia, explicó, antes era huir del león; hoy es contestar correos, llegar a fin de mes, gestionar el estrés crónico de una vida hiperestimulada.
Pedro Cavadas, fiel a su estilo directo y sin filtros, fue aún más lejos: “Eso de ser feliz 24 horas al día los 7 días de la semana es un engaño comercial, no existe”. Y, con una honestidad que desarmó al público, confesó: “Sé lo que es estar mal, pero lo que es estar bien no lo sé todavía”. Para él, la vida no es un camino de rosas, sino una sucesión de golpes que hay que aprender a encajar. “Lo importante es la capacidad de encajar la lluvia de hostias que es la vida”, sentenció.
La crisis de atención y el cerebro secuestrado. Marian Rojas alertó sobre lo que considera uno de los grandes males de nuestro tiempo: la “profunda crisis de atención” en la que estamos inmersos. “Vivimos hiperestimulados, con una dopamina constante, enganchados a lo viral”, explicó. Esta sobreexposición digital, advirtió, anestesia la corteza frontal —la encargada de la atención, la toma de decisiones y la empatía— y polariza el cerebro, cerrándolo a la comprensión del otro.
La consecuencia, según Rojas, es que las personas “huyen de la profundidad, no se hacen preguntas”, cuando en realidad “la satisfacción vital está íntimamente relacionada con conseguir algo que requiera esfuerzo”. En esa huida hacia adelante, muchos han encontrado un sustituto fácil: “La gente usa ChatGPT como su psicólogo de referencia”, lamentó. Una frase que, por sí sola, resume el extraño momento que vivimos: buscar respuestas sobre nuestra propia alma en una máquina que no tiene alma.
La empatía no cabe en un tuit. Si Rojas puso el foco en el cerebro, Cavadas lo puso en el corazón —o más bien, en la ausencia de él. “La empatía no está de moda porque no cabe en equis caracteres o en equis segundos”, afirmó. Y fue especialmente duro con la falsa compasión que se exhibe en las redes sociales: “La empatía no es darle un like a una foto o mandar un emoticono con un abrazo. Eso es una idiotez”.
Para Cavadas, la verdadera empatía es otra cosa. Es “ponerte de verdad en la piel de otra persona”, un proceso lento, que exige tiempo y presencia, y que choca frontalmente con la inmediatez digital. “Lo único que nos hace iguales es el dolor, y cuando lo entiendes es cuando puedes hacer algo para ayudar. Eso no se arregla dando un like”.
El cirujano, que se define a sí mismo como “gestor de tragedias” —un término que Rojas hizo suyo—, recordó que la medicina no consiste en salvar vidas a cualquier precio, sino en “aliviar sufrimiento”. Y en ese acompañamiento, en esos momentos de máxima vulnerabilidad, “la gente agradece que le lleves de la mano”. No hace falta un algoritmo. Basta con estar.
La bondad como salvoconducto. Quizá la idea más poderosa que emergió del diálogo fue la más sencilla: “Ser una buena persona puede hacer que tu salud mental mejore e incluso sobrevivas a tragedias o heridas severas”, dijo Rojas. Pero advirtió: ese objetivo “conlleva ocuparte de los demás, y eso no puedes hacerlo encerrado en tu casa o en una pantalla”.
Cavadas, por su parte, recordó que el ser humano sigue siendo, en el fondo, “un mono asustado”. Y que reconocer esa vulnerabilidad compartida, entender que el sufrimiento del otro podría ser perfectamente el nuestro, es el primer paso para mirar al mundo de otra forma.
El crecimiento personal no se pregunta a ChatGPT. El broche de oro de la conversación llegó con una reflexión que bien podría ser el titular de nuestra época: “El crecimiento personal no se logra preguntando a ChatGPT”. Porque el bienestar, la salud mental, la empatía y, en definitiva, eso que llamamos “estar bien” no se encuentran en una pantalla. Se construyen lentamente, con esfuerzo, con relación, con presencia. Con la valentía de encajar los golpes y la generosidad de tender la mano.
En un mundo que nos vende felicidad instantánea, Marian Rojas y Pedro Cavadas nos recordaron que lo único que realmente importa no se compra, no se descarga y no se mide en likes. Se vive. Y se comparte.
El congreso “El mundo que viene”, organizado por la Fundación Ibercaja con motivo de su 150 aniversario, se celebró los días 18 y 19 de junio en el Palacio de Congresos de Zaragoza con entrada libre y gratuita.
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